En un movimiento que marca un antes y un después en la industria musical, Taylor Swift inició acciones legales para resguardar uno de sus activos más valiosos: su identidad artística. La cantante presentó tres solicitudes de marca ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos con el objetivo de proteger tanto su voz como su imagen frente al avance de la inteligencia artificial.
Las presentaciones, realizadas a través de su empresa TAS Rights Management, incluyen dos registros sonoros —con frases como “Hey, it’s Taylor Swift” y “Hey, it’s Taylor”— y una imagen icónica de la artista en pleno escenario, con estética característica de su show.
El trasfondo de esta decisión está directamente vinculado al crecimiento de los contenidos generados con IA, especialmente los llamados deepfakes, que permiten replicar voces e imágenes de figuras públicas sin su consentimiento. En el caso de Swift, ya circularon materiales falsos —desde imágenes manipuladas hasta supuestos posicionamientos políticos— que encendieron las alarmas sobre el uso indebido de su figura.
Según explicó el abogado especializado en propiedad intelectual Josh Gerben, esta estrategia abre una nueva vía legal: a diferencia del copyright, que protege obras concretas, el registro de marca podría permitir accionar incluso contra imitaciones “confusamente similares”. Es decir, no solo copias exactas, sino también recreaciones generadas por IA que suenen o se vean demasiado parecidas.
Este enfoque resulta innovador y todavía no ha sido completamente probado en tribunales, pero refleja una tendencia creciente en la industria. Frente a un escenario donde la tecnología avanza más rápido que las regulaciones, artistas de primer nivel comienzan a blindar legalmente su identidad para evitar usos no autorizados.

