Un argentino es candidato al Premio Nobel de la Paz

Retrato del Padre Pedro Pablo Opeka. // Fotografía de Internet.

El Padre Pedro Opeka vive hace más de cuarenta años en la isla de Madagascar, lugar en el que ha rescatado a más de medio millón de personas de la extrema pobreza.

Pedro Pablo Opeka nació un 29 de junio de 1948 en el Partido de General de San Martín en la provincia de Buenos Aires. Hijo de inmigrantes eslovenos que escapaban de un régimen totalitario, aprendió el oficio de albañil desde muy pequeño. A los quince años de edad, leyendo los evangelios encontró su verdadera vocación. Se había impactado tanto con la historia de Jesús que se propuso seguir su camino, imitarlo.

En el transcurso de sus estudios, vivió en varios partidos bonaerenses, en Eslovenia, tierra de sus padres, y en Francia donde finalizó el seminario. También, había viajado a Madagascar como misionero, donde trabajó como albañil en las parroquias lazaristas.

En septiembre de 1975 fue ordenado sacerdote en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, y luego nombrado para hacerse cargo de una iglesia en Vangaindrano, en el sudeste de Madagascar.

Corría el año 1989 cuando se enfermó de paludismo y parasitosis, razón por la cual tuvo que viajar a Antananarivo para recibir tratamiento. Para aquel entonces se le había encargado de la educación de los sacerdotes más jóvenes, sin embargo una cruel realidad hizo que todos sus planes cambiaran.

“Cuando llegué a Antananarivo ya no vi pobreza; vi miseria como uno nunca se la puede imaginar si no la ve. Vi en las afueras de la ciudad a 800 familias, cada una con seis, siete, ocho chicos, metidas adentro de la basura, viviendo en el vertedero, en túneles hechos dentro de los desperdicios. Los chicos muriendo de frío en invierno, con una camisita, descalzos, sin comida, sin casa. Vi madres a las que se les habían muerto seis o siete chicos. ¿Y de qué le vas a hablar a una madre que perdió a siete chicos? Cállate y ve a ayudarle” explicó Opeka a Página 12.

El Padre Pedro Opeka ayudando en la limpieza de un basural. // Fotografía de Internet.
El Padre Pedro Opeka ayudando en la limpieza de un basural. // Fotografía de Internet.

La tarea de cambiarle la vida a toda esa gente se la tomó muy en serio. En 1990, fundó una asociación humanitaria a la que llamó “Akamasoa”, término originario de Madagascar que significa “los buenos amigos”.

La primera misión de Akamasoa fue un merendero para niños que tuvo tanta concurrencia que se necesitaron  más manos de las que se habían previsto. Así surgió el segundo desafío, darle trabajo a jóvenes desempleados.

Continuando con sus cometidos, el Padre Opeka decidió construir casas para los necesitados. “Mi papá me enseñó el oficio de albañil, eso me fue muy útil, porque soy muy práctico: donde pongo el ojo veo trabajo”. Y así, llevando a cabo las diferentes construcciones, el sacerdote les enseñó a todos los lugareños el oficio.

Prontamente, Antananarivo tuvo su primer hospital, un jardín de infantes, escuelas primarias y secundarias, se empezaron a dictar talleres de oficios y se continuaron creando puestos de trabajo en los recién creados establecimientos. No es por nada que en Madagascar se lo conoce como el “Albañil de Dios” o el de “Santo de Madagascar”.

Fotografía de Internet.
Fotografía de Internet.

Conjuntamente, la ayuda solidaria se había expandido a otros lugares, no sólo Antananarivo era un territorio pobre sino que la miseria se expandía alrededor de toda la Nación. Así fue como nacieron cinco poblados: uno en el campo y cuatro alrededor de Antananarivo. A su vez, Akamasoa empleó a más de 3500 personas en las áreas de educación, salud, seguridad, construcción y mantenimiento de los pueblos.

El servicio del Padre Opeka a los pobres de Madagascar fue condecorado con la Legión de Honor que concede el Estado francés en el año 2008 y con su candidatura al Premio Nobel de la Paz, la cual fue propuesta por Francia, Eslovenia y Mónaco.