Los finalistas Julieta, Marcos y Nacho vivieron una noche repleta de emociones, con Holder como sacerdote y todos los hermanitos como testigos. Crónica de una gala inolvidable, a días de la gran definición.
A solo tres días de la gran final de Gran Hermano, el ciclo más exitoso de la televisión argentina, el reality tuvo un acontecimiento muy especial. Nada menos que una boda improvisada y ficticia entre los finalistas del certamen.
Así, Julieta Poggio, Marcos Ginocchio y Nacho Castañares se vistieron de gala para celebrar un casamiento entre los tres, elegido por ellos mismos cuando Santiago Del Moro les propuso una boda. La excusa era tener una fiesta y de paso, recibir la visita de todos los exhermanitos que ya salieron eliminados por el público a lo largo del ciclo de Telefe.

