Más soja para el mundo a cambio de menos oxígeno: ¿Será negocio?

Vista aérea del cultivo de soja en plena selva amazónica

Una imagen que habla por si sola, nos revela, como se achica el “pulmón del mundo” (el amazonas de Brasil), y en su reemplazo se implantaron millones  de hectáreas de soja.

Los economistas neoliberales argentinos no se cansan de emitir elogios a los cambios productivos que Brasil emprendió en la última década,  y que tuvieron un fuerte impacto en las arcas del mencionado país. Aunque soslayan los efectos secundarios y el costo social- ambiental que se paga y se pagará por ellos.

No pretende ser éste un texto para denunciar ni para estigmatizar a la producción de la importante oleaginosa que ha revolucionado el sistema productivo agrícola brasilero y viene salvando a nuestro país de un debacle económico_financiero. Sin embargo no está mal echar una mirada crítica y reflexiva, a los costos ocultos que genera y pueden ser aún mayores en un futuro no lejano.

En los principales medios de comunicación  de Argentina, se propicia al unísono el modelo brasilero, como la vanguardia pr0ductiva de Sudamérica. A simple vista quién podría menospreciar que el  Estado “carioca”,  aumentó vigorosamente la producción agropecuaria, merced a una fuerte política estatal. El fuerte incremento de soja y carne vacuna en Brasil han llegado a triplicar y duplicar las cifras históricas.

Sin embargo una mirada más heterogénea y racional, nos alerta, que el boom de la  soja  brasilera, se llevó puesto millones de hectáreas de  bosques naturales. Las tierras de la selva amazónica  fueron desprovistas de especies valiosas, adaptadas y que son las que nos proporcionan un gran porcentaje del oxígeno que respiramos a diario. Y su reemplazo no fue por otras de similar porte sino por un diminuto cultivo que puede tener un porte medio de un metro. Evidentemente  no se midió impacto ambiental y social alguno, a la hora de aumentar los flujos en la balanza comercial.

Este fuerte incremento en lo productivo, que sin dudas llevó prosperidad a un gran sector de la sociedad brasilera, está huérfano de críticas y ha dejado en segundo plano,a la otra cara del proceso. Las externalidades  producidas por tal cambio, han sido soslayadas por la prensa neoliberal, y   no solo las están pagando los pobladores de áreas específicas de Brasil, quienes han perdido sus casas en aludes, sino también, se producen cambios estadísticos (comprobados por la comunidad científica), referidos a las condiciones atmosféricas promedio, y que han determinado fuertes modificaciones climáticas en Sudamérica.

Los cambios impactantes reportados por estudios científicos

Entre los efectos  más notables, se encuentran el corrimiento de las fronteras agrícolas, aumento en los caudales de los ríos –Cuenca del Plata, Colombia, Venezuela y Ecuador– y reducción en la disponibilidad de agua –en las zonas centro de Chile y centro oeste de la Argentina, Sur de Perú y el noreste de Brasil–. “En líneas generales, estos fenómenos pueden atribuirse en, mayor o menor grado, al cambio que estamos teniendo en el clima”, expresó Magrín.

El IPCC es una organización internacional que genera periódicamente informes científicos sobre los avances del cambio climático en el mundo. Graciela Magrín, María Isabel Travasso y Miguel Taboada fueron los investigadores del INTA que participaron en la elaboración del V Informe.

Su contribución considera la vulnerabilidad y la exposición de los sistemas humanos y naturales, los impactos observados y los riesgos futuros del cambio climático, así como el potencial y los límites de la adaptación. Los capítulos del informe evalúan riesgos y oportunidades para las sociedades, las economías y los ecosistemas de todo el mundo.

Los expertos en clima de todo el mundo aseguran que las variaciones climáticas siempre existieron. Lo que es relativamente nuevo son los eventos extremos: inundaciones y sequías.

El secreto estará en adelantarse y saber cómo actuar para maximizar los rendimientos. De hecho, según el último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), una de las consecuencias estará en el aumento de rendimiento de los principales cultivos, en el sudeste de América del Sur.

Algunos aspectos del cambio pueden ser favorables si son interpretados y conducidos con inteligencia.

A pesar de los avatares que trae  el cambio climático, el mismo está signado por una fuerte variabilidad, y ésta así como a veces produce efectos de sequía muy negativos, puede también,   convertirse en una fuente de precipitaciones abundante, que en muchos casos traería incrementos  en los rindes de trigo,  soja, girasol, y maíz para el corriente año. Hay todavía inmensas áreas de la región pampeana con tendencia semiárida que necesitan recomponer el perfil hídrico y en las que aumentos inesperados de los registros de lluvia les serían muy beneficioso. En efecto ésta parece ser la tendencia en el primer cuatrimestre del 2014.

Según Graciela Magrín, especialista del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar, quien participó en redacción del último informe, explicó que el incremento de los rindes, en el sudeste del continente, estará asociado a los aumentos de las lluvias y cambios de las temperaturas”, señaló y advirtió: “Los eventos extremos y las variabilidades interanuales, provocan años muy buenos y, a veces, años muy malos. Lo mejor es adaptarse primero a la variabilidad interanual del clima”.

En este sentido, Magrín explicó que de un año a otro se registran variaciones en las lluvias que rondan del 50 al 70% entre un año y el otro, e incluso, hasta un aumento de 4 grados de temperatura promedio.

Los cambios en el uso de la tierra no son menos importantes. De hecho, Miguel Taboada –director del Instituto de Suelos del INTA– participó en el capítulo sobre el impacto en los ecosistemas naturales como la selva, los bosques, los pastizales y los sistemas de agua dulce, entre otros.

De acuerdo con Taboada, “el cambio climático es una realidad inocultable, que tiene consecuencias importantes sobre la movilidad y la extinción de especies”. Y ejemplificó: Muchas especies de aves no tendrán la capacidad de adaptación suficiente, lo cual es un riesgo para la biodiversidad.

“Los cambios en el uso de la tierra dejan huellas en el clima, sobre todo en las zonas tropicales y subtropicales”, señaló Taboada quien advirtió: “La tala de árboles, en el Amazonas, está produciendo un cambio en el color del suelo y eso impacta en el ciclo del agua”.

Una mirada indispensable y auto-crítica sobre la agro-ecología  argentina

El sistema productivo en nuestro país debe cuestionarse la falta de estabilidad en los ecosistemas, de acuerdo un sistema productivo vigente  que hace incapié en los insumos y obvia a los procesos.

El campo argentino podría tener un modelo con mayor índice de biomasa, pero los cultivos de porte menor (soja, trigo) fueron los que gobernaron y  condujeron los destinos productivos en décadas completas hasta nuestros días.

Haciendo un repaso por conceptos básicos y ecológicos, es sabido que un árbol produce mayor cantidad en kg. de materia seca por unidad de superficie que ocupa, que su equivalente en un cultivo herbáceo o de menor porte. (Begon et al. 1995).

Cuadro comparativo-biomasa-

En el proceso de monocultivo de trigo producido a comienzos del siglo XX, en el que se consolidó un modelo agro-exportador, éste no tubo reparos en  talar de manera indiscriminada,  enormes extensiones de árboles nativos que otorgaban una mayor estabilidad en el intercambio gaseoso con la atmósfera.

Al haber menor vegetación y cobertura del suelo, el impacto de las lluvias copiosas producen un fuerte erosión hídrica en las cuencas de influencia, y junto con el agua se va parte de los suelos a los ríos caudalosos que se forman de manera momentánea. En la llanura al no existir causes naturales importantes, se producen y se constatan inundaciones que son de enorme magnitud y en muchos casos con graves consecuencias a las poblaciones rurales y urbanas adyacentes. Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires son los máximos exponentes para ejemplificar estos desbarajustes que en parte son provocados por el cambio climático pero que también tienen un correlato con el sistema productivo y la falta de racionalidad en el uso de los suelos argentinos.

Según los especialistas, el campo argentino es uno de los que provoca mayores emisiones de gases de efecto invernadero y, además, el sector más afectado por el impacto. “En regiones como la nuestra, donde el consumo energético y el desarrollo de la industria es menor, las emisiones del sector agropecuario tienen mayor peso relativo”, indicó Magrín.

Mejor prevenir

Para saber qué está pasando realmente con el clima, los especialistas recomiendan el monitoreo permanente, usar pronósticos para ver cómo se pueden adaptar los manejos de acuerdo al año –lluvioso o seco–.

Para evitar efectos negativos, Taboada explicó que existen estrategias que no requieren de grandes inversiones y los resultados de la aplicación marcan la diferencia. “Cambios en las fechas de siembra, generación de variedades adaptadas a estrés hídrico, resistencia a insectos son algunas de las opciones para potenciar los beneficios”.

Para Magrín el cambio del clima fue notable en muchas partes de la región. “En el sudeste de América del Sur estamos en una de las regiones que registró un impacto muy considerable. Tuvimos un cambio en las medias de los valores climáticos, pero también tuvimos un cambio en la variabilidad del clima”, agregó.

Páginas web consultadas: (fyo.com, inta.gob.ar, mdp.edu.ar)