Bótox sí, bótox no. La demanda se estira

Verse natural es la primera premisa de este tipo de tratamientos faciales, y por esa misma razón tratarse con expertos en este tipo de métodos sin cirugía pero complejos es esencial, sobre todo, para minimizar a cero las probabilidades de sufrir efectos no deseados que terminen por generar una baja autoestima seguida de complicaciones indeseadas de salud y demandas judiciales.

Lo aclaramos, porque son los menos, pero aún suceden en nuestro país. Clínicas y profesionales de matrícula dudosa, suelen cada cierto tiempo, volver a poner en jaque a un oficio que, bien entendido y llevado adelante, mejora ampliamente el bienestar de las personas.

Las buenas aplicaciones

Cuando hablamos de bótox, hacemos referencia al uso de la toxina botulínica para tratar generalmente, los primeros signos de envejecimiento y flacidez facial en hombres y mujeres por igual. Una técnica que viene regenerar el propio colágeno en su base, y así mejorar en mucho la forma en la que percibimos la expresión facial, en áreas como el contorno de ojos, las comisuras labiales, la frente, el entrecejo y también el cuello.

Una piel notablemente más mejorada y juvenil es la respuesta definitiva, luego de un par de días de reposo y vendaje para bajar la inflamación espontánea, por la que muchas personas deciden atreverse a pasar por el consultorio, Dra. Viviana García, y someterse a ello. Es que así su utilización se vuelve segura ampliamente, contando con el consejo profesional que determina cuántas dosis son necesarias para cada paciente, sin que en eso se pierda su frescura natural de expresión. Un punto que muchos temen a la hora de pensar en esta opción de belleza y que bien tratado, significa abordar la zona facial completa, de forma suave y relajada, sin riesgos.

Evitar la apariencia forzada es la clave entonces, que persigue su colocación. Algo que, como dijimos y recomiendan, es necesario llevar adelante en condiciones profesionales seguras, dejando en segunda instancia su precio. Porque lo barato suele salir caro, y en casos como estos, es enteramente la diferencia entre lucir como esperamos o defraudarnos del todo, con todo el gasto extra que eso viene a significar.