El cineasta sale a desmentir las duras acusaciones que pesan sobre su persona a través de una carta abierta. Te contamos los detalles en esta nota.
El «rey dramaturgo» Woody Allen decidió responder por medio de una carta al New York Times para defenderse de los graves dichos que aseguran que el director abusó sexualmente de su hija adoptiva Dylan Farrow. Allí asegura que él nunca molestó a su hija y que toda la situación es fruto del odio que Mia Farrow, su ex mujer, siente por él desde su agria separación en 1993.
El cineasta, de 78 años, publica en su carta: «No abusé de Dylan (…) La quiero y espero que un día sea capaz de ver cómo ha sido engañada y privada de su padre mientras era explotada por una madre más interesada en alimentar su propia ira que en el bienestar de su hija».
En la misiva, Allen hace hincapié a algo que los medios no tuvieron en cuenta al momento de hacer pública la acusación de Dylan: que en primer momento, tras las versiones de pederastia, la joven pasó por un reconocimiento médico donde no se encontró ningún síntoma de abuso.Y que hasta ella misma confesó al médico que nadie había abusado de ella, por lo que «entonces, Mia se llevó a Dylan a tomar un helado y, de vuelta en la consulta, la pequeña había cambiado su historia». La propia policía, tras el examen de la Clínica de Niños Abusados Sexualmente, constató que todo apuntaba a una mezcla de mentira por parte de la niña y manipulación por parte de la madre.
El cineasta dice que todo es fruto tanto de su amarga separación como de la dura batalla legal que mantuvieron por la custodia de sus hijos. Allen asegura que fue un ingenuo al nunca tomarse en serio las acusaciones por ser extremadamente ridículas. Y señala a Mia Farrow como la verdadera fuente del problema tildándola de manipuladora, revanchista e, incluso, adúltera, ya que hace poco la propia actriz aseguró que su hijo Moses podía ser de Frank Sinatra y no de Allen.
Woody cierra su comunicado poniendo en duda que su hijastra escribiera la carta, asegurando que no es propio de ella el atacar a actores y actrices colaboradores en sus películas y que todo parece tener la huella de Mia Farrow. Despidiéndose asegurándose de que esta será «su última palabra sobre el asunto» ya que «suficiente gente ha sido dañada».

