“El equipamiento sigue siendo deficiente”: el reclamo de los médicos argentinos ante la pandemia

Ya son más de 50.000 los contagios y más de 1.150 las muertes por coronavirus en el país. A medida que aumentan los casos, cobra fuerza la voz los de trabajadores de la salud que piden mayor protección, seguridad y mejores condiciones laborales.

Formados en dos filas a un lado y otro de la calle, hombres y mujeres con guardapolvo blanco aplauden el paso de una camioneta blanca. El vehículo transporta el cuerpo de Miguel Duré, jefe del servicio de terapia intensiva del Hospital Julio C. Perrando, de la ciudad de Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en el norte argentino. Duré murió en la madrugada del viernes 19 de junio, tras contraer Covid-19 atendiendo pacientes en el tercer distrito, detrás de Buenos Aires.

“Justo yo estaba en guardia cuando falleció”, le dijo a este medio Julio Picón, colega de Duré en el hospital. “Fue una secuencia de fatalidades: una paciente con lupus había dado negativo para Covid-19 y requirió tubo y asistencia mecánica respiratoria”, recordó. “No se tomaron las prevenciones correspondientes, por un lado por ignorar el estado de infección y, por otro, no se contaba en ese momento con mascarillas N95 (las recomendadas para trabajar con infectados por Covid-19)”. La paciente falleció, y se contagiaron Duré y un enfermero, que se recuperó.

Dos médicos del Sistema de Emergencia Médica (SAME) de Buenos Aires, Argentina, desinfectan una camilla de asistencia el 20 de mayo de 2020. © Ronaldo Schemidt / AFP

El personal del hospital considera que no están trabajando en las condiciones adecuadas. Picón dice que hay una sobrecarga de trabajo, porque el 30% del personal está de licencia por ser mayores de 60 años; y por las restricciones de movilidad entre jurisdicciones, no pueden ingresar médicos de la vecina provincia de Corrientes. “Entonces tenemos personal que está casi todos los días, se intensifica el burn-out (agotamiento)”, señaló, “y por otro lado el equipamiento sigue siendo deficiente”.

El de Duré no es un caso único. El domingo pasado falleció por Covid-19 un enfermero, José Aguirre, en el Hospital Rivadavia de la Ciudad de Buenos Aires. En el país, según el Ministerio de Salud de la Nación, hay unas 600.000 personas que trabajan en el sector salud, de las cuales unas 180.000 son médicos. Son quienes están en la primera línea de lucha contra la pandemia. Y sienten que no están recibiendo el debido cuidado.

“Lo que más reclamamos es la falta de elementos de protección”

Días atrás, en la Ciudad de Buenos Aires, un grupo de médicos realizó una manifestación en sus autos, un bocinazo frente al Congreso. Un muñeco con guardapolvo, atado al capó de uno de los vehículos, estaba acompañado de un cartel que decía: “Médico atropellado”. En la manifestación estaba Claudio Gutiérrez, cirujano que se desempeña tanto en el sector público como en el privado. Él hacía eco de las palabras de su colega chaqueño: “Estamos expuestos constantemente al virus y mucho más de lo que quizás debiéramos estar, por (la cantidad) horas laborales”.

A unos metros se encontraba Marcelo Userpater, nefrólogo, quien resumió así la principal demanda de los médicos en el contexto de la pandemia: “En el momento actual, lo que más reclamamos es la falta de elementos de protección personal, que están llegando o en malas condiciones de calidad o de forma escasa, o directamente no llegan”. Aunque hay profesionales conformes con el equipo que le proveen sus empleadores, esta, ciertamente, es la queja que más se escucha.

Un paciente con síntomas del nuevo coronavirus es trasladado a un hospital en Buenos Aires, Argentina, el 7 de mayo de 2020. © Ronaldo Schemidt / AFP

Sobre la falta de equipo de protección personal, fue consultado Arnaldo Medina, secretario de Calidad de la Salud del Ministerio de Salud de la Nación.

“Este problema lo han tenido todos los países, que tiene que ver con escasez y, al superar la escasez, con problemas de calidad”, dijo. Se debió, explicó, a que repentinamente se incrementó el requerimiento de esos materiales, no solo por parte del personal de salud, sino también de fuerzas de seguridad, industria y otras áreas. Primero se cubrió la demanda con importación, especialmente desde China. Ahora esperan que una parte importante de lo que se requiere se consiga en el mercado local: “Nosotros estamos abriendo ahora una licitación muy grande, la más grande que haya hecho el Ministerio en este rubro; es más, el Ministerio de Salud de la Nación nunca compró elementos de protección personal, siempre eso estuvo a cargo o de los hospitales nacionales propiamente o de las provincias”. Dijo también que la situación actual es mucho mejor y que “vamos a estar incluso en un futuro inmediato cada vez mejor, yo eso lo veo como algo que se está superando, (aunque) existen obviamente quejas”.

Pero no se trata solo de lo que pueda comprar el Ministerio de Salud. Héctor Garín, secretario general de la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP), uno de los sindicatos del sector, le dijo a este medio que la provisión de elementos de protección personal también depende mucho de cada centro de atención: “Los médicos hoy en día están sujetos a recibir equipos de protección tal vez no todos de la misma calidad, en algunas clínicas y sanatorios, hablando del sector privado, no les proveen esos equipos; y las entidades más grandes, sanatorios más grandes, prepagas más grandes sí se los van entregando, pero hemos tenido muchísimos problemas desde el comienzo de la pandemia acá”.

“A nosotros nos dan un barbijo quirúrgico por día”, y los tienen bajo llave, dijo un médico que habló con este medio y prefirió no dar su nombre. “Han contado los guantes, las gafas que nos han dado te aprietan tanto que te lastima, ni te cuento las máscaras que nos dieron”. Cuando los médicos pidieron que les den ambos de cirugía que no se estaban utilizando (por la cuarentena y la interrupción de las operaciones planificadas), de modo de no arriesgarse a contaminar las ropas que llevan de vuelta a sus casas les dijeron que no. Él contrajo allí el virus, estuvo internado y ya se recuperó: “Seguramente de un médico de ahí, íntimo amigo mío, y él fue positivo, bueno, me lo agarré yo también”. Recién a partir de su caso comenzaron a darles los ambos de cirugía. “Nos sentimos no contenidos ni amparados”, fue su conclusión y eso, agregó, hace que los médicos, aún los más jóvenes, estén desmotivados.

Al respecto dijo Garín: “(Me) preguntaba si el suicidio era obligatorio, porque en realidad había empleadores y hay algunos todavía que quieren obligar a que el personal vaya y atienda sin todas las medidas de protección”. Pero reconoció que también es difícil que un trabajador de la salud deje de desempeñar su labor por falta de equipamiento: “Los médicos, o el personal de salud, si no tienen el equipo no deberían atender, pueden negarse sin que eso sea un abandono de persona; ahora el médico puede hacerlo, pero esto es como el bombero: ¿quién le dice al bombero no entres entre las llamas a buscar una persona?”.

Y, además, requieren más capacitación, algo que se está resolviendo de manera desigual en diferentes lugares del país y en cada centro de atención. Al menos el 20% de los trabajadores de la salud dicen no sentirse preparados para enfrentar la pandemia, según una encuesta del Ministerio de Salud de la Nación.

Trabajo autónomo y sin seguro en caso de enfermedad

Pero no se trata solo de equipo de protección personal y capacitación. Hay un problema que precede a la pandemia pero se ha vuelto más acuciante en este contexto y ha llevado a muchos médicos a reclamar un cambio: la precarización laboral y el pluriempleo. “Muchos médicos trabajamos de forma autónoma, somos monotributistas (autónomos), el trabajo baja y los médicos no cobran en esos casos, si nos enfermamos no tenemos ART (un tipo de seguro especial que deben contratar los empleadores), no tenemos licencia por enfermedad, entonces se ve claramente una baja en el ingreso”, dijo Claudio Gutiérrez.

Una médica –prefirió no dar su nombre– que hace nueve años trabaja para un prestigioso centro de salud todavía no ha sido contratada en relación de dependencia. Sus empleadores le dijeron que en su caso harían “una excepción” si se contagiara y seguirían pagándole parte de lo que habitualmente cobra. Medina, del Ministerio de Salud, reconoció que la falta de ART para los médicos que son autónomos es un problema a resolver, especialmente en el contexto de la pandemia: “Esa es una de las fallas del sistema, es algo que se ha hablado y habrá que ver en la medida en que queden afectados”. No confirmó si desde el gobierno se está evaluando alguna medida al respecto.

Médicos del Sistema de Emergencia Médica (SAME) de Buenos Aires, Argentina, se rocían alcohol ante un hospital después de trasladar a un paciente con síntomas de Covid-19 el 20 de mayo de 2020. © Ronaldo Schemidt / AFP

Lo que sí hicieron es implementar un bono extra de 5.000 pesos (71 dólares) para trabajadores de la salud para los meses de abril, mayo, junio y julio. Hasta la semana pasada muchos no habían cobrado todavía el de abril y, en cualquier caso, no se trata de más que una suerte de reconocimiento, sin particular impacto económico, según Garín. “Es una palmada para decir ‘sabemos que están trabajando fuerte, duro, se lo vamos a reconocer'”, dijo. “Está bien, pero que no se cambien las seguridades en el trabajo por 5.000 pesos”.

No son pocos los profesionales de la salud en ese tipo de situación. Según la AMAP, en Argentina hay unos 120.000 médicos que trabajan en el sector privado (no necesariamente en forma exclusiva). En la Ciudad de Buenos Aires, 60% lo hacen en relación de dependencia y 40% no, mientras que en el resto del país son 90-95% los que facturan como autónomos. Lo cierto es que los médicos no están acostumbrados a la sindicalización: la AMAP tienen unos 6.000 afiliados, aunque Garín dijo que ahora hay más monotributistas (cuentapropistas) que se acercan a consultar al sindicato.

Según Userpater, aún con pluriempleo, la mayoría de los médicos no alcanza un ingreso mensual de 100.000 pesos (1.450 dólares al cambio oficial actual) trabajando no menos de 60 horas semanales, sus empleadores pagan muchas veces a 90 días (lo que en un país con una inflación que en mayo superó el 40% anual representa una licuación de ingresos) consultas que pueden cobrarse 200 pesos (3 dólares) y incluso 60 (0,85 dólares) en algunos lugares del país; y no les cubren el seguro de mala praxis.

“Genera bronca que tenga que morir alguien para que se intente cambiar”

Además, tienen miedo de reclamar, como la médica a la que le ofrecieron la “excepción” o el doctor que contó que en su trabajo guardan los barbijos bajo llave. “Hay lugares donde los intendentes están haciendo renunciar a los directores de hospitales porque se han plegado a la marcha con nosotros, la marcha anterior, o porque salen a denunciar la falta de elementos, no los dejan entrar a trabajar”, dijo Userpater.

Efectivamente, muchos de los profesionales que tienen reclamos prefieren no dar sus nombres, por temor a las represalias que puedan sufrir por parte de sus empleadores. Una médica, por ejemplo, contó  que fue despedida cuando se enteraron en uno de sus trabajos que en otro estaba trabajando con una unidad Covid. Luego de quejas de sus pacientes la volvieron a contratar. Aunque, para ser precisos, no la despidieron ni la recontrataron, porque como muchos otros profesionales de la salud, no está en relación de dependencia, sino que está obligada a facturar como monotributista.

Un anciano con síntomas de Covid-19 es trasladado del hogar de ancianos Carpe Diem a un hospital en Buenos Aires, Argentina, el 7 de mayo de 2020.
Un anciano con síntomas de Covid-19 es trasladado del hogar de ancianos Carpe Diem a un hospital en Buenos Aires, Argentina, el 7 de mayo de 2020. © Ronaldo Schemidt / AFP

“El problema es que cuando se trabaja en múltiples lugares se puede llevar la infección de un lugar a otro”, dijo Medina, del Ministerio de Salud de la Nación. Explicó que en algunas jurisdicciones, como en la provincia de La Rioja, se implementó una normativa para que los profesionales de la salud con más de un empleo se queden en un solo trabajo, unificando sus ingresos, justamente para evitar ese riesgo. Pero son pocos los distritos donde se han implementado soluciones como esta.

La sensación general es de falta de protección, como resumió un médico que conversó con este medio: “El sector salud, salvo honrosas excepciones, no se siente cuidado ni contenido”. Contó que donde trabaja “la sala de estar de médicos es lamentable, es indigna, en algunos momentos somos 12-14 personas en un ambiente de 5×4 metros, no tenemos un baño, no tenemos nada” y la solución de las autoridades fue decirles: “No estén todos juntos allí, yiren (den vueltas) por el sanatorio”.

Por lo pronto, en la provincia del Chaco, tras el fallecimiento de Duré se anunciaron una serie de medidas, que incluyen la incorporación de más personal en el sistema de salud y el aumento del presupuesto para insumos y medicamentos. “Genera bronca que tenga que morir alguien para que se intente cambiar un poco”, dijo Picón acerca de la noticia.