El secretario del Tesoro de Estados Unidos salió a respaldar públicamente la estrategia de Donald Trump en Medio Oriente y aseguró que la Casa Blanca mantiene el control del conflicto, en medio de una crisis regional que sigue impactando sobre la energía y los mercados.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, afirmó que Donald Trump está “neutralizando al régimen iraní” y sostuvo que la ofensiva impulsada por Washington volvió al mundo “un lugar más seguro”. La definición fue difundida en medio de la fuerte escalada en Medio Oriente y se inscribe en el intento de la administración republicana por mostrar que su estrategia combina presión militar, control político y manejo del impacto económico global.
Según la nota publicada por El Objetivo, Bessent remarcó que, de haber tenido Irán “uno o dos años más”, hubiera sido imposible impedir que avanzara hacia un arma nuclear. También aseguró que Estados Unidos tiene “control absoluto del conflicto” y que la campaña busca destruir posiciones estratégicas vinculadas al poder militar iraní, con foco incluso en la zona del estrecho de Ormuz.
Las declaraciones no son menores porque Bessent no es un funcionario de segunda línea: además de su rol económico, en los últimos días se convirtió en una de las voces más visibles de la Casa Blanca para explicar el costo financiero y energético de la guerra. Reuters reportó el 22 de marzo que el propio funcionario aseguró que Estados Unidos tiene fondos suficientes para sostener la guerra con Irán, aunque el Gobierno analiza pedir financiamiento adicional al Congreso para reforzar su capacidad militar.
El respaldo del secretario del Tesoro llega en un momento particularmente delicado. Aunque Trump dijo el 23 de marzo que abrió una instancia de diálogo y postergó durante cinco días nuevos ataques sobre infraestructura energética iraní, Irán negó negociaciones directas y el escenario sigue siendo de altísima volatilidad. Esa combinación de amenazas, señales de tregua y versiones cruzadas explica buena parte de la incertidumbre que domina hoy la crisis.
En paralelo, el conflicto ya dejó una huella visible en los mercados internacionales. La sola posibilidad de una desescalada provocó una caída brusca en el precio del petróleo y una mejora en las bolsas, lo que confirma hasta qué punto el frente con Irán dejó de ser solo un asunto geopolítico para convertirse también en un problema económico global.
Más allá del tono triunfalista de Bessent, la situación dista de estar cerrada. Trump alterna mensajes de fuerza con gestos de distensión, mientras suma tropas a la región y mantiene abierta la amenaza de nuevos ataques si no obtiene resultados políticos concretos. En ese marco, las palabras del secretario del Tesoro funcionan tanto como una defensa de la estrategia militar como una señal interna hacia los mercados y hacia el Congreso estadounidense.
El mensaje de fondo que intenta instalar Washington es claro: la administración republicana busca mostrar que no actúa a ciegas, sino con un objetivo de desgaste sobre Irán y con capacidad para sostener el costo económico del conflicto. El problema es que, mientras esa narrativa se fortalece puertas adentro, en el plano internacional persisten las dudas sobre cuánto margen real existe para evitar una escalada todavía mayor.