Una cardióloga de Córdoba aseguró que atendieron seis infartos en siete horas después de uno de los partidos de la Selección y otros tres tras la semifinal. El estrés emocional puede elevar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, especialmente en personas con antecedentes. Cuáles son las señales que no deben confundirse con simples nervios.
La final del Mundial volverá a reunir a millones de argentinos frente a una pantalla. Sin embargo, junto con la expectativa, la alegría y el sufrimiento deportivo, los últimos partidos de la Selección dejaron una señal de atención para el sistema sanitario de Córdoba.
La cardióloga Graciela Scaro afirmó que durante una madrugada posterior a uno de los encuentros se produjo una sucesión poco habitual de emergencias: seis pacientes con infarto fueron atendidos en aproximadamente siete horas. La profesional agregó que después de la semifinal ante Inglaterra se registraron otros tres episodios. Entre las personas afectadas había pacientes con factores de riesgo conocidos y otros que, aparentemente, no contaban con antecedentes.
La información debe interpretarse con prudencia. Se trata del reporte de una profesional sobre los casos recibidos en su ámbito de trabajo y no de un registro epidemiológico completo de toda la provincia. Por lo tanto, no permite afirmar que cada episodio haya sido provocado exclusivamente por el partido.
Sí vuelve a poner en discusión un fenómeno estudiado desde hace años: el efecto que pueden tener las emociones deportivas extremas sobre el sistema cardiovascular.
El estrés agudo activa mecanismos del organismo que pueden acelerar el pulso, elevar la presión arterial y aumentar la demanda de oxígeno del corazón. En la mayoría de las personas, esa reacción no provoca consecuencias graves, pero puede transformarse en un desencadenante en quienes tienen enfermedad coronaria, hipertensión, diabetes u otros factores de riesgo.
Un consenso de la Sociedad Argentina de Cardiología señala que los estudios sobre fútbol y eventos cardiovasculares no arrojan resultados completamente uniformes. Sin embargo, diferentes metaanálisis encontraron un incremento moderado de los eventos cardiovasculares no fatales y de los infartos durante partidos de alta tensión, con mayor impacto en espectadores muy apasionados, personas con enfermedad coronaria conocida y finales internacionales.
La emoción del partido no actúa sola. La combinación puede incluir nervios, discusiones, cigarrillos, consumo excesivo de alcohol, comidas abundantes y con mucha sal, falta de descanso y abandono de la medicación habitual.
Las personas que reciben tratamiento para la hipertensión, la diabetes, el colesterol o una enfermedad cardiovascular deben respetar los horarios indicados por su médico. Tener valores normales no significa que la medicación ya no sea necesaria, sino que el tratamiento está cumpliendo su función.
Una picada abundante, alimentos con demasiado sodio y varias bebidas alcohólicas pueden sumarse al estrés propio del encuentro. La American Heart Association aconseja reducir el alcohol, limitar las comidas muy saladas y disponer de alternativas más livianas, como frutas y verduras.
No se trata de eliminar cualquier comida asociada al partido, sino de evitar que noventa minutos de fútbol se conviertan en varias horas de consumo descontrolado.
El tabaquismo es uno de los principales factores modificables de riesgo cardiovascular. También debe evitarse que otras personas permanezcan expuestas al humo en ambientes cerrados.
Cuando una persona siente que no puede controlar la ansiedad, puede levantarse, respirar lentamente, caminar unos minutos o dejar de mirar temporalmente. La ira y la angustia intensa pueden aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial; tomar distancia no cambia el resultado del partido, pero puede ayudar a reducir la reacción física.
Una de las decisiones más peligrosas es esperar a que termine el partido para comprobar si el dolor desaparece. Un infarto puede comenzar de manera brusca, pero también presentarse lentamente, con una molestia leve o intermitente.
Las principales señales de alarma son:
Dolor, presión u opresión en el centro del pecho, que puede extenderse a uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la zona del estómago.
Falta de aire, acompañada o no de dolor en el pecho.
Sudor frío, náuseas, mareos, debilidad inusual o sensación de desvanecimiento.
En las mujeres, en las personas mayores y en pacientes con diabetes, los síntomas pueden ser menos típicos y manifestarse con cansancio intenso, náuseas, dolor de espalda o dificultad para respirar.
Ante síntomas compatibles con un infarto, se debe llamar inmediatamente al 107 o al 911. El Ministerio de Salud recuerda que, frente a un infarto o un accidente cerebrovascular, cada minuto resulta determinante.
Si la persona pierde el conocimiento y no respira normalmente, debe activarse el sistema de emergencias, comenzar las compresiones torácicas y utilizar un desfibrilador externo automático si hubiera uno disponible. La cadena de supervivencia establece que la RCP debería iniciarse dentro de los primeros dos minutos.
La recomendación fundamental es sencilla: no esperar el entretiempo, el final del partido ni la definición por penales. Tampoco minimizar el dolor porque la persona sea joven o no conozca antecedentes cardíacos.
La Selección podrá llevar nuevamente las emociones al límite. El desafío para los hinchas será vivir la final con pasión, pero sin ignorar las advertencias del cuerpo.