Un estudio señala vínculo entre dormir mal y el riesgo de suicidio

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Las dificultades para dormir podrían aumentar el riesgo de suicidio entre las personas mayores incluso aunque no haya otros síntomas de depresión, sugiere un estudio reciente.

 

El estudio se enfocó en personas de 65 años o más, y dormir mal incluía dificultades para quedarse o permanecer dormido, despertarse temprano por la mañana, experimentar somnolencia diurna y no sentirse del todo descansado tras dormir durante la noche.

“Estos hallazgos sugieren que las perturbaciones del sueño son de forma individual un factor de riesgo válido, independientemente del estado de ánimo deprimido, y que vale la pena enfocarse en ellas como un potencial factor de riesgo y herramienta de detección e intervención [para el suicidio]”, señaló la investigadora líder, Rebecca Bernert, profesora de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. “En comparación con muchos otros factores de riesgo conocidos del suicidio, las perturbaciones del sueño son discutiblemente menos estigmatizantes, se pueden revertir y son altamente tratables”.

De los 20 participantes del estudio que se suicidaron, 19 eran hombres. Los investigadores emparejaron al azar a esas 20 personas con 400 participantes vivos según la edad, el sexo y la ubicación, y entonces compararon puntuaciones sobre la calidad del sueño y la depresión.

El estudio no pudo probar que los problemas para dormir provocaran los pensamientos o los intentos suicidas, ni pudo explicar el motivo por el cual pudiera existir un vínculo. “Pero –dijo Bernert– es probable que un sueño de mala calidad afecte la capacidad de regular los estados de ánimo”.

“La idea es sencilla: cuando dormimos mal, eso afecta la forma en que nos sentimos y en que manejamos muestras emociones, además de la toma de decisiones”, apuntó Bernert. Las investigaciones anteriores han mostrado que un sueño fragmentado puede resultar en emociones negativas más intensas, en un juicio afectado y dificultades para manejar el miedo o la ira.

Los que reportaron que dormían mal al inicio del estudio tenían unas probabilidades un 40 por ciento más altas de morir por suicidio durante los 10 años siguientes, antes de que se tomaran en cuenta los síntomas de depresión. Incluso tras hacer cálculos para eliminar los efectos de los síntomas de depresión, las probabilidades de morir por suicidio era un 30 por ciento más altas entre los que reportaban un sueño de peor calidad, apuntaron los autores del estudio.