La Selección Argentina venció 3-0 a Benín en una noche que quedará para siempre en la memoria del fútbol argentino. Lionel Messi cerró su historia con la camiseta albiceleste con un gol, dos asistencias, una ovación interminable y una actuación que recordó por qué fue el mejor jugador de la historia de la Selección.
No había resultado capaz de superar el significado de la noche. Argentina ganó 3-0, sí. Pero el verdadero acontecimiento ocurrió cuando Lionel Messi salió por última vez al césped del estadio Monumental con la camiseta celeste y blanca.
Después de 21 años defendiendo a la Selección Argentina, el capitán disputó su último partido internacional y lo hizo de la única manera que conoce: jugando al fútbol como nadie.
Con 91 intervenciones sobre la pelota, dos asistencias, un gol de penal y varias jugadas que arrancaron aplausos incluso cuando no terminaron en la red, Messi volvió a demostrar que el talento no entiende de edad ni de despedidas.
Una última función digna de su historia
Desde el primer minuto quedó claro que la noche no iba a ser un simple amistoso frente a Benín.
Cada vez que Messi tocó la pelota, el Monumental respondió con una ovación. Cada pase despertó una expectativa distinta. Cada gambeta pareció detener el tiempo.
Fue el eje del juego argentino de principio a fin.
Primero, desde el córner, asistió a Nicolás Otamendi para abrir el marcador. Más tarde a Nico Paz, que definió con categoría para el segundo. Y cuando llegó el penal, nadie dudó quién debía ejecutarlo.
Messi tomó la pelota, respiró profundo y colocó fuerte arriba al palo contrario que eligió el arquero para poner el 3-0 definitivo, desatando una celebración que fue mucho más que un gol: era el último tanto de una carrera irrepetible con la camiseta argentina.
Hasta los errores fueron ovacionados
Hubo un detalle que explicó mejor que cualquier discurso la relación entre Messi y los argentinos.
Durante el segundo tiempo desperdició dos oportunidades clarísimas, una de ellas increíble debajo del arco. En otro contexto, esas jugadas habrían generado murmullos.
Esta vez provocaron sonrisas.
El Monumental entendía que ya no importaban las estadísticas. Lo único importante era disfrutar unos minutos más viendo jugar al hombre que durante dos décadas cargó sobre sus hombros la ilusión de todo un país.
De las críticas al amor eterno
La historia de Messi con la Selección nunca fue sencilla.
Debutó en 2005 siendo apenas un adolescente. Ganó el Mundial Sub-20, la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Beijing y luego atravesó años en los que parecía condenado a convivir con comparaciones permanentes.
Llegaron las finales perdidas de 2014, 2015 y 2016.
Llegó incluso aquella renuncia que conmovió al país.
Pero también llegó el regreso.
Y después llegaron el Maracaná, Wembley, Qatar y las dos Copas América que terminaron por cambiar para siempre la relación entre Messi y los argentinos.
Ya no había nada para demostrar.
Solo quedaba disfrutarlo.
Una ovación que recorrió todo el país
La despedida fue mucho más que un partido.
Antes del inicio, una enorme camiseta con el número 10 cubrió el círculo central del Monumental. Durante el encuentro hubo fuegos artificiales, homenajes y un estadio completamente rendido a su capitán.
Después del pitazo final llegaron las lágrimas.
Messi habló con la voz quebrada, agradeció al pueblo argentino y confesó que dejar la Selección le producía un dolor enorme después de más de dos décadas representando al país.
También hubo un espectáculo de drones, la actuación de Soledad Pastorutti y una ceremonia que terminó convirtiéndose en una celebración colectiva de su legado.
Los números de una carrera imposible
Messi se despide como:
- El futbolista con más partidos en la historia de la Selección Argentina.
- El máximo goleador histórico.
- El máximo asistidor.
- Campeón del Mundo.
- Bicampeón de América.
- Campeón de la Finalissima.
- Campeón Mundial Sub-20.
- Medalla de oro olímpica.
Pero su legado excede cualquier estadística.
Porque Messi logró algo mucho más difícil que ganar títulos.
Consiguió que un país entero aprendiera a valorar el esfuerzo, la perseverancia y la humildad tanto como el talento.
El desafío que empieza ahora
Desde este miércoles, la Selección Argentina iniciará una etapa completamente distinta.
Ya no habrá un 10 esperando recibir la pelota para cambiar el partido.
No habrá un zurdo capaz de convertir un pase imposible en una jugada de gol.
No habrá otro Messi.
Lionel Scaloni lo resumió mejor que nadie al terminar el encuentro: reemplazar al mejor jugador de la historia es imposible; el desafío será construir un nuevo equipo entre todos.
Un adiós que no es un final
Habrá nuevas generaciones.
Nuevos ídolos.
Nuevos campeones.
Pero muy pocos deportistas consiguen algo que trascienda el deporte.
Messi lo hizo.
Se convirtió en parte de la memoria colectiva de la Argentina.
Dentro de muchos años, cuando alguien pregunte cómo jugaba Lionel Messi, probablemente nadie empiece hablando de sus goles.
Hablarán de las emociones.
De las noches de Qatar.
De las lágrimas en el Monumental.
De aquella zurda que parecía desafiar todas las leyes del fútbol.
Y de un país entero que, por una vez, dejó de pedirle cosas.
Simplemente le dijo:
Gracias, Leo.
