Trump y el “efecto Sanders” como estrategia discursiva en una EEUU agrietada

En el último discurso del Estado de la Unión, se observó a un Donald Trump moderado pero lleno de contradicciones, sin vocación de alcanzar un acuerdo legislativo bipartidista y obsesionado con la construcción del muro fronterizo, sin embargo, no pudo con su genio al plantear durante su alocución que “Los Estados Unidos nunca será socialista”, buscando interpelar al Partido Demócrata pero también demonizando una visión política de larga tradición en el mundo.

Ahora bien, ¿Por qué Trump hace dicha afirmación? Consumada la derrota de Hillary Clinton en las últimas elecciones presidenciales (2016) significando un duro revés para la estructura tradicional de Los Demócratas se han abierto lugares para nuevos candidatos con una marcada visión hacia la centroizquierda y apoyados por diferentes movimientos sociales que no comparten la política del actual presidente norteamericano como también el status quo existente.

Derecho a una cobertura de salud universal, defensa de la educación pública, salario mínimo a 15 dólares, acceso a la vivienda, igualdad de género y políticas públicas en medio ambiente, son algunos de los temas que ponen en agenda quienes abonan a esta ola progresista que ya se denomina en EEUU como Socialismo Democrático. Entre sus máximos exponentes se encuentra el Senador por Vermont Bernie Sanders más las Congresistas Alexandria Ocasio-Cortez (New York), Rashida Tlaib (de Michigan y origen Palestino) e Ilhan Omar quien obtuvo su escaño por Minnesota y es la primera mujer musulmana en lograrlo.

El apoyo creciente a esta corriente ideológica, que paradójicamente se produce por las decisiones políticas del actual mandatario republicano, se centra en los jóvenes y la clase media trabajadora que se ha visto perjudicada por la recesión económica de 2008, los préstamos bancarios usureros y la falta de controles sobre un mercado que ha impuesto sus condiciones, las cuales buena parte del pueblo estadounidense las consideran perjudiciales para su desarrollo personal.

Por lo tanto, este fenómeno que se embandera en la búsqueda de más libertades, igualdad de oportunidades y progreso social, hoy se impone en el debate público no solo de los Estados Unidos sino también del Mundo en un contexto donde las tendencias políticas tienden a enfrentarse y caer en populismos de minorías.

A modo de conclusión, entiendo que la visión de considerar la democracia y el socialismo como una cuestión inseparable es respetable como cualquier otro accionar, sin embargo, el objetivo de la dirigencia de cualquier nación debe ser la de salir de la zona de confort y trabajar en repensarse como miembros de espacios políticos capaces de construir plataformas que trasciendan las coyunturas electorales e interpreten las nuevas demandas sociales como así también comprender los desafíos en materia de innovación tecnológica que ya producen modificaciones drásticas en las estructuras productivas. Quienes entiendan el declive de los grupos laborales organizados y los cambios de paradigmas a la hora de gobernar podrán sortear los desafíos del siglo XXI pero en particular uno que debe ocuparnos seriamente a todos, la desigualdad social.