¿Cómo es ser hijo de un represor?

Luis Alberto Quijano hijo.

En la última dictadura, Luis Alberto Quijano fue una pieza clave en materia de tortura. Su hijo, del mismo nombre, declaró en la mega-causa La Perla detallando todo lo que vivió en esos años.

Luis Alberto Quijano de 54 años, hijo del represor carlospacense, declaró el pasado miércoles 1 de junio en la mega- causa La Perla, la cual investiga delitos de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1983. Su padre, fallecido hace dos meses, fue investigado e imputado en esta misma causa, dadas actividades que llevó a cabo en los centros clandestinos de La Perla y Campo de la Rivera.

Una familia difícil

Al ser hijo de un oficial de Gendarmería especializado en Inteligencia tuvo una infancia muy dura, plagada de violencia. Lo hacían escuchar cassettes con las sesiones de torturas que sufrían los detenidos e incluso era obligado a cavar pozos para luego enterrar a los llamados “subversivos”.

A los 15 años ya sabía usar armas de guerra, iba a todo lugar con su pistola e incluso en ocasiones cargaba una ametralladora.

Además, reconoció haber tenido importantes de problemas de conducta cuando cursaba en el colegio Deán Funes, sin embargo se salvaba “porque era hijo de un militar, si no me echaban”, manifestó.

Procedimientos militares

A la edad de 14 años, Luis conoció a una persona que luego resultó ser militante del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). Cuando su padre se enteró del asunto le prohibió “volver a la calle” y lo puso a trabajar en el Destacamento de Inteligencia 141 del Ejército, donde estaba destinado su padre. En el Batallón de Inteligencia 141 se decidían los secuestros, asesinatos y desapariciones.

“Mi tarea en el Destacamento era destruir documentación clasificada. No se confiaba mucho en los colimbas, por eso me pusieron a mí de encargado. Dependía de Aguilar, un oficial que era como mi tío, me hacía creer que yo también era un oficial de Inteligencia”, declaró el testigo. Entre los documentos que era obligado a destruir se encontraban fotos, documentos de identidad, pasaportes, títulos universitarios y libros, de los cuales conserva algunos ejemplares que le llamaron la atención.

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Quijano recordó haber conocido a varios imputados como Palito Romero, “Chubi” López, “Luisito” Manzanelli, Texas, Diedrich, Yáñez, Barreiro y Vergez (a quién conoció como Trinity), por lo que pidió expresamente que no estén presentes durante su declaración. Todos ellos, al igual que su padre integraban “la patota” de La Perla. “Eran dueños de la vida y la seguridad de las personas, se quedaban con su bienes”, dijo el declarante.

En 1976 se convirtió en el “custodio de los autos con los cuales se hacían los operativos de secuestro”. Además, agregó que en varios de los operativos en los que participó, los militares se llevaban “botines de guerra, como le llamaban a las pertenencias de los secuestrados: ropa, muebles autos, joyas, televisores y dinero. Vi muchísimo dinero, que luego ellos se repartían”, agregó al relato.

Al hablar de su madre se refirió como cómplice. “Ella administró la guita que se robó mi viejo. Primero hicieron una casa en Tanti, y en el año ’80, con parte de la plata que se había afanado mi viejo”.

Sobre los campos de detención

Luis visitó La Perla cuatro veces y desde una puerta pudo ver “la cuadra”, una gran sala que tenía en cautiverio a cientos de detenidos en condición de desaparecidos, aislados padeciendo el hambre y la violencia cotidiana de los torturadores.

“Desde la puerta veía la gente, y las colchonetas”, recordó. En un momento, mientras Quijano adolescente miraba el lugar, su padre que hablaba con sus amigos militares le dijo: “¡Dejá de mirar pelotudo”!

Para las torturas, “a los presos se los ataba de pies y manos a la cama. Y se les ponía el voltaje directo. Recuerdo que no se les podía dar agua inmediatamente porque morían de un infarto. Nadie se resistía a la picana, ellos (los militares) le decían ‘la máquina’”, detalló.

En relación al destino de los secuestrados dijo lo siguiente: “Ellos (los militares) hablaban del pozo. Sacaban gente de La Perla, venían los camiones de la Brigada y los cargaban. Les hacían cavar pozos y los mataban y enterraban”.

“Sé que cuando llegó la época de Alfonsín se trajeron, no sé de dónde, máquinas para abrir los pozos. Se molió todo: los cuerpos y la tierra. Decían que nadie iba a encontrar nada”. “También se que en algunos casos se llevaban los cuerpos a fosas comunes en los cementerios”.

“Menéndez le salvó la vida a Angeloz”

Quijano declaró no haber conocido a Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército. Sin embargo relató un suceso en el que el represor cordobés ayudó al dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR) y ex gobernador de Córdoba. “Él le salvó la vida a Eduardo Angeloz, porque lo estuvieron por secuestrar. Eran dos personas, uno el soldado Jorge Acosta. Menéndez frenó ese procedimiento, y pidió que no lo tocaran”

La razón del ataque a Angeloz es que habían encontrado bombas en la casa radical cordobesa.

Colección de memorias

Luis aún conserva algunas cosas que “la patota” hurtó en los diferentes operativos de secuestro. Una de ellos es una estrella federal, que usaba Montoneros, tallada en madera con la premisa: “Libres o Muertos”, que encontraron en una imprenta clandestina de Barrio Observatorio. “Se bajaba por una escalera y se ingresaba a una bóveda donde funcionaba la imprenta que pertenecía a Montoneros”, dijo en la Corte.

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Una caja de lápices ‘Rotring’ fue lo que le sacaron a unos chicos bolivianos que estudiaban en la Facultad de Arquitectura, quienes fueron secuestrados y asesinados. “Quedaron en el garaje de mi casa durante años y yo lo recuperé”, añadió.

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Luis Alberto Quijano prometió entregar los objetos al Tribunal Oral Federal de Córdoba y así de alguna forma cerrar una oscura etapa de su vida, pues en el 2007 le prometió a su padre: “Es posible que algún día te denuncie. Yo sufrí mucho por culpa tuya. En aquél momento yo buscaba tu aprobación y mirá lo que me hiciste hacer”.

Por su parte, Luis Alberto Quijano (padre) fue acusado de haber presenciado 98 asesinatos y de ser partícipe de 154 sesiones de torturas. Fue un militar represor activo condecorado por el mismo Videla. Cuando falleció, hace dos meses durante su prisión preventiva, Luis Alberto, de 54 años, no se conmocionó por la noticia, es más, en su declaración comunicó ante la Justicia su firme deseo de colaborar en la búsqueda por la memoria, verdad y justicia.

 

Fuente: Cba24n e Infojus.