La artista desplegó una impactante puesta en escena.
Lali Espósito arrancó su “Disciplina Tour” a lo grande, con un show explosivo en el Luna Park, con una increíble puesta en escena. Acompañada por sus músicos y bailarines, la artista repasó su carrera y mostró sus nuevas canciones.
Con más de cinco cambios de vestuario que sirvieron como transiciones que marcaron los cambios de escena, Lali se paseó por un repertorio que incluyó gran cantidad de temas de Libra (su disco de 2020 que por la pandemia no pudo presentar en vivo), repasó viejos hits y también de los nuevos, todos entregados y recibidos con igual intensidad. “Histeria” e “Irresistible” recuperaron sus incursiones pseudo disco con el perchero lleno de ropa sobre el escenario como gesto de metadiscurso glam, enseguida “Ego” la tuvo en plan balada Disney, y poco tiempo después Mau y Ricky se sumaron a la celebración en “No puedo olvidarte”.
“¿Estás cagado en plata, mi amor?” le bromea a alguien del público que le arroja su celular para que ella se saque una selfie y se lo devuelva. Y acto seguido levantar una bandera LGBTIQ+ para pedir que se celebre el mes del orgullo, pero desear, más que un feliz mes “una feliz vida”, y entonces comerse el escenario con “Caliente”.
Después del momento íntimo con “No estoy sola”, “Disciplina” retomó la estética de metales, grises y cadenas en las pantallas para que Lali se plante como dominatrix. A partir de ahí, el escenario se volvió pista de baile con intensidades de música dance en “Es ahora”, “Único” y “A bailar”. Barra de tragos, todo su equipo arriba del escenario y los músicos fuera de sus posiciones para que el baile sea de todos.
Sobre los bises, “Laligera”, el más pedido por el público, mostró a la Lali capaz de procesar la bailanta y reírse de sí misma sin perder sensualidad. La misma que poco antes le había cantado al perfume Channel N°5 aspirando las eses en el gesto que la pinta de cuerpo entero: la chica carismática y candente que salió de Parque Patricios para absorber todas las luces sin olvidarse del barrio. En el medio todo lo que es el pop, elitista y popular, como tiene que ser. Sin dar explicaciones y riéndose en la autoconciencia. Un juego que Lali, acá en Argentina, parece jugar mejor que nadie.


