Malezas: una amenaza al bolsillo y al ambiente

Un análisis publicado por Aapresid muestra que, el mayor uso de herbicidas que se necesita para controlar las especies resistentes genera un aumento del 30 por ciento en el impacto ambiental.

Un estudio elaborado por la Red de Ensayos en Malezas (REM) de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) determinó que el mayor uso de herbicidas como consecuencia de la proliferación de malezas resistentes, genera un aumento del 30 por ciento en el impacto ambiental.

“Impacto ambiental de las malezas resistentes y tolerantes” es el título del trabajo elaborado por los técnicos Martín Marzetti, Andrés Coppioli y Matías Bertolotto, en el que se comprobó que al mayor costo económico que deben afrontar los productores para poder erradicar las especies que compiten con los cultivos, se suma un costo ambiental que debería considerarse con mayor atención.

Análisis

“Sin embargo, los análisis de impacto ambiental son raramente contemplados al intentar dimensionar el daño que generan las malezas”, subraya el estudio de Aapresid.

En la práctica, el trabajo consistió en evaluar en cuánto se incrementa el coeficiente de impacto ambiental (EIQ) cuando se necesita un tratamiento especial para un lote con “malezas difíciles”, lo que supone un mayor uso de agroquímicos, en relación a un tratamiento convencional para un lote sin este problema.

“Sumando todos los productos usados en una estrategia química se obtiene un valor de EIQ que permite compararla con otra estrategia y así saber con cual se causó mayor y menor impacto”, resume el informe.

Resultados

Tras realizar estas simulaciones, los investigadores concluyeron que “al comparar las situaciones con malezas difíciles frente a las situaciones sin las mismas, se observó un marcado incremento de los valores de EIQ”

Concretamente, el incremento promedio del valor de impacto ambiental fue del 30 por ciento, con un máximo del 96 por ciento para un planteo de maíz en el NEA, “lo que implica en este último caso un impacto que prácticamente duplica a la situación sin malezas difíciles”.

Respecto al momento de aplicación, la presiembra o preemergencia fue la que causó el mayor impacto (30 por ciento del total), “lo que es esperable por ser el momento cuando mayor carga de herbicida de aplica, con el fin de proteger de las malezas los estadios iniciales del cultivo”, explica el reporte.

Luego le siguieron de manera decreciente el barbecho químico largo (28 por ciento) y el corto (23 por ciento) y por último el tratamiento de postemergencia (19 por ciento).

Es decir, que si se suman las aplicaciones de barbecho largo y corto, representan el 51 por ciento del impacto. “Esto permite estimar que la inclusión de un cultivo de invierno o de cobertura disminuiría en parte significativa este impacto”, señala el estudio.

Cultivos y principios activos

Comparando cultivos, el maíz fue el que contempla la estrategia de herbicidas de mayor impacto. “Al comparar por cultivo la estrategia utilizada en la situación con malezas difíciles respecto a aquella sin problemas de malezas, en maíz implica un aumento del impacto del 37 por ciento, mientras que en soja el aumento es del 22 por ciento”, describe el trabajo.

En cuanto a los principios activos, atrazina y metolactor son los que mayor impacto generan. “Un kilogramo de atrazina al 90 por ciento tiene un EIQ 21, pero en varias ocasiones la dosis es mayor, inclusive el doble. El metolaclor tiene un EIQ 21 cuando se aplica un litro del formulado al 96 por ciento, y muy similar es el caso de acetoclor. Muy cerca sigue el glifosato, con dos litros al 66 por ciento tiene un EIQ 20 y en casos de malezas tolerantes a veces se llega a los tres litros por hectárea. El resto de los productos presentan un EIQ de campo bastante inferior”, enumeran los autores.

En este marco, consideran clave notar que “la inclusión de un herbicida o el incremento de las dosis hicieron variar considerablemente el impacto ambiental, cuando se trató de activos con alto EIQ. Esto deja de manifiesto que debería empezar a tenerse en cuenta este tipo de variables al momento de elegir los activos a aplicar. En algunas ocasiones podría reemplazarse por otro de menor impacto y prestaciones similares, y no se hace simplemente por falta de conocimiento”.

La Voz del Interior

Fuente: granar.com.ar