La cantora tucumana propulsó la integración de las músicas de provincia con los sonidos de Buenos Aires y se convirtió, a partir de una actitud desprejuiciada, en una figura universal sin resentir los fundamentos de la música de raíz.
Nació en Tucumán el 9 de julio de 1935, donde despuntó desde niña su oficio de cantora, macerado por su condición de origen: descendiente de calchaquíes, hija de un obrero de la industria azucarera y una lavandera.
Aquellos tiempos la ubicaban prestando su voz en la radio, en los actos partidarios del Peronismo o en el circo, pero su despegue –y el comienzo de la definición del paradigma que representó en el folclore argentino- fue alumbrado en Mendoza, donde se radicó en 1957 a partir de su matrimonio con el músico Oscar Matus, con quien tuvo un hijo, Fabián.
Eran tiempos del folclore industrializado, masificado a partir de las migraciones de las provincias a Buenos Aires, que confrontaba para algunas miradas con el tango –también en tiempos de esplendor publicitario- y el cosmopolitismo portuario.
En 1962 Sosa lanzó su primer álbum, «La voz de la zafra” a instancias del músico Ben Molar, que convenció a los directivos del sello RCA. Ocho canciones de Oscar Matus- Armando Tejada Gómez: (entre ellas, «La zafrera” y «Zamba de los humildes”) prefiguraban lo que iba a ser el Movimiento del Nuevo Cancionero, formado al año siguiente.
Poco a poco pudo llegar a todos los rincones de nuestro país, convirtiéndose en una leyenda de la música de nuestro país.

