En primer lugar, ratificó que el futbolista le escribió “borracho”: aseguró que los mensajes de WhatsApp tienen fecha de ayer y que ya están guardados “para la Justicia”. No se trata de un viejo conflicto —insistió— sino de un patrón que se repite.
Luego fue directo al núcleo familiar: habló de “un hombre ciego de odio y venganza” y advirtió sobre el peligro para los niños, en alusión a sus hijas, dejando entrever que la situación ya no es solo mediática sino también personal y delicada.
El golpe más fuerte fue por elevación a la China Suárez. Sin nombrarla, Wanda disparó: “Qué poco vale una mujer que se presta a todo esto por dinero”. La frase cayó como una acusación pública de complicidad y de tolerar maltratos por conveniencia económica.
La mediática también enumeró lo que, según ella, soportó: insultos públicos, descuidos y faltas de respeto. Y remató con una postura tajante: cuando no hay amor, es más digno trabajar y no depender de nadie.
Para cerrar, dejó una advertencia lapidaria: “El mismo que ayer me escribió es el de hace 3 años. Guarden este tweet”, sugiriendo que la historia se repite y que esta vez no piensa mirar para otro lado.

