La medida refleja la crisis del sector textil frente a la caída del consumo, los altos costos y la presión de las importaciones en el país.
La crisis que atraviesa la industria textil argentina sumó en las últimas horas un nuevo episodio con fuerte impacto en el empleo. La empresa Emilio Alal cerró sus plantas productivas de hilados y telas ubicadas en las provincias de Corrientes y Chaco, una decisión que derivó en el despido de 260 trabajadores.
La firma, con más de un siglo de trayectoria en el país, se dedicaba a la fabricación de insumos para la industria del calzado, accesorios y talabartería, además de la producción de hilados de algodón y telas. Según consignó el diario El Litoral, el cierre se da en un contexto de fuerte retracción de la actividad, con niveles de producción que solo encuentran antecedente en los momentos más críticos de la pandemia.
En ese marco, los indicadores del sector muestran un deterioro sostenido. En octubre, la utilización de la capacidad instalada de la industria textil descendió al 32,5%, lo que implicó una caída de 4,6 puntos porcentuales respecto de septiembre y de 15,3 puntos en comparación con octubre de 2024.
Desde la compañía explicaron que la medida responde al “actual contexto económico y comercial adverso”, atravesado por problemas estructurales que, según señalaron, “afectan la competitividad de la industria nacional”. En ese sentido, los directivos advirtieron que el escenario actual volvió inviable la continuidad de las operaciones y que no existen perspectivas de mejora en el corto ni en el mediano plazo.
Despidos y parálisis industrial
Entre los factores que incidieron en la decisión, la empresa cuestionó la apertura “indiscriminada” de importaciones de hilados, telas y prendas de vestir, tanto nuevas como usadas. También apuntó a la caída del poder adquisitivo, los elevados costos financieros, laborales y energéticos, y la alta carga impositiva, un combo que, afirmaron, “generó una pérdida significativa de competitividad para la producción nacional”.
El caso de Emilio Alal no es aislado. En los últimos meses, distintas empresas del sector anunciaron cierres, suspensiones o reducciones de sus plantas productivas, con impacto directo en el empleo. Un ejemplo reciente es el del Grupo Dass, fabricante de zapatillas para marcas internacionales, que desvinculó a 43 trabajadores de su planta en Eldorado, Misiones, y mantiene su producción comprometida solo hasta mitad de año, luego de haber cerrado en enero de 2025 su fábrica de Coronel Suárez.
A esta situación se suman los despidos en la firma Eseka S.A., dedicada a la fabricación de lencería, que redujo su plantel en 140 empleados en su planta de Parque Chas, y el cierre por tiempo indefinido de la planta de TN & Platex en Tucumán, que implicó la suspensión de 190 trabajadores.
De acuerdo con datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad del sector registró en octubre de 2025 una caída interanual del 24%, muy por encima del promedio de la industria manufacturera, que retrocedió un 2,9% en el mismo período. Desde diciembre de 2023, la cadena textil acumuló la pérdida de más de 16.000 puestos de trabajo registrados en todo el país.
Aunque se trata de una empresa del norte argentino, el cierre de Emilio Alal vuelve a poner en agenda una problemática de alcance nacional: el impacto de las políticas de apertura comercial sobre la industria textil local, en un contexto de consumo deprimido y fuerte crecimiento de las importaciones, incluidas las compras de indumentaria de segunda mano a través de plataformas digitales como Shein o Temu, que profundizan la presión sobre los productores nacionales.
