La deuda soberana en dólares volvió a mostrar señales positivas y el indicador de JP Morgan cayó a 494 puntos básicos. El mercado acompañó el discurso de Caputo sobre una inflación más baja y volvió a mirar la posibilidad de un regreso gradual al financiamiento internacional.
Los bonos argentinos extendieron su recuperación y el riesgo país volvió a perforar la barrera de los 500 puntos básicos, una señal que el mercado leyó como una mejora en la confianza sobre la deuda soberana. El indicador que elabora JP Morgan retrocedió hasta los 494 puntos y se ubicó en su menor nivel desde fines de enero.
La baja del riesgo país se explica por la suba de los títulos públicos en dólares. En la rueda del jueves, los bonos Globales fueron los que mostraron mejor desempeño, con avances encabezados por el GD41 y el GD46, mientras que los Bonares tuvieron un comportamiento más mixto. De todos modos, la tendencia general volvió a ser favorable para la deuda argentina.
El movimiento no es menor: el riesgo país mide la sobretasa que debe pagar la Argentina por encima de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Por eso, cuando baja, mejora el precio de los bonos y se reduce el costo teórico de financiamiento para el país. En términos simples, el mercado empieza a exigirle una prima menor al Estado argentino para prestarle dólares.
La mejora llega después de varias señales que los inversores venían siguiendo de cerca. Una de las más importantes fue la suba de la calificación crediticia de la Argentina por parte de Fitch Ratings, que a comienzos de mayo elevó la nota soberana a “B-” con perspectiva estable. La calificadora destacó avances en el orden fiscal, mejoras en las cuentas externas, progreso en las reformas económicas y mejores perspectivas de acumulación de reservas.
Ese cambio de calificación funcionó como un respaldo para los activos argentinos. Aunque el país sigue lejos del grado de inversión y conserva vulnerabilidades importantes, el upgrade ayudó a ampliar el universo de inversores que pueden mirar nuevamente la deuda local. Para el mercado, la pregunta ahora es si esta mejora puede sostenerse o si se trata solo de un rebote financiero apoyado en expectativas.
El dato también aparece en un momento político y económico clave para el Gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó en el Latam Economic Forum que la inflación de mayo será más baja que la de abril, cuando el Índice de Precios al Consumidor había marcado 2,6%. Además, sostuvo que para los próximos doce meses el mercado espera una inflación en torno al 20% y descartó un “cimbronazo” económico.
La señal fue bien recibida por los inversores porque refuerza la idea de una continuidad en el proceso de desaceleración inflacionaria. A eso se sumó la última licitación del Tesoro, donde la tasa fija de corto plazo perforó el 2% mensual por primera vez en este ciclo, con una LECAP a septiembre que cortó a una tasa efectiva mensual de 1,99%. Para la City, ese dato confirmó que parte del mercado empieza a convalidar un sendero de inflación más bajo.
La Bolsa porteña también acompañó el clima positivo. El S&P Merval cerró con una suba cercana al 0,5% en pesos y también avanzó medido en dólares. Entre las acciones locales se destacaron Banco Macro y Transener, mientras que en Wall Street los ADR argentinos terminaron con mayoría de alzas, liderados por papeles financieros.
El entusiasmo, sin embargo, convive con cautela. El Gobierno todavía enfrenta vencimientos importantes de deuda en los próximos años y necesita consolidar reservas, sostener el superávit fiscal y evitar tensiones cambiarias que puedan alterar la expectativa de estabilización. Además, el contexto internacional sigue siendo una variable sensible: cualquier cambio en las tasas de Estados Unidos, en el apetito por emergentes o en los conflictos geopolíticos puede impactar rápidamente sobre los activos argentinos.
Por eso, aunque perforar los 500 puntos es una señal relevante, no implica por sí solo que la Argentina vuelva de inmediato a los mercados internacionales. El propio equipo económico viene transmitiendo que no busca emitir deuda externa a cualquier tasa y que un regreso pleno al crédito dependerá de que el riesgo país siga bajando hacia niveles más razonables.
La mejora actual, en todo caso, le da aire financiero al Gobierno y refuerza el relato oficial de ordenamiento macroeconómico. Para los inversores, el desafío será comprobar si el proceso combina estabilidad fiscal, baja de inflación, acumulación de reservas y gobernabilidad política. Si esas condiciones se sostienen, los bonos podrían tener margen para seguir recuperando terreno. Si alguna de esas piezas falla, el riesgo país podría volver a mostrar la fragilidad de una economía todavía en transición.
Por ahora, el dato concreto es que la deuda argentina volvió a operar con tono positivo y el riesgo país cayó a niveles que no se veían desde enero. Para un país que durante años estuvo prácticamente fuera del crédito internacional, cada compresión del spread soberano se transforma en una señal de mercado con impacto político, financiero y económico.