Su creador es Luciano Bick, cuenta como nació la idea de instalar creperías dentro de containers.
Surgió como un sueño motivado por una mínuscula crepería de Brooklyn, y cuando estuvo a punto de hacerse realidad, la clausura del shopping en el que se iba a inaugurar hizo demorar su apertura un año. Sin embargo, el proyecto Urban Crepe de Luciano Bick, una cadena de creperías dentro de containers, logró despegar y hoy vuela alto: en solo ocho meses, su facturación alcanzó los $ 2.450.000, quintuplicando su inversión inicial.
Para este proyecto Bick invirtió $ 450 mil y facturó $ 1,5 millón solo en los últimos cuatro meses. El emprendedor le debe el crédito de la ambientación de sus sucursales a Mariana Flombaum, quien le llevó la propuesta de los contenedores.
El plan de expansión de la cadena es ambicioso. Con cuatro locales propios ya operativos -en Distrito Arcos, Tortugas Open Mall, Paseo Alcorta y la plaza del Hotel Intercontinental-, su dueño planea terminar el año con seis creperías en la Ciudad de Buenos Aires y otras tres en el Gran Buenos Aires, además de abrir seis más durante el 2016. Para el año que viene proyecta facturar $ 35 millones sobre una base de ocho creperías propias. A su vez, el empresario ya está trabajando en el modelo de franquicias para vender unas diez durante el año próximo.
Urban Crepe fue el primer producto que Bick pudo replicar en sucursales o utilizar para planificar franquicias. “Los crepes son productos más sencillos de replicar, y además el módulo más chico hoy por hoy se está usando mucho más; vendés comida rápida pero buena y trabajás con entre tres y cinco empleados”, comenta el gastronómico. Y adelanta: “Cada franquicia costará U$S 20 mil aproximados y permitirá usar la marca por cinco años; además se va a cobrar un 4 por ciento del fee mensual”.