Desde su estreno, Emily in Paris logró convertirse en un fenómeno global. Más allá de sus historias románticas y sus postales europeas, la serie encontró otro gran motor de conversación: sus outfits. Coloridos, exagerados y muchas veces cuestionados, los looks de Emily no pasan desapercibidos. Y lejos de ser un error de estilo, todo responde a una decisión creativa muy clara.
La responsable detrás de estos estilismos es Patricia Field, la icónica vestuarista que marcó un antes y un después en la moda televisiva con Sex and the City y The Devil Wears Prada. Con Emily in Paris, Field no buscó agradar a todos: su objetivo fue generar polémica y provocar conversación. Que los outfits gusten o molesten es parte esencial del concepto.
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En las primeras temporadas, el vestuario de Emily se caracteriza por ser atrevido y excesivo, con una fuerte vibra de turista. Esta elección acompaña el recorrido del personaje, una estadounidense recién llegada a Europa que todavía no comprende del todo los códigos culturales y estéticos del lugar. Un ejemplo claro son las boinas: aunque suelen asociarse con la moda francesa, en París son vistas como un estereotipo. Usarlas no transmite sofisticación, sino que refuerza la imagen de extranjera, y eso es exactamente lo que el vestuario busca comunicar.
Otro punto clave del estilo de Emily es su carácter aspiracional pero replicable. La protagonista combina prendas de lujo de casas como Chanel con piezas de fast fashion de marcas como Zara. Esta mezcla construye un universo glamoroso, pero al mismo tiempo cercano, que invita a inspirarse y copiar algunos elementos sin necesidad de un presupuesto inalcanzable.

El uso del color también tiene un significado narrativo. El rosa, uno de los tonos más recurrentes, representa la personalidad optimista y soñadora de Emily. El rojo simboliza poder y determinación, mientras que el amarillo transmite energía y vitalidad. Cada elección cromática acompaña su evolución emocional y profesional a lo largo de la serie.
En la temporada 5, con la historia trasladándose a escenarios como Roma y Venecia, los looks evolucionan nuevamente. El vestuario se inspira en el cine clásico italiano, incorporando lunares, siluetas femeninas bien marcadas y colores brillantes que evocan glamour, romanticismo y una estética más madura.




Así, lo que muchos interpretan como errores de estilo o excesos visuales, en realidad forman parte de una narrativa cuidadosamente construida. Los outfits de Emily in Paris están pensados para incomodar, provocar y generar debate. Y, a juzgar por la repercusión que siguen teniendo, la estrategia fue todo un éxito

