Cuando la edad no es un impedimento

Los aspectos positivos y negativos de esta crisis de la mediana edad.

La edad y la concepción que tengamos de ella -si nos sentimos más viejos o más jóvenes- influye en nuestra forma de pensar, de actuar y de vernos. Ante esto, este síntoma se presenta como un problema según el cual algunas personas sufren una crisis de autoestima que las lleva a tratar de conservar su juventud.

No surge de manera aislada, sino en un contexto que la fomenta. Así, probablemente por los prejuicios de la sociedad occidental, este trastorno afecte más, o de una forma más llamativa, a las mujeres de entre 40 y 50 años que tratan de vivir una segunda juventud volviendo la mirada a su aspecto físico.

Esta crisis hace que una persona trate de conservar su juventud tanto como le sea posible. Esta actitud hace que, en muchos casos, los cambios que trata de implantar sobre su vida vayan más allá de su aspecto físico.

Por tanto, estas personas pueden dedicarse a hacer planes asociados a gente más joven, como el tipo de bares que frecuenten, la forma de relacionarse con sus amigos o la organización de un viaje con muchas actividades o improvisación.

Aunque, en principio, puede parecer algo negativo, como un trastorno propio de una persona que no acepta su propia edad y que se resiste a envejecer, también tiene algunos efectos secundarios más favorecedores.

Puede hacer que una persona pueda vivir una segunda juventud, al no dejar que la edad sirva como excusa para dejar de disfrutar de su día a día sin estancarse.

Así es como puede ayudar a superar algunas barreras psicológicas asociadas a la edad, embarcándose en experiencias que muchas personas no se atreverían a probar por considerarse a sí mismas demasiado mayores. En este sentido, podemos, por ejemplo, disfrutar de viajes a lugares exóticos o practicar deportes de riesgo, sin darle importancia a si tenemos la “edad adecuada” para ello.

Esto podrá aportarle grandes beneficios a nivel de salud, ya que muchas personas mayores caen en el sedentarismo, lo que puede aumentar sus limitaciones físicas reales, así como hacerles más vulnerables ante algunas enfermedades.

Por otro lado, muchas personas mayores deciden pasar por una transformación digital e integrar en su día a día a las nuevas tecnologías. Esto los lleva a utilizar Internet como una herramienta habitual de consulta o para socializar.