La Casa Rosada busca modificar el esquema de las PASO antes de 2027 y evalúa una alternativa intermedia: que las primarias sean optativas para los partidos sin competencia interna. En paralelo, el caso Manuel Adorni genera incomodidad en la militancia libertaria y complica el trabajo territorial.
El Gobierno nacional volvió a poner la reforma electoral en el centro de su estrategia política. En la Casa Rosada consideran que modificar el sistema de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias será clave para ordenar el escenario de 2027 y mejorar las chances de reelección de Javier Milei.
La discusión sobre las PASO dejó de ser un debate técnico y pasó a convertirse en una prioridad electoral. Funcionarios y armadores libertarios entienden que una primaria nacional obligatoria podría funcionar como una gran encuesta anticipada, capaz de mostrar al oficialismo en una posición vulnerable si la oposición logra unificarse y Milei no enfrenta una competencia interna relevante.
En algunos despachos oficiales circula una frase que resume el clima político: “Sin reforma política, Milei no reelige”. La definición muestra hasta qué punto el Gobierno lee el calendario electoral como una pieza central de su proyecto de continuidad.
La idea original de la Casa Rosada era avanzar con la eliminación total de las PASO. Sin embargo, las dificultades para reunir votos en el Senado obligaron al oficialismo a recalcular. Ahora gana terreno una alternativa más gradual: convertir las primarias en una instancia optativa para aquellos partidos o alianzas que no tengan competencia interna.
El esquema permitiría que los espacios con listas únicas eviten pasar por una elección primaria, mientras que las fuerzas con internas reales podrían utilizar el mecanismo para resolver candidaturas. Para el Gobierno, esa fórmula tendría dos ventajas: reduciría costos y evitaría que Milei quede expuesto a una primaria sin sentido competitivo, pero con alto impacto político.
La propuesta es impulsada por Eduardo “Lule” Menem, uno de los principales operadores políticos de Karina Milei. En paralelo, el ministro del Interior, Diego Santilli, mantiene conversaciones con gobernadores y bloques dialoguistas para intentar construir una mayoría legislativa que permita aprobar cambios antes de que el calendario electoral empiece a cerrarse.
En Balcarce 50 aseguran que la reforma no fue abandonada, pese a las demoras. La Casa Rosada sabe que el oficialismo no tiene mayoría propia y que cualquier modificación electoral necesita acuerdos con sectores provinciales, bloques dialoguistas y gobernadores que también miran el impacto de las reglas sobre sus propios distritos.
La discusión será sensible porque cambiar las PASO afecta directamente la arquitectura electoral de todos los partidos. Para La Libertad Avanza, una primaria obligatoria sin internas puede convertirse en una foto incómoda. Para la oposición, en cambio, las PASO pueden ser una herramienta para ordenar candidaturas, medir liderazgos y construir volumen electoral antes de la presidencial.
El debate también tiene un componente económico. El Gobierno viene sosteniendo que las primarias representan un gasto elevado para el Estado y que buena parte de ese costo se vuelve innecesario cuando los partidos no presentan competencia real. Ese argumento encaja con el discurso libertario de reducción del gasto político, aunque la oposición advierte que detrás del planteo presupuestario también hay una conveniencia electoral evidente.
Mientras la Casa Rosada intenta destrabar esa reforma, otro problema crece puertas adentro: el impacto del caso Manuel Adorni en la interna libertaria. Según publicó Nexofin, armadores y dirigentes de La Libertad Avanza comenzaron a transmitir malestar por el desgaste que genera el escándalo vinculado al patrimonio del jefe de Gabinete.
La preocupación aparece especialmente en el territorio. Referentes provinciales advierten que quienes sostienen mesas partidarias, recorridas y actividades de militancia deben responder preguntas incómodas sobre Adorni, en un contexto donde el oficialismo intenta construir estructura propia en todo el país.
El problema no se limita a las críticas opositoras. Algunos dirigentes libertarios reconocen que parte de la militancia siente incomodidad a la hora de defender públicamente al funcionario. Esa sensación preocupa a Karina Milei y a Lule Menem, que consideran que la construcción territorial será decisiva para la elección presidencial de 2027.
Hasta ahora, las quejas no llegaron formalmente al despacho presidencial, pero circulan entre referentes provinciales y funcionarios que siguen de cerca el armado de La Libertad Avanza. El temor es que el caso Adorni termine contaminando la agenda política justo cuando el Gobierno necesita ordenar candidaturas, ampliar estructura territorial y negociar reformas en el Congreso.
En ese contexto, varios integrantes del Gabinete valoraron la designación de Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial. La expectativa interna es que el cambio permita recuperar una agenda comunicacional más enfocada en la gestión y reduzca la exposición pública sobre las preguntas vinculadas al jefe de Gabinete.
Por ahora, en el entorno presidencial niegan una salida inmediata de Adorni. Javier Milei y Karina Milei mantienen su respaldo al funcionario y no aparece un reemplazante evidente. Sin embargo, algunos sectores del Gobierno admiten que su continuidad podría ponerse bajo revisión si el caso empieza a afectar negociaciones legislativas o proyectos estratégicos.
La situación revela una tensión de fondo en el oficialismo. La Libertad Avanza necesita mostrar disciplina, transparencia y capacidad de gestión mientras intenta construir una fuerza nacional más sólida. Pero cada crisis interna o escándalo de funcionarios complica el trabajo de los armadores que buscan instalar el sello libertario en provincias donde todavía no existe una estructura consolidada.
La reforma electoral y el caso Adorni parecen temas distintos, pero dentro del Gobierno se conectan por un mismo objetivo: llegar a 2027 con un oficialismo más ordenado, menos expuesto y con mejores condiciones para competir. Modificar las PASO sería una forma de controlar el calendario. Contener el desgaste interno por Adorni sería una forma de cuidar la marca política.
El desafío es que ambas tareas dependen de factores que el Gobierno no controla por completo. En el Congreso necesita votos ajenos. En las provincias necesita militancia propia. Y en la opinión pública necesita sostener una imagen de renovación política que puede quedar dañada si las explicaciones sobre sus funcionarios no resultan convincentes.
Con el calendario electoral cada vez más presente, Milei vuelve a jugar en dos planos: la negociación institucional y la contención de su base. La reforma de las PASO será una pulseada legislativa. El caso Adorni, una prueba de manejo interno. Ambos frentes dirán mucho sobre la capacidad del oficialismo para transformar su victoria de 2023 en un proyecto político con vocación de permanencia.