Un informe privado proyecta que las ventas externas llegarían a US$103.740 millones en 2026, una marca histórica para el país. Agroindustria, energía, minería y economía del conocimiento aparecen como los motores principales, aunque el desafío será transformar ese ingreso de divisas en inversión, empleo y mayor competitividad.
Argentina podría cerrar 2026 con un récord histórico de exportaciones y superar por primera vez la barrera de los US$100.000 millones. La proyección surge de un informe de la consultora LCG, que estima ventas externas por US$103.740 millones para este año.
El dato marca un salto relevante para la economía nacional. De confirmarse, el país quedaría por encima del máximo registrado en 2022, cuando las exportaciones habían alcanzado aproximadamente US$88.846 millones. También implicaría unos US$16.600 millones adicionales respecto de 2025, según la estimación difundida este martes.
El agro sigue siendo una pieza central del comercio exterior argentino, pero el mapa exportador empieza a mostrar una composición más diversa. La mejora esperada para 2026 no se explica únicamente por granos, carnes o derivados agroindustriales: también ganan peso la energía, la minería y la economía del conocimiento.
La tendencia ya venía apareciendo durante el primer semestre. Según datos del INDEC, las exportaciones alcanzaron en mayo de 2026 un récord mensual de US$9.537 millones, con una suba interanual del 34,4%. En ese mismo mes, las importaciones fueron de US$6.033 millones, lo que dejó un saldo comercial positivo relevante.
En el acumulado del primer semestre, distintas estimaciones privadas ubicaron las exportaciones argentinas cerca de los US$49.454 millones, con un crecimiento de 24,4% respecto del mismo período del año anterior y un superávit comercial superior a los US$13.900 millones.
Uno de los cambios más importantes es el peso creciente de los sectores energético y minero. Vaca Muerta viene incrementando su aporte exportador a partir de la producción de petróleo y gas no convencional, mientras que la minería aparece como una de las actividades con mayor potencial de expansión en los próximos años.
Según la información difundida a partir del informe de LCG, las ventas externas vinculadas a la minería podrían dar un salto significativo, impulsadas por proyectos que empiezan a madurar y entrar en producción. Algunas estimaciones ubican ese crecimiento por encima del 150%, al pasar de alrededor de US$842 millones a unos US$2.100 millones.
La energía también viene modificando el saldo externo. La mayor producción de shale oil y shale gas permite reducir importaciones y aumentar exportaciones, un doble efecto que mejora la disponibilidad de divisas. En ese escenario, Vaca Muerta se consolida como una de las apuestas estructurales para cambiar la balanza comercial argentina.
Aunque el mapa se diversifica, el campo continúa siendo el gran generador histórico de dólares. La agroindustria aporta granos, aceites, harinas, carnes, lácteos, maní, economías regionales y biocombustibles. Para Córdoba, este punto es central: la provincia tiene peso propio en maíz, soja, trigo, carne, leche, maquinaria agrícola, bioenergía y alimentos con valor agregado.
La Bolsa de Comercio de Rosario proyectó para 2026 una liquidación de divisas del sector agropecuario superior a los US$36.000 millones, lo que confirma que el agro seguirá siendo una columna vertebral del ingreso externo argentino.
En Córdoba, esa dinámica impacta directamente en el interior productivo. Cuando el agro exporta más, se mueve una red completa: contratistas, transportistas, acopios, cooperativas, estaciones de servicio, industrias alimenticias, fábricas de maquinaria, bancos, aseguradoras y comercios regionales.
Otro sector que gana lugar es la economía del conocimiento. Software, servicios profesionales, tecnología, biotecnología, producción audiovisual, ingeniería y servicios basados en conocimiento ya forman parte del grupo de actividades exportadoras relevantes.
Informes privados mencionados por medios nacionales ubican a la economía del conocimiento entre los cinco principales complejos exportadores, con ventas superiores a los US$10.000 millones anuales.
Para Córdoba, este punto también tiene valor estratégico. La provincia cuenta con universidades, polos tecnológicos, empresas de software, startups, servicios profesionales e industrias vinculadas a innovación. Es decir, no solo puede participar del récord exportador a través del campo, sino también mediante talento, servicios y tecnología.
El récord exportador no viene solo. También se proyecta un fuerte superávit comercial. Según estimaciones privadas, el saldo positivo de 2026 podría ubicarse por encima de los US$20.000 millones, una cifra clave para la estabilidad macroeconómica, la acumulación de reservas y la disponibilidad de dólares.
Ese punto es importante porque Argentina necesita divisas no solo para crecer, sino también para pagar deuda, importar insumos, sostener reservas, estabilizar expectativas y financiar inversión productiva.
Sin dólares suficientes, la economía argentina suele enfrentar cuellos de botella: restricciones a importaciones, tensiones cambiarias, falta de insumos, presión sobre precios y menor capacidad de crecimiento. Por eso, un año exportador fuerte puede aliviar parte de esas tensiones.
Para Córdoba, el posible récord exportador abre una oportunidad y una pregunta. La oportunidad es clara: una Argentina que exporta más puede beneficiar a provincias productivas con capacidad agroindustrial, tecnológica y manufacturera. La pregunta es si ese salto se traducirá en más inversión, más empleo y más valor agregado local.
El riesgo es que el récord quede concentrado en pocos sectores o regiones, sin derramar lo suficiente sobre pymes, proveedores, empleo privado y desarrollo territorial. Para evitarlo, las provincias necesitan infraestructura, rutas, energía, conectividad, financiamiento, reglas estables y políticas que ayuden a transformar producción primaria en productos con mayor valor.
Córdoba tiene condiciones para jugar fuerte en ese mapa. Pero necesita competitividad logística, menos presión impositiva, acceso al crédito y estabilidad de reglas para que sus empresas puedan exportar más.
El récord proyectado es una señal positiva, pero no resuelve por sí solo los problemas estructurales. Exportar más exige precios internacionales favorables, volumen, inversión, infraestructura y capacidad de sostener mercados.
También requiere un tipo de cambio competitivo, costos internos razonables, menor burocracia, puertos eficientes, caminos en condiciones y un sistema financiero que acompañe a productores y empresas.
En otras palabras: el número de US$103.740 millones puede ser histórico, pero el verdadero desafío es que no sea un techo excepcional, sino el inicio de una etapa más estable de crecimiento exportador.
El dato de fondo es que Argentina podría estar entrando en una etapa donde el comercio exterior ya no dependa exclusivamente del ciclo agrícola. Si energía, minería y economía del conocimiento siguen creciendo, el país podría tener una canasta exportadora más amplia y menos vulnerable a sequías o cambios bruscos de precios agrícolas.
Eso no reduce la importancia del campo. Al contrario: lo complementa. Una Argentina que exporta agro, energía, minerales, tecnología, servicios y alimentos elaborados tiene más chances de sostener divisas durante todo el año y no depender de una sola temporada.
Para Córdoba, esa diversificación es una oportunidad. La provincia puede combinar su fortaleza agroindustrial con tecnología, alimentos, biocombustibles, maquinaria, servicios profesionales y economía del conocimiento.
El resultado final dependerá de varios factores: precios internacionales, clima, volumen de cosecha, actividad económica, producción energética, avance de proyectos mineros y comportamiento de las importaciones.
También será clave la política económica. Si el Gobierno logra sostener estabilidad, financiamiento e incentivos a la inversión, el récord exportador puede consolidarse. Si aparecen tensiones cambiarias, suba fuerte de costos o incertidumbre regulatoria, parte del impulso puede perder fuerza.
Por ahora, la señal es potente: Argentina podría superar por primera vez los US$100.000 millones en exportaciones. El desafío será que ese récord no quede solo como una marca estadística, sino que se convierta en más producción, más empleo privado y más desarrollo para provincias como Córdoba.