La candidata a jueza federal de La Plata obtuvo 44 votos afirmativos, 18 negativos y dos abstenciones. La definición dejó expuesta la tensión interna en La Libertad Avanza, luego de que Patricia Bullrich se negara a acompañar el intento de la Casa Rosada de retirar la postulación.
El Senado de la Nación aprobó este miércoles el pliego de María Verónica Michelli para ocupar un cargo como jueza federal de La Plata, en una votación que terminó convertida en un nuevo traspié político para el Gobierno de Javier Milei.
La candidata obtuvo 44 votos afirmativos, 18 negativos y dos abstenciones, una de ellas de Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara alta. La aprobación se dio en una sesión cargada de negociaciones, tensiones y movimientos de último momento, luego de que la Casa Rosada intentara frenar el tratamiento de la postulación.
El pliego de Michelli se había transformado en un foco de conflicto dentro del oficialismo. El Gobierno había buscado retirarlo del temario por el vínculo familiar de la candidata con el periodista Hugo Alconada Mon, ya que Michelli es su cuñada. Esa decisión generó críticas políticas e institucionales, y abrió una grieta dentro de La Libertad Avanza.
Bullrich fue la primera en marcar distancia. La senadora sostuvo que respetaba la facultad constitucional del Presidente para proponer o retirar candidatos judiciales, pero anticipó que no acompañaría la exclusión del pliego. Invocó una “objeción de conciencia” y defendió su derecho a sostener una postura propia frente a una decisión que consideraba institucionalmente delicada.
El gesto irritó al sector más cercano a Karina Milei y a los Menem, que buscaban alinear al bloque oficialista detrás de la estrategia de la Casa Rosada. La tensión escaló al punto de que Bullrich llegó a poner a disposición su renuncia como jefa de bloque, aunque Javier Milei no la aceptó. Luego, Karina Milei la recibió en la Casa Rosada para intentar mostrar unidad y bajar el conflicto.
Sin embargo, la sesión del Senado terminó confirmando que la interna había dejado consecuencias. El tratamiento del pliego se adelantó una semana y fue incorporado sobre tablas en medio de una jornada que ya incluía el debate de numerosos nombramientos judiciales, la ley de inviolabilidad de la propiedad privada y un acuerdo con holdouts por 171 millones de dólares.
La discusión se tensó cuando el oficialismo intentó sumar al recinto otros nombramientos judiciales, lo que generó rechazo del peronismo y de sectores aliados. Tras un cuarto intermedio y una reunión de presidentes de bloque, Bullrich anunció que existía acuerdo de dos tercios de los senadores presentes para ampliar el temario e incluir los pliegos judiciales, entre ellos el de Michelli.
Finalmente, los nombramientos fueron votados en bloques y todos resultaron aprobados, aunque con distintos niveles de respaldo. En el caso de Michelli, la votación dejó en evidencia que la estrategia de la Casa Rosada no logró ordenar al Senado ni evitar que avanzara una candidatura que el propio Gobierno había intentado vetar.
El episodio tiene varias lecturas políticas. En primer lugar, confirma la fragilidad parlamentaria del oficialismo. La Libertad Avanza no tiene mayoría propia y depende de acuerdos con bloques dialoguistas, gobernadores y legisladores con agenda propia. Cuando esa coordinación falla, el Gobierno queda expuesto a derrotas incluso en temas que intenta controlar desde la mesa chica.
En segundo lugar, muestra que Patricia Bullrich conserva margen de autonomía dentro del oficialismo. Su abstención no acompañó plenamente a la oposición, pero tampoco se subordinó al rechazo que pretendía la Casa Rosada. La exministra de Seguridad dejó claro que su alineamiento con Milei no implica obediencia automática en decisiones institucionales que considera cuestionables.
En tercer lugar, el caso Michelli abrió un debate incómodo sobre los criterios de selección judicial. Retirar o bloquear un pliego por el parentesco de una candidata con un periodista crítico del Gobierno fue leído por sectores opositores y judiciales como una señal preocupante. Para sus críticos, la Casa Rosada intentó trasladar una disputa política y mediática al terreno de los nombramientos judiciales.
La aprobación también representa un mensaje del Senado hacia el Ejecutivo: el Gobierno puede proponer, pero no necesariamente imponer. En una cámara donde el oficialismo necesita construir consensos caso por caso, el manejo unilateral de los pliegos judiciales puede volverse un problema político mayor.
Para Milei, el resultado suma otro frente de tensión en una semana en la que intentaba ordenar la interna libertaria y mostrar cohesión después de la reunión entre Karina Milei y Bullrich. La foto en Casa Rosada buscó cerrar la crisis; la votación en el Senado demostró que las diferencias siguen latentes.
La designación de Michelli queda así como algo más que un nombramiento judicial. Se convirtió en una pulseada entre la Casa Rosada, el Senado y una dirigente oficialista con peso propio. Y el resultado fue claro: el Gobierno no logró retirar el pliego, Bullrich sostuvo su posición y la candidata terminó aprobada.
La Libertad Avanza enfrenta ahora el desafío de recomponer autoridad legislativa sin profundizar sus internas. Porque cada episodio de este tipo muestra una dificultad central para el oficialismo: gobernar con una conducción muy concentrada, pero con un Congreso donde el poder se distribuye, se negocia y muchas veces se le escapa de las manos.