Petróleo en alza y tecnológicas en caída: los mercados globales vuelven a encender señales de alerta

El recrudecimiento del conflicto entre Israel e Irán disparó el precio del crudo, mientras las acciones tecnológicas arrastraron a las bolsas mundiales. El temor a nuevas subas de tasas en Estados Unidos y las dudas sobre el rally de la inteligencia artificial golpearon el ánimo inversor.

Los mercados internacionales comenzaron la semana bajo presión. La escalada del conflicto entre Israel e Irán impulsó una fuerte suba del petróleo, mientras las acciones tecnológicas volvieron a caer y arrastraron a las principales bolsas del mundo.

Según informó Associated Press, las acciones asiáticas se desplomaron este lunes después de que Wall Street cerrara la semana anterior con su peor jornada desde octubre. Al mismo tiempo, los precios del petróleo subieron más de 4 dólares por barril ante el recrudecimiento de los combates en Medio Oriente.

El Brent, referencia internacional del crudo, avanzó 4,60 dólares hasta los 97,69 dólares por barril. En tanto, el petróleo estadounidense subió 4,13 dólares y llegó a 94,67 dólares. El movimiento respondió a los nuevos ataques entre Israel e Irán y al temor de que el conflicto afecte el tránsito energético por el estrecho de Ormuz, una zona clave para el comercio mundial de petróleo.

La tensión geopolítica se combinó con otro factor de inquietud: la caída de las tecnológicas. En Asia, el índice Kospi de Corea del Sur encabezó el retroceso global con una baja del 8,3%, golpeado por fuertes ventas en empresas de chips. Samsung Electronics cayó 10,2% y SK Hynix retrocedió 7,7%, en una jornada que expuso la fragilidad de las valuaciones del sector.

El golpe también se sintió en Japón. El Nikkei 225 cayó 3,9%, mientras que el Taiex de Taiwán perdió 3,5% y el Hang Seng de Hong Kong bajó 1,3%. En Europa, las principales plazas abrieron en rojo: el CAC 40 de Francia retrocedió 0,7%, el DAX alemán bajó 0,8% y el FTSE 100 británico cedió 0,4%.

El viernes anterior ya había dejado una señal preocupante en Wall Street. El S&P 500 cayó 2,6%, el Dow Jones bajó 1,4% y el Nasdaq se hundió 4,2%. La caída fue la peor jornada para la bolsa estadounidense desde el 10 de octubre, cuando la administración de Donald Trump había amenazado con imponer un arancel del 100% a bienes importados desde China.

El dato que terminó de complicar el clima fue el informe de empleo de Estados Unidos. Al mostrar un mercado laboral todavía sólido, los inversores volvieron a recalcular la posibilidad de que la Reserva Federal suba las tasas este año o mantenga una política monetaria más dura por más tiempo. Para los mercados, tasas más altas implican menor apetito por activos de riesgo, mayor presión sobre acciones de crecimiento y condiciones financieras más ajustadas.

La reacción fue especialmente dura sobre las tecnológicas porque durante los últimos meses habían concentrado gran parte del entusiasmo inversor. El avance de la inteligencia artificial impulsó valuaciones muy elevadas en empresas de chips, software, infraestructura digital y servicios asociados al nuevo boom tecnológico. Pero cuando el mercado empieza a dudar de la velocidad de retorno de esas inversiones, las correcciones pueden ser violentas.

El temor de fondo es si el rally de la inteligencia artificial entró en una etapa de agotamiento. No necesariamente porque la tecnología haya perdido potencial, sino porque muchas acciones habían subido a niveles que exigían resultados extraordinarios de manera permanente. En ese contexto, cualquier señal de tasas más altas, menor liquidez o riesgo geopolítico funciona como disparador de toma de ganancias.

La suba del petróleo agrega otro problema. Un crudo cercano a los 100 dólares puede volver a presionar sobre la inflación global, encarecer combustibles, elevar costos logísticos y complicar el trabajo de los bancos centrales. Si la energía sube fuerte, la inflación puede tardar más en bajar, y eso reduce el margen para bajar tasas o relajar la política monetaria.

Para los países emergentes, el escenario es especialmente sensible. La combinación de dólar firme, tasas elevadas, petróleo caro y menor apetito por riesgo suele impactar sobre monedas, bonos y acciones. Argentina no queda afuera de ese tablero: aunque sus activos dependen también de factores locales, cualquier cambio brusco en el humor internacional puede afectar el riesgo país, los bonos soberanos y la expectativa de financiamiento.

El Gobierno argentino venía apostando a una mejora de la percepción externa, con baja del riesgo país, recuperación de títulos públicos y búsqueda de normalización financiera. Pero un escenario global más adverso puede volver más exigente ese camino. Cuando los inversores reducen riesgo, los países con antecedentes de crisis o alta volatilidad suelen quedar bajo mayor escrutinio.

El mercado ahora mira tres frentes al mismo tiempo: la evolución del conflicto en Medio Oriente, la respuesta de la Reserva Federal y la capacidad de las grandes tecnológicas para sostener expectativas de crecimiento ligadas a la inteligencia artificial. Si alguno de esos frentes empeora, la volatilidad podría extenderse.

Por ahora, la señal es clara: el optimismo que venía empujando a las bolsas globales encontró un límite. El petróleo volvió a recordar el peso de la geopolítica, las tasas volvieron a condicionar el apetito inversor y las tecnológicas dejaron de parecer invulnerables.

En un mundo financiero cada vez más dependiente de la inteligencia artificial, los chips y la liquidez global, la corrección de los últimos días funciona como advertencia. La euforia puede seguir, pero ya no se mueve sin sobresaltos.

Redaccion Córdoba Times

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