Renta básica universal: el plan social que prepara el gobierno para sustituir al IFE

Se estima que el nuevo programa, para el cual trabajan en conjunto los ministerios de Economía, Desarrollo, Trabajo y la Anses, tendrá un piso de 4 millones de beneficiarios.

El gobierno comenzó a analizar distintas alternativas económicas a implementar cuando finalice la cuarentena. Entre ellas se encuentra un nuevo programa -o renta básica- destinado a sustituir el Ingreso Familiar de Emergencia, que actualmente ofrece $10.000 a trabajadores informales, monotributistas sociales y empleadas domésticas.

Tanto la Anses como la Jefatura de Gabinete y los ministerios de Economía, Desarrollo Social y Trabajo están trabajando sobre el nuevo plan que se pretende llegue a personas en mayor estado de vulnerabilidad luego de la cuarentena, un número que rondaría los 4 millones de beneficiarios.

“Se está pensando en un beneficio para personas en mayor estado de vulnerabilidad luego de la cuarentena. El IFE dejó un mapa claro de la situación”, comentaron fuentes cercanas al Gobierno. “En ese mapa, por ejemplo, quedó en evidencia que 4 millones de personas nunca habían tenido un trabajo en blanco o una cuenta bancaria. Ese número sería el piso de beneficiarios a los que está pensando llegar el Gobierno con la renta o el ingreso universal.

Una de las opciones que se estudia es que el programa esté orientado al empleo, que las personas que lo reciban tengan además un proceso de capacitación y de inserción laboral en el sector privado. En ese sentido, se espera que, por ejemplo, las empresas puedan emplear a los beneficiarios con fondos del Estado, , en una primera instancia.

Otro aspecto importante en el que se trabaja es que no haya intermediarios entre el Estado y los beneficiarios. “Que el registro y el criterio de elección esté en manos del Estado y no de organizaciones intermedias”, destacaron los informantes.

“En el mundo ya hay un debate sobre el ingreso universal, a la luz de la inequidad y de las vulnerabilidades desnudadas por la pandemia. Más aún en países en desarrollo, donde el 50% de los trabajadores son precarios con ingresos inestables que caen a pique en las crisis. Pero no hay que confundir los términos: pocos países en desarrollo tienen los recursos fiscales para un ingreso universal”, señaló el economista Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.

“Lo que hoy se discute son extensiones de los programas existentes, como la AUH para menores o la PUAM para adultos mayores o el reciente IFE. En este sentido, las propuestas apuntan a un piso de ingreso para eliminar la pobreza extrema y el hambre, más que a una renta universal para la que deberíamos ver primero un fuerte crecimiento del ingreso per cápita y una recomposición de las cuentas públicas”, agregó

Aunque al momento no se conocen precisiones sobre su implementación, podría considerarse como un ingreso mínimo universal a una transferencia equivalente a la línea de indigencia, por persona. En este caso, estaría destinado a los mayores de 18 años que no perciban ingresos. Para ello, cada beneficiario debería tener una cuenta bancaria gratuita.

Levy Yeyati alertó sobre las dificultades que suelen tener los programas de inserción laboral. “Hoy los programas sociales ya piden esa contraprestación laboral, que suele reducirse al filtro de las organizaciones sociales, sin creación genuina de trabajo. Es ingenuo pensar que los beneficiarios de estos programas conseguirán un empleo en relación de dependencia: la Argentina, como muchos países en desarrollo, no crea suficientes empleos ni siquiera para su clase media formada, por eso los únicos trabajos que crecen son los precarios, independientes o informales”.

“En la Argentina se podría hacer un ingreso universal reemplazando a todo el gasto asistencial que está muy superpuesto y desordenado, con repartos de dinero del Misterio de Desarrollo Social hacia las organizaciones sociales. Se puede llegar a pensar en unificar todo el gasto asistencial en una renta universal, pero no sería una solución a la pobreza“, detalló Jorge Colina, de Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).

“Los países avanzados llegan a pensar en un ingreso universal porque todo el mundo genera ingreso y la mayoría altos ingresos. La Argentina es un país muy empobrecido, donde la gran mayoría es pobre. Es muy inconsistente en la Argentina”, agregó Colina.