ONU: Fuertes condenas latinoamericanas al orden mundial

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, habla ante la Asamblea General de Naciones Unidas el martes 20 de septiembre del 2022, en Nueva York. (AP Photo/Seth Wenig)

Gustavo Petro y Xiomara Castro hicieron fuertes condenas al orden mundial al estrenarse el martes como presidentes de Colombia y Honduras respectivamente en la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuya 77ma sesión fue inaugurada por un Jair Bolsonaro con un ojo puesto en su campaña en busca de la reelección en Brasil.

El presidente brasileño, que procura ser confirmado en el cargo en las elecciones del 2 de octubre, hizo una reseña de los logros de su gobierno. Dijo que Brasil tiene una economía pujante, en la que la pobreza disminuyó “más de un 20%”, y negó que esté alentando la deforestación de la Amazonía, diciendo que hay tanta vegetación nativa como “cuando Brasil fue descubierto en el 1500”.

Sus detractores, sin embargo, lo acusan de fomentar la deforestación en aras del desarrollo y rechazan la noción de que hay una economía floreciente. La Fundación Getulio Vargas dice que la inseguridad alimenticia va en aumento y supera hoy el promedio mundial.

Bolsonaro está detrás de su principal rival, el expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, en las encuestas.

El presidente brasileño Jair Bolsonaro durante el discurso inaugural de la 77ma Asamblea General de la ONU en Nueva York el 21 de septiembre del 2022. (AP Photo/Mary Altaffer)

Mientras que Bolsonaro no cuestionó el orden mundial, varios presidentes latinoamericanos que le siguieron sí lo hicieron.

Petro enfocó su discurso en la promoción de un modelo de desarrollo sustentable y condenó a los países poderosos que “dejan quemar las selvas” para combatir el cultivo de drogas y despejar tierras para la agricultura y la ganadería, “mientras hipócritas persiguen las plantas con venenos para ocultar los desastres de su propia sociedad (las adicciones), nos piden más y más carbón, más y más petróleo, para calmar la otra adicción: la del consumo, la del poder, la del dinero”.

Petro pidió que las naciones desarrolladas que “reduzcan la deuda externa para liberar nuestros espacios presupuestales” y poder enfocarse en las grandes prioridades.

Otro mandatario izquierdista, el chileno Gabriel Boric, lamentó la concentración de la riqueza que hay en su país y dijo que “la desigualdad ha obstaculizado nuestro camino al desarrollo y es una amenaza latente para la democracia… (por) la fractura social que genera”.

En la misma línea, el boliviano Luis Arce dijo que “es inevitable” un nuevo orden mundial “que esperamos sea para beneficio de todos los estados y pueblos del mundo”.

Castro, también de izquierda, dijo que su victoria electoral de fines del 2021 puso fin a 13 años de una “dictadura” que fue avalada por la comunidad internacional y que es una de las principales causantes de las caravanas de migrantes.

“El golpe militar del 2009 fue seguido por dos sendos fraudes (electorales), una pandemia y dos huracanes”, manifestó, al explicar las razones de la emigración.

Petro y Arce, cuyos países son ejes del narcotráfico, dijeron que la guerra contra las drogas ha fracasado y que hay que buscar otras soluciones.

“Seguir haciendo énfasis en la oferta y no en la demanda solo ha servido como pretexto para la militarización”, expresó Arce. “Afecta a los campesinos en el sur y deja en la absoluta impunidad a los grandes grupos criminales, nunca identificados públicamente, en los países cuyas poblaciones consumen masivamente todo tipo de drogas”.

La “guerra contra las drogas”, acotó, “criminaliza y genera sanciones unilaterales contra países del sur, pero blinda el lavado de activos, facilita el tráfico de drogas y otros delitos conexos en los países del norte. Eso ya no puede seguir así”.

El gobernante boliviano planteó la necesidad de una “regionalización” de la lucha contra el narcotráfico “bajo un enfoque integral que sea menos militarizado y más económico-social”.

Petro, por su parte, afirmó que “han aumentado los consumos mortales (y) se ha producido un genocidio en mi continente y en mi país. Han condenado a las cárceles a millones de personas para ocultar sus propias culpas sociales. Le han echado la culpa a la selva y sus plantas”.

“Demando desde mi Latinoamérica herida acabar con la irracional guerra contra las drogas”, dijo el mandatario colombiano. “Disminuir el consumo de drogas no necesita de guerras. Necesita que todos construyamos una mejor sociedad, más solidaria, más afectuosa, donde la intensidad de la vida salve de las adicciones y de las nuevas esclavitudes”.