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jueves 30 abril 2026

Milei viaja a Mar del Plata al portaaviones estadounidense USS Nimitz

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El presidente Javier Milei viaja a Mar del Plata para participar de ejercicios navales tras la llegada del portaviones estadounidense USS Nimitz. Lo hace acompañado de una acotada comitiva.

El Presidente participa de una actividad naval conjunta en el Mar Argentino, en el marco del ejercicio PASSEX 2026. La visita al portaaviones nuclear estadounidense se da en medio de una agenda de mayor cooperación militar entre Argentina y Washington.

El presidente Javier Milei viajó este jueves al Mar Argentino para participar de una actividad a bordo del portaaviones nuclear estadounidense USS Nimitz, una de las embarcaciones militares más emblemáticas de la Armada de los Estados Unidos. La visita se desarrolla en el marco de los ejercicios navales PASSEX 2026, que involucran a unidades de la Armada Argentina y de la Marina norteamericana en aguas del Atlántico Sur.

El mandatario partió durante la mañana desde Aeroparque y tenía previsto embarcar en el USS Nimitz mediante una aeronave Grumman C-2 Greyhound, utilizada habitualmente para el traslado de personal y carga hacia portaaviones. La actividad incluye una demostración aérea con aviones F-18 y helicópteros MH-60 Seahawk, como parte del cierre de las maniobras conjuntas.

La presencia de Milei en el portaaviones representa un nuevo gesto de cercanía con Estados Unidos y se inscribe en una política exterior que, desde el inicio de su gestión, buscó diferenciarse de la ambigüedad diplomática de gobiernos anteriores. Para la Casa Rosada, la cooperación militar con Washington no solo tiene un valor simbólico, sino también operativo: mejorar la capacidad de entrenamiento, actualizar doctrinas y fortalecer la interoperabilidad de las Fuerzas Armadas argentinas.

El ejercicio PASSEX 2026 fue autorizado por el Gobierno nacional mediante el Decreto 264/2026, publicado en el Boletín Oficial. Allí se habilitó el despliegue de medios y personal de fuerzas nacionales para realizar maniobras en la Zona Económica Exclusiva argentina entre el 26 y el 30 de abril de 2026, con motivo del paso del portaaviones USS Nimitz y del destructor USS Gridley. El decreto también incluyó la autorización para el ejercicio “Daga Atlántica”, que se desarrollará entre el 21 de abril y el 12 de junio en espacios militares de Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea de Moreno.

Según la Armada Argentina, el destructor ARA La Argentina y la corbeta ARA Rosales zarparon desde la Base Naval Puerto Belgrano para integrarse al ejercicio internacional. En aguas de la Zona Económica Exclusiva se suman al USS Nimitz y al USS Gridley, en una operación destinada a fortalecer la cooperación bilateral y el adiestramiento conjunto entre ambas armadas.

Las maniobras previstas incluyen comunicaciones, evoluciones tácticas, formaciones de navegación, operaciones aéreas conjuntas y el tradicional Photoex, una práctica destinada a registrar el despliegue de la fuerza combinada. También participan otros medios navales argentinos, entre ellos unidades de superficie, aeronaves P-3C Orion y helicópteros Sea King de la Aviación Naval.

El USS Nimitz, identificado como CVN-68, es el buque líder de la clase Nimitz y fue comisionado el 3 de mayo de 1975. Lleva el nombre del almirante Chester W. Nimitz, figura central de la estrategia naval estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un portaaviones de propulsión nuclear con una extensa trayectoria operativa en conflictos y misiones internacionales.

La Cuarta Flota de Estados Unidos había anunciado en marzo el despliegue Southern Seas 2026, que incluye al USS Nimitz y al destructor USS Gridley en una gira de cooperación con fuerzas navales de distintos países de América Latina. De acuerdo con la información oficial estadounidense, el objetivo es mejorar la interoperabilidad, fortalecer asociaciones marítimas y promover la seguridad regional. Argentina figura entre los países incluidos en el programa, junto con Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, México, El Salvador, Guatemala y Uruguay.

Para el Gobierno argentino, la visita presidencial al portaaviones tiene una lectura política clara: mostrar que la relación con Estados Unidos atraviesa una etapa de cooperación activa, especialmente en materia de defensa. No es un hecho aislado. En los últimos años, la administración Milei profundizó los contactos con Washington, avanzó en la compra de aviones F-16 y buscó reposicionar a la Argentina dentro de una agenda internacional más alineada con Occidente.

El antecedente inmediato fue el ejercicio naval realizado en 2024 junto al portaaviones USS George Washington, conocido como “Gringo-Gaucho”, que marcó la primera operación de ese tipo desde 2010 frente a las costas argentinas. En aquella oportunidad, Reuters describió las maniobras como una señal del acercamiento entre Buenos Aires y Washington bajo la presidencia de Milei.

La decisión, sin embargo, también abrió cuestionamientos políticos. El uso de un Decreto de Necesidad y Urgencia para autorizar ejercicios militares con fuerzas extranjeras generó críticas de sectores opositores, que objetaron que este tipo de autorizaciones suelen pasar por el Congreso. El Ejecutivo justificó la medida al señalar que el proyecto correspondiente no había sido tratado a tiempo y que la naturaleza de la actividad hacía imposible seguir los trámites ordinarios antes de la fecha prevista.

Más allá de la discusión institucional, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el debate de fondo: qué tipo de inserción internacional quiere la Argentina y qué rol deben tener sus Fuerzas Armadas en un escenario regional cada vez más competitivo. Para el oficialismo, acercarse a Estados Unidos significa acceder a entrenamiento, tecnología, cooperación estratégica y mayor presencia en áreas sensibles como el Atlántico Sur y la proyección antártica.

La presencia del Presidente en el USS Nimitz funciona, entonces, como una postal de época. Milei eligió mostrarse sobre una de las plataformas militares más poderosas del mundo, en un momento en que su gobierno busca reforzar el vínculo con Washington y marcar distancia de modelos geopolíticos más cercanos a China, Rusia o el eje bolivariano.

En términos prácticos, el ejercicio puede contribuir al entrenamiento de la Armada Argentina, golpeada durante décadas por la falta de inversión, la obsolescencia de parte de su material y la pérdida progresiva de capacidades. En términos políticos, el mensaje es todavía más fuerte: la Argentina pretende volver a ocupar un lugar más activo dentro de la arquitectura de seguridad occidental.

El desafío será que ese alineamiento no quede reducido a una foto de alto impacto. La cooperación internacional puede ser una herramienta útil si se traduce en modernización real, recuperación de capacidades, defensa efectiva de los intereses nacionales y presencia soberana en el Atlántico Sur. Sin inversión sostenida, planificación y continuidad, ningún ejercicio conjunto alcanza para revertir años de deterioro.

La visita al USS Nimitz deja una imagen potente: un Presidente argentino a bordo de un portaaviones nuclear estadounidense, en aguas del Mar Argentino, en plena agenda de cooperación militar. Para Milei, es una señal de rumbo. Para la política argentina, otro capítulo de una discusión que recién empieza: cómo equilibrar soberanía, defensa nacional y alianzas estratégicas en un mundo cada vez más tenso.

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