Mitos y verdades respecto a la alopecia femenina

Los cambios estacionales, la herencia genética, los factores hormonales o el debilitamiento del cabello que se produce con la edad, sumado a factores externos como el estrés, llevar una dieta desequilibrada o el consumo de tabaco o alcohol, pueden generar que parte de la población femenina sufra algún tipo de alopecia a lo largo de su vida.

Algunas de las causas son los desequilibrios hormonales severos, la aparición de la anemia y, como consecuencia, la falta de hierro, o bien el capital genético, un factor determinante en lo que respecta a la salud capilar de cada una y que interviene también en el color, textura y grosor del pelo. No obstante, casi toda la población femenina suele verse afectada por el fenómeno de afinamiento y volumen producido por el paso de los años, en el que la melena pierde densidad y se vuelve menos poblada al tacto.

Además, existen mitos en torno a la alopecia femenina sobre los que conviene discernir:

La sobreexposición solar: existen estudios que defienden que abusar de los rayos UVA puede acelerar la alopecia androgénica, sin embargo, no usar un protector solar para proteger la piel del cuero cabelludo será el verdadero detonante que pueda favorecer esta caída, ya que contribuirá a que las fibras capilares se vuelvan más frágiles, se quemen y se deshidraten.

El abuso de tinturas y lacas: usar estos productos no influirá en la pérdida del pelo, aunque sí afectará a la calidad de éste, haciendo que sea más delgado, produciendo roturas y dañando su estructura, en el caso de que su uso sea muy continuado. Por, su parte, las colitas muy tirantes pueden producir la alopecia traccional, que suele afectar a zonas temporales y frontales del cuero cabelludo.

Uso de sombreros y gorros: no hay evidencia que confirme que estos accesorios contribuya de algún modo a la caída del pelo, ya que el folículo no recibe el oxígeno del exterior, si no a través del torrente sanguíneo. Por tanto, solo afecta al aspecto estético y no al desarrollo del pelo, e incluso los expertos aconsejan su uso durante los meses de verano para resguardarlo de los efectos del sol.

Lavarse el pelo todos los días: la asiduidad con la que se debe lavar obedece a situaciones como las individuales de cada una, tales como su producción de grasa o su actividad física, pero no tiene una relación directa con la presencia de la alopecia. No obstante, las características del shampoo que se use serán determinantes, al ser un cosmético capilar que puede dañar la piel del cuero cabelludo o el tallo del pelo.

El pelo graso tiene más tendencia a caerse: no tiene por qué acarrear problemas de caída, aunque afecta a la oxigenación del mismo; por lo que puede volverlo más débil al reducir el suministro de oxígeno y nutrientes. Se debe cuidar el cuero cabelludo con productos específicos y con una alimentación adecuada, para mantenerlo sin picores, caspa o exceso de grasa.

Cortarselo a menudo: no hará que crezca más rápido ni con más fuerza, ya que el corte no actúa sobre la raíz del folículo y, por tanto, no altera el ritmo de crecimiento determinado biológicamente. Sin embargo, contribuirá a mejorar su aspecto y calidad y lo protegerá de las diferentes agresiones externas que tienden a producir las puntas abiertas.

Fuente: Informalia