¿Adiós a los anteojos?

Hasta hace pocos años, pasados los 40, nadie estaba a salvo de la presbicia y de tener que usar anteojos. Pero el desarrollo reciente de las lentes intraoculares multifocales ya está cambiando para siempre el panorama.

A medida que vamos llegando a la mediana edad comienza a afectarnos la presbicia: la lente natural del ojo (el cristalino) pierde la elasticidad que permite que se adapte de manera rápida y automática para ver de lejos y de cerca. A partir del momento en que la persona empieza a notar que su vista falla, los anteojos se suelen transformar, más que en una compañía, en un karma permanente: molestan cuando están, pero también, y sobre todo, cuando no están.

Esto es un impedimento a la hora de ver las letras en el celular, leer un libro, el diario, un cartel de tránsito, mirar la hora o distinguir la letra milimétrica de un envase para saber si es el shampoo o el acondicionador. Hasta las tareas cotidianas más simples como afeitarse, manejar o ir al supermercado, se empiezan a complicar cuando la presbicia aparece.

Depender de los anteojos a cada instante –y no tenerlos a mano– se puede convertir en una verdadera complicación. “Esa suma de alteraciones en la calidad de vida son las que hacen que la persona llegue al consultorio buscando una solución”, explica el Dr. Robert Kaufer (M.N. 83.878 / M.P. 445.193-4), especialista en Cirugía Oftalmológica y Director Médico de Kaufer Clínica de Ojos, quien operó al presidente Mauricio Macri.

La primera solución con la que el especialista prueba en las personas con presbicia que no quieren depender de anteojos son las lentes de contacto –que no todos toleran– y, como último recurso, la cirugía. En este sentido, las intervenciones con láser para modificar la curvatura de la córnea son desde hace tiempo una opción, que puede permitir vivir sin anteojos más tiempo.

Algunas de las tecnologías usadas permiten incluso darle a la córnea una función multifocal que permita ver por igual de lejos y de cerca. Pero las últimas mejoras que se han dado en el campo de las lentes intraoculares multifocales hacen que hoy éstas sean la alternativa más adecuada y confiable para quienes pueden utilizarlas.

Las lentes intraoculares requieren tecnología de última generación tanto para la intervención en sí como para los estudios de diagnóstico previos, que se realizan a fin de evaluar con suma precisión qué tipo de lente será el adecuado para que el paciente recobre toda la funcionalidad de su visión, de forma definitiva y permanente.

La intervención se realiza con anestesia local mediante gotas, despierto o sedado según la preferencia del paciente, que no siente absolutamente nada durante la operación ni después, primero en un ojo y una semana después en el otro (la presbicia en general afecta a ambos). Allí se colocan las lentes en el lugar correspondiente al cristalino, y apenas pasada la puerta del quirófano, visión normal y vida normal.

Inmediatamente después de la operación los pacientes pueden experimentar algunos efectos visuales en las primeras semanas, tales como halos en las luces nocturnas. Estos efectos ópticos se deben a la forma concéntrica de los anillos de la lente multifocal, y al cabo de un tiempo son corregidos automáticamente por el cerebro a través de un proceso de neuroadaptación.

¿Son la solución para cualquier paciente las lentes multifocales intraoculares?

Definitivamente no. “Esta cirugía sólo es aconsejable en aquellos donde el problema se encuentra únicamente en el cristalino del ojo“, puntualizó el Dr. Kaufer. La cirugía produce una pequeña alteración de la calidad visua, la cual es imperceptible en las personas que no cuentan con ningún otro problema de base en su ojo, pero podría empeorar el resto visual cuando existen otros factores como una afección en la retina o glaucoma.

Las cataratas son un problema que también se localiza en el cristalino, cuando este pierde su transparencia. Su reemplazo por una lente multifocal puede permitir, en quienes tienen cataratas y presbicia, solucionar ambos problemas a la vez. Asimismo, permitirá resolver también los problemas refractivos que el paciente pueda tener, como miopía, hipermetropía o astigmatismo. “Normalmente la persona operada viene a control una semana después de la intervención, y después no es necesario vernos más, salvo para el control anual que cualquier persona se debe hacer”, comentó el profesional.

“El 93 por ciento de las personas que opero nunca más usa un par de anteojos”, asegura el especialista en ojos. “Hay un pequeño porcentaje que los usa para algunas tareas particulares o para descansar la vista, pero no depende de los anteojos para ninguna de sus otras actividades diarias”, agregó.

De manera que, para quienes sufren de presbicia y están dentro del grupo de quienes pueden realizarse esta intervención, el fin de los anteojos –con plena salud visual y autonomía– es una posibilidad real.

Kaufer Clínica de Ojos es un centro de alta especialización en oftalmología fundado en 1981 por el Dr. Günther Kaufer y ubicado en la localidad de Martínez, provincia de Buenos Aires.

Desde hace más de tres décadas, profesa un paradigma de respeto hacia sus pacientes, enfatizando la combinación de profesionalismo, vanguardia tecnológica, honestidad absoluta y un profundo respeto por la Medicina, que lo ha posicionado como un centro oftalmológico de trascendencia internacional, siendo pionero en la colocación de lentes intraoculares en Argentina.