La historia del cordobés rescatado en el Everest

Ricardo Birn fue uno de los alpinistas que sobrevivió a la escalada del monte Everest que se costó dos muertes este jueves.

Ricardo Birn, de 51 años, protagonizó la “odisea” que recientemente dejó dos muertos en el Everest, la montaña más alta del mundo.

En el medio de la congestión que tuvo a 200 alpinistas en fila india tratando de alcanzar la cumbre del monte que tiene una altura de 8.848 metros un estadounidense y una chica de la india fallecieron a pocos metros de llegar.

Birn, que estaba a 500 metros estuvo a punto de llegar a la cima. En 2017 había logrado su récord, con 49 años había superado los 8.400 metros, pero se quedó al borde por congelamiento en los pies e insuficiencia de oxígeno; este año se preparó para la revancha, pero a poco de llegar comenzó a toser sangre por la boca y a notar que sus costillas empezaban a comprimirse.

“El problema fue que había mucha congestión de gente, que los tiempos no eran reales, no era lo que esperaba originalmente. Cuando llegué al balcón, aún me quedaban unas tres horas más para alcanzar la cumbre”, dijo Birn a La Nación desde el hospital de Katmandú, donde está internado.

“Se hizo de noche, me metí en la carpa. Sólo podía sobrevivir. Con un teléfono satelital que tengo empecé a comunicarme con mi esposa y ella iba coordinando desde la Argentina. Le expliqué que había que hacer algo excepcional, que es que el helicóptero llegara a ese campo, porque habitualmente sólo llegan al dos. Eso se ha hecho pocas veces”, señala.

Los helicópteros de rescate llegan a esa zona, más abajo de donde estaba el alpinista cordobés. Por eso, pidieron que se hiciera una excepción. Él estaba convencido de que no llegaría solo con su acompañante hasta el Campo 2. “No podía más. No podía caminar ni un paso más. Ya no respiraba”, indica.

Birn cuenta que se inyectó Dexametasona, un potente glucocorticoide sintético que se usa habitualmente para combatir los edemas pulmonares en la alta montaña. Indica que el sherpa lo ayudó a equiparse y a tomar la cuerda que tiró el helicóptero: “A puro grito de dolor me izaron y en 10 minutos, en medio de una odisea, llegamos al campo base, donde me ayudaron, me metieron en el helicóptero y así llegué al hospital”.

Está internado, con tratamiento. Tiene la pleura del pulmón derecho inflamada, neumonía y una infección. “Me monitorean, me alientan y me ayudan mucho. Espero recuperarme en los cinco días que me quedan”, afirma.

“Miré para arriba y vi las lucecitas y pensé que serían cinco horas para llegar y otras tanta para bajar. Tosía fuerte y empecé a escupir sangre. Los dolores eran muy intensos y pensé que había hecho un neumotorax”, relata. Frente a ese panorama, con su sherpa decidieron bajar en unas cinco horas hasta la zona conocida como Campo 3.