Los trabajadores continúan en una campaña de limpieza después de un derrame de petróleo, en Playa Cavero en el distrito de Ventanilla de Callao, Perú, el sábado 22 de enero de 2022. El derrame de petróleo en la costa peruana fue causado por oleajes registrados luego de una erupción de un volcán submarino en Tonga, una nación del Pacífico Sur. (Foto AP/Martín Mejía)
En más de medio siglo como pescador, Máximo Castro no recuerda ningún derrame petrolero de gran magnitud frente a Lima sobre el mar de Perú, uno de los más ricos y biodiversos del mundo.
“Con la pandemia del coronavirus y este derrame encima, nos están castigando todos los días”, se quejó el pescador peruano, de 78 años de edad, mientras remaba en una mañana reciente su bote vacío de pescados sobre una bahía sucia en petróleo que antes era considerada una mina de oro de la biodiversidad marina.
El vertimiento de 6.000 barriles de petróleo sobre la costa del Pacífico peruano, frente a la refinería La Pampilla, administrada por la española Repsol, empujó a una crisis a 1.500 pescadores artesanales que extraen recursos de un mar con más de 700 especies de peces y 800 de moluscos y crustáceos. Perú declaró una emergencia por 90 días a esa zona costera afectada, en lo que consideró el mayor desastre ecológico sufrido por el país sudamericano en los últimos tiempos.
“Lo que pescamos al día es nuestra ganancia”, anotó Castro, quien no tiene seguro de desempleo, ni ha acumulado una pensión de jubilación.
“Antes del derrame el mejor día sacaba 50 dólares, en el peor tres, ahora nada”, calculó, mirando desde su bote cómo decenas de vecinos de diversas barriadas colocaban en bolsas negras de plástico la arena manchada de crudo tras ser contratados como obreros por la empresa finlandesa Lamor, a su vez contratada por Repsol para limpiar las playas.
The Associated Press conversó con una decena de pescadores y todos coinciden en que viven una situación de angustia e incertidumbre.
“Este derrame significa una matanza a toda la biodiversidad hidrobiológica de los bancos naturales de diversas especies”, señaló Roberto Espinoza, de la asociación de pescadores de Bahía Blanca durante una protesta frente a la refinería La Pampilla.
“No vamos a poder pescar y no sabemos cuánto tiempo”, afirmó, por su parte, el pescador y dirigente José Llacuachaqui.
El veterano Castro refirió que los pescadores que trabajan cerca de la costa son los más perjudicados porque el petróleo ha contaminado 21 playas de Lima, se ha impregnado en rocas y fondos arenosos donde viven decenas de pescados, moluscos y están depositados millones de huevecillos. “Todo apesta a petróleo”, comentó e hizo una mueca con la nariz.
Por el contrario, otra clase de pescadores que se alejan más de 100 millas de la costa en viajes de 20 días para capturar peces como el dorado (Coryphaena hippurus) trabajan sin problemas porque a esas zonas no llegó el petróleo. Estos descargan sus pescados a diario o cargan sacos con hielo para las bodegas de sus naves en el desembarcadero Ancón, ubicado junto al balneario del mismo nombre.