El techo de esta casa se encuentra clavado en la nieve. En su interior, la habitación para niños, el comedor, el dormitorio y el baño tienen los muebles al revés. “Aquí todo es natural. Todo fue comprado en tiendas habituales, no hay cosas artificiales. Tenemos cereales y comida. De voltear la casa, se podría vivir aquí. Hasta hay vodka y champán”, dijo Donskói.
Desde que los turistas entran por la puerta tienen la sensación de vértigo, no tanto por el hecho de que los muebles estén pegados al techo, sino por una ligera inclinación del suelo, hecha especialmente para agudizar la ilusión.
Alexánder Donskói tiene planeado construir otra casa igual en la antigua capital zarista, San Petersburgo.
Por Melisa Müller | Tw: @Melii_Muller | melisa.muller@hotmail.com