Un 5 de abril de 1994, el líder de Nirvana se pegaba un tiro acabando con una vida plagada de música, violencia y drogas, y abriéndole paso al mito.
Con motivo del aniversario de su fallecimiento, durante estos días, aparecieron variadas iniciativas que intentan honrar con más o menos suerte la vida y obra de quien está considerado un icono y figura imprescindible de la música de los años 90. Creador del «grunge» y vocero de la llamada Generación X, Kurt Cobain fue y será un mártir mundialmente recordado por su talento y su terrible desenlace.
Como apuntábamos, entre los homenajes más destacados se encuentra «Kurt Cobain. La historia de Nirvana» , obra exhaustiva escrita por la periodista musical Carrie Borzillo, quien, a fin de separar fantasía y realidad, contó con testimonios de 55 personas y numerosos documentos oficiales, incluidos el informe de la autopsia y el certificado de su controvertida defunción.
«Kurt Cobain, de 27 años, se atrinchera en el invernado de su casa. Atranca la puerta con un taburete, escribe una nota en tinta roja (…). Tras consumir 1,52 miligramos de heroína, se apunta con el cañón de la escopeta en la cabeza y acciona el gatillo», reza la entrada escrita por Borzillo para el 5 de abril de 1994, zanjando la polémica sobre si su muerte fue un suicidio o un asesinato.
Cobain, que vivió varias noches literalmente bajo un puente siendo un chaval, tras encontrarse con el rechazo e incomprensión de sus padres, conoció a Chris Novoselic, quien le propone formar un grupo después de escuchar sus composiciones. En 1988, se les unió Chad Channing como batería y tomaron el nombre de Nirvana, destacando por un sonido distintivo, sucio y original.
Ese mismo año publicaron su primer single, Love buzz, con Sub Pop, el sello que, también de acuerdo con Borzillo, acuñó el término «grunge» en 1987. Con ellos lanzaron en 1989 su primer disco, Bleach. Cobain diría que en ese álbum había gritado mucho y que sonaba «unidimensional», pues todas las canciones eran «lentas y cutres».
Le siguió Nevermind (1991), con unas previsiones de venta de 50.000 unidades, irrisorias en comparación con el terremoto que desató y los 30 millones de copias que se despacharon en todo el mundo, capaces de desalojar incluso a Michael Jackson del número 1.
Dave Grohl ya había sustituido por aquel entonces a Channing, a tiempo para vivir los tiempos gloriosos de Nirvana, que pasaron de las pequeñas salas a festivales con más de 70.000 personas a las que Cobain y compañía dieron himnos con los que expresar su desazón generacional.
Recordamos a modo de homenaje propio, parte de la carta que dejó a su esposa, la aún polémica Courtney Love:
«Estoy bien. Muy bien. Y doy gracias. Pero desde los 7 años fue creciendo mi odio hacia la especia humana en general. A la gente le parece fácil entenderse y mostrar empatía. ¡Empatía! Solo porque amo demasiado. (…) Soy demasiado errático y lunático y ya no me queda pasión. Recordad: es mejor quemarse que apagarse lentamente. Paz, amor, empatía. Kurt Cobain».


