Este 30 de diciembre se cumplen 21 años de la tragedia de República Cromañón, uno de los hechos más dolorosos y devastadores de la historia reciente de la Argentina. La noche del 30 de diciembre de 2004, durante un recital de la banda Callejeros en el boliche ubicado en el barrio porteño de Once, un incendio provocado por una bengala encendida dentro del local terminó con la vida de 194 personas y dejó más de 1.400 heridos, además de miles de sobrevivientes marcados para siempre.
El fuego se desató cuando una bengala impactó contra el techo del lugar, recubierto con materiales altamente inflamables. En cuestión de segundos, el humo tóxico comenzó a invadir el recinto. Muchas salidas de emergencia estaban cerradas o bloqueadas, lo que convirtió el lugar en una verdadera trampa mortal. La mayoría de las víctimas falleció por asfixia, producto de la inhalación de gases venenosos.
La tragedia expuso una cadena de irregularidades, negligencias y responsabilidades compartidas: desde las condiciones edilicias del local y la falta de controles adecuados, hasta la permisividad estatal y la ausencia de medidas básicas de seguridad. Cromañón no fue un accidente inevitable, sino una tragedia evitable.
Con el paso de los años, hubo causas judiciales, condenas y debates públicos. Omar Chabán, gerenciador del boliche, fue condenado y falleció en 2014. También se investigó la responsabilidad de funcionarios y otros actores involucrados. Sin embargo, para muchos familiares y sobrevivientes, la sensación de justicia incompleta persiste hasta hoy.
A 21 años, Cromañón sigue siendo una herida abierta. Las consecuencias no solo se miden en números, sino en historias truncas, proyectos que no pudieron ser y familias atravesadas por el dolor. También dejó una marca profunda en la cultura del rock nacional y en la forma de pensar la seguridad en espectáculos masivos en todo el país.
Cada 30 de diciembre, familiares, sobrevivientes y organizaciones se reúnen para recordar a las víctimas, exigir memoria y reafirmar el pedido de “Nunca más”. Cromañón no es solo un recuerdo del pasado: es una advertencia permanente sobre lo que ocurre cuando la corrupción, la desidia y la falta de control se combinan con la irresponsabilidad.
Hoy, a 21 años, la memoria sigue viva. Porque recordar también es una forma de justicia.

