Un nuevo informe de Argentinos por la Educación revela que apenas el 19% de los adolescentes llega a los 15 años escolarizado, sin atraso y con conocimientos básicos de Lectura y Matemática. Aunque la asistencia escolar alcanza el 97%, Argentina cayó al séptimo puesto entre nueve países latinoamericanos. En Córdoba, otro estudio advierte que solo 13 de cada 100 alumnos terminan la secundaria en tiempo y forma y con aprendizajes satisfactorios.
La educación argentina enfrenta una contradicción cada vez más difícil de ignorar: casi todos los adolescentes están dentro del sistema escolar, pero una proporción alarmantemente baja consigue avanzar sin atrasos y adquirir los conocimientos fundamentales para su edad.
Un nuevo informe del Observatorio de Argentinos por la Educación revela que solo 19 de cada 100 adolescentes argentinos de 15 años cumplen simultáneamente tres condiciones: asistir a la escuela, cursar el año correspondiente a su edad y alcanzar al menos el nivel básico de desempeño en Lectura y Matemática.
La cifra ubica a la Argentina entre los países con peores resultados del grupo latinoamericano analizado, pese a tener una de las tasas de escolarización más altas de la región.
El dato obliga a discutir un problema que atraviesa gobiernos, modelos educativos y generaciones: estar sentado en un aula no garantiza aprender.
El 97% asiste a la escuela, pero solo el 19% cumple las tres condiciones
El estudio, titulado Índice de Resultados Escolares en América Latina: ¿Calidad vs. Inclusión?, fue elaborado por Martín Nistal y Lucía Vallejo, de Argentinos por la Educación.
La investigación combina información sobre escolarización, trayectoria educativa y desempeño en evaluaciones internacionales.
Los resultados argentinos muestran tres realidades:
- 97% de los adolescentes de entre 15 y 16 años asiste a la escuela.
- 79% cursa sin sobreedad, es decir, en el año que corresponde a su edad.
- 19% reúne, además de las condiciones anteriores, los conocimientos mínimos esperados en Lectura y Matemática.
La diferencia es decisiva.
El 19% no significa que el 81% restante sea analfabeto o no sepa absolutamente nada. Significa que ocho de cada diez adolescentes no logran reunir simultáneamente los tres requisitos que utiliza el indicador.
Algunos presentan atrasos escolares; otros no alcanzan los umbrales de aprendizaje evaluados; otros quedan fuera del sistema educativo.
El problema es la combinación de esas dificultades.
Argentina perdió terreno frente a sus vecinos
La comparación regional muestra que el deterioro educativo argentino no puede explicarse solamente por las dificultades económicas generales de América Latina.
En 2009, el 26% de los adolescentes argentinos llegaba a los 15 años en tiempo y forma y con conocimientos adecuados.
En la medición más reciente, correspondiente a 2025, esa proporción cayó al 19%.
La Argentina perdió siete puntos porcentuales y descendió hasta el séptimo lugar entre nueve países.
Cómo se ubica Argentina en América Latina
| País | Adolescentes que cumplen las tres condiciones |
|---|---|
| Uruguay | 35% |
| Chile | 34% |
| Brasil | 25% |
| Perú | 23% |
| México | 20% |
| Colombia | 20% |
| Argentina | 19% |
| Ecuador | 14% |
| Paraguay | 7% |
La comparación resulta especialmente preocupante porque varios países de la región con menores niveles de ingreso por habitante consiguen mejores resultados.
Esto demuestra que el problema no depende exclusivamente de cuánto dinero tiene un país, sino también de cómo organiza su sistema educativo, acompaña las trayectorias escolares y garantiza aprendizajes reales.
Córdoba: mejores indicadores relativos, pero una deuda igualmente preocupante
La situación nacional tiene una dimensión particular en Córdoba.
Aunque el nuevo relevamiento regional no presenta una desagregación provincial directamente comparable, existen otros estudios que permiten observar qué ocurre con los estudiantes cordobeses.
Un informe anterior de Argentinos por la Educación, elaborado con resultados de las pruebas Aprender 2024 y datos de trayectoria escolar, mostró que solo 13 de cada 100 estudiantes cordobeses que iniciaron primer grado en 2013 llegaron al último año de la secundaria en 2024 sin atrasarse y con aprendizajes satisfactorios en Lengua y Matemática.
Córdoba se ubicó entre las jurisdicciones con mejores desempeños relativos, junto con Tierra del Fuego y detrás de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que alcanzó el 23%.
Sin embargo, estar por encima del promedio nacional de esa medición —que fue del 10%— no constituye un motivo suficiente de satisfacción.
Significa que, incluso en una de las provincias mejor posicionadas, 87 de cada 100 alumnos de aquella cohorte no consiguieron completar todo ese recorrido en las condiciones evaluadas.
Es importante aclarar que ese 13% provincial corresponde a otra medición, referida al final de la secundaria y basada en Aprender 2024. No debe compararse directamente con el 19% nacional a los 15 años, que utiliza otra metodología.
Ambos estudios, sin embargo, coinciden en señalar una dificultad estructural: el sistema logra incorporar y sostener estudiantes, pero encuentra enormes obstáculos para garantizar aprendizajes adecuados.
El problema comienza mucho antes de los 15 años
Las dificultades detectadas en la adolescencia no aparecen repentinamente al ingresar a la secundaria.
Sol Alzú, analista de Argentinos por la Educación, advirtió que los problemas de comprensión lectora comienzan durante los primeros años de escolaridad.
Cerca de la mitad de los alumnos de tercer grado presenta dificultades para comprender en profundidad textos adecuados para su edad.
Esa debilidad inicial repercute sobre toda la trayectoria posterior.
Un estudiante que no comprende correctamente lo que lee tendrá mayores dificultades para interpretar consignas, estudiar Ciencias Sociales, comprender problemas matemáticos o incorporar contenidos de otras materias.
La Matemática también presenta dificultades acumulativas. Cuando los conocimientos fundamentales no se consolidan en los primeros años, los contenidos posteriores se vuelven progresivamente más complejos.
Así se construye una cadena de desigualdad educativa que muchas veces termina manifestándose en repitencia, sobreedad, abandono o egreso sin los conocimientos esperados.
La pregunta que la política educativa todavía no consigue responder
Durante décadas, una parte importante del debate educativo argentino estuvo concentrada en garantizar que más chicos ingresaran a la escuela y permanecieran dentro del sistema.
Ese objetivo registró avances significativos.
Pero el desafío actual exige una discusión más incómoda: ¿qué están aprendiendo efectivamente los estudiantes?
La ampliación de la matrícula es una conquista social importante. Sin embargo, pierde parte de su valor si no está acompañada por una mejora sostenida en la calidad de los aprendizajes.
El especialista Alejandro Morduchowicz advirtió que la cobertura escolar, por sí sola, resulta insuficiente cuando los indicadores académicos retroceden.
Agustín Porres, de Fundación Varkey, señaló la necesidad de un compromiso conjunto entre escuelas, familias y gobiernos para revertir el deterioro.
En ese escenario, las soluciones no pueden limitarse a tomar más pruebas ni a exigir mejores estadísticas.
Es necesario que los resultados de las evaluaciones se traduzcan en intervenciones concretas dentro de las aulas.
Qué debería cambiar para mejorar los aprendizajes
La evidencia disponible permite identificar prioridades que requieren continuidad más allá de cada gestión gubernamental.
La alfabetización temprana debe ocupar un lugar central. Leer correctamente y comprender textos son condiciones fundamentales para el aprendizaje en prácticamente todas las áreas.
También resulta indispensable fortalecer la enseñanza de Matemática, detectar tempranamente a los estudiantes con dificultades y ofrecer apoyos antes de que esos problemas se acumulen.
La formación docente continua, el acompañamiento institucional, la asistencia regular y la evaluación periódica de avances son herramientas necesarias.
Pero también importa la desigualdad social.
No todos los estudiantes llegan a la escuela con las mismas condiciones. Las diferencias de ingresos familiares, disponibilidad de libros, conectividad, espacios adecuados de estudio y posibilidad de recibir apoyo particular pueden ampliar las brechas existentes.
Por eso, mejorar la calidad educativa requiere actuar tanto sobre la enseñanza como sobre las condiciones que permiten aprender.
Una advertencia para el futuro productivo de Córdoba
La discusión educativa no se agota dentro de las escuelas.
En una provincia con una fuerte presencia industrial, agropecuaria, tecnológica, comercial y universitaria como Córdoba, la formación de los futuros trabajadores y profesionales resulta estratégica.
La industria automotriz, el software, la agroindustria, los servicios profesionales y las actividades vinculadas al conocimiento necesitan personas capaces de comprender información compleja, resolver problemas, interpretar datos y adaptarse a nuevas tecnologías.
Si los estudiantes llegan al final de la educación obligatoria con dificultades importantes en Lectura y Matemática, las consecuencias se trasladan al empleo, la productividad y las oportunidades de desarrollo económico.
También afectan la posibilidad de continuar estudios terciarios o universitarios.
El problema educativo actual puede convertirse, en pocos años, en un problema social y productivo todavía mayor.
Una crisis que atraviesa a todos los gobiernos
La caída del indicador argentino desde el 26% en 2009 hasta el 19% en 2025 deja una conclusión política difícil de eludir: el deterioro educativo no comenzó con una sola administración ni puede atribuirse exclusivamente a un gobierno.
Distintas gestiones nacionales y provinciales tuvieron responsabilidades en la conducción del sistema durante este período.
La continuidad del problema demuestra que las políticas implementadas no fueron suficientes para revertirlo de manera sostenida.
Eso no significa que las decisiones actuales sean irrelevantes. El presupuesto educativo, las condiciones laborales docentes, los programas de alfabetización, la formación y los mecanismos de evaluación continúan siendo responsabilidades concretas de quienes gobiernan.
Pero el país necesita una política educativa capaz de sobrevivir a los cambios electorales.
La educación no puede depender de que cada administración comience de cero, anuncie una nueva reforma y abandone los programas anteriores antes de evaluar sus resultados.
El verdadero fracaso sería acostumbrarse
Hay cifras que deberían provocar mucho más que una discusión ocasional en los medios.
Que solo 19 de cada 100 adolescentes argentinos reúnan las condiciones de escolaridad, trayectoria y aprendizaje esperadas a los 15 años es una de ellas.
Detrás del porcentaje hay miles de historias personales.
Jóvenes que atraviesan la escuela sin recibir una formación suficiente, docentes que trabajan con grupos cada vez más heterogéneos, familias preocupadas por el futuro educativo de sus hijos y oportunidades que pueden perderse antes de llegar a la universidad o al mundo laboral.
La Argentina consiguió ampliar considerablemente el acceso a la educación. Ahora tiene que demostrar que también puede garantizar aprendizajes de calidad.
Porque una escuela que recibe a casi todos, pero no consigue que la mayoría avance y aprenda lo necesario, no está cumpliendo plenamente su misión.
Y el costo de ese fracaso no se mide solamente en exámenes o posiciones internacionales.
Se mide en oportunidades de vida, desarrollo económico, movilidad social y futuro.
La pregunta ya no es únicamente cuántos chicos van a la escuela.
La pregunta urgente es cuánto están aprendiendo y qué estamos dispuestos a hacer para cambiarlo.
