En cinco años, Francisco se convirtió en el Papa que más habló de pobreza

Papa Francisco rodeado de miles de niños en Manila - Filipinas

El Sumo Pontífice marcó su época con sorpresas, polémicas y dificultades para reformar la Iglesia.

Hace ya cinco años que el cardenal Jorge Bergoglio apareció en el balcón del Vaticano y, tras anunciar que ahora se llamaba Francisco, bromeó que “vinieron a buscar al Papa al fin del mundo”. Para el primer papa argentino -y latinoamericano-, fueron cinco años muy activos, con sorpresas, claroscuros y ausencias. Desde que fue elegido al trono de Pedro, la noche lluviosa del 13 de marzo del 2013, Francisco tuvo que encarar importantes desafíos, entre ellos los escándalos por abusos sexuales y una dura disidencia interna que se resiste a toda reforma.

“Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”, anunció el Papa en un encuentro con periodistas cuatro días después de haber sido nombrado Papa. Unos diez días después, en su primera homilía de jueves Santo, Francisco instaba a los sacerdotes a “ser pastores con olor a oveja, en medio de su rebaño” y afirmaba que la Iglesia debe “salir de sí misma e ir a las periferias”.

Desde el principio, la atención a los pobres y marginados fue el signo distintivo de un papa que lava los pies a presos y mandó instalar baños y lavaderos para sin techos en el Vaticano. En estos cinco años, Francisco pronunció más de mil discursos, durante los cuales habló de pobres y pobreza en 1.300 ocasiones, mucho más que todos sus predecesores, inclusive que Juan Pablo II que reinó 27 años, según un estudio para la revista italiana Il Venerdi del diario La Repubblica.

“Su sensibilidad hacia la pobreza ha caracterizado todo su camino como pastor de la Iglesia y testigo de Cristo”, reconoció el cardenal Piero Parolin, Secretario de Estado, en el prólogo del libro “El otro Francisco” publicado por la editorial InfoVaticana.

Para muchos vaticanistas y autores de cientos de libros sobre Francisco, ese es seguramente el mayor legado que deja Francisco. Un modelo de Iglesia que se inspira a las enseñanzas de Pablo VI, el papa que modernizó la Iglesia en los años 60 y que propone como ejemplo al arzobispo salvadoreño Oscar Romero, la “voz de los sin voz”. A los dos proclamará santos este año.

De cara a la saga de abusos sexuales cometidos por curas, el papa argentino mantuvo la línea de “tolerancia cero” impulsada sobre el final de su papado por su predecesor Benedicto XVI. Sin embargo, la defensa pública del obispo chileno de Osorno, Juan Barros, acusado de haber encubierto casos de abusos sexuales, y sobre todo su pedido de pruebas a las víctimas, ensombrecieron su visita en enero pasado a Chile.

Ante el desconcierto generado, el Papa decidió revisar el caso, pedir disculpas públicas y enviar a un investigador especializado, un gesto calificado de valiente y poco común para un pontífice.

“Las intenciones del Papa son buenas, pero no se transforman en acciones”, resumió la irlandesa Marie Collins, símbolo internacional de la lucha contra la pedofilia, quien renunció hace un año, indignada, a formar parte de la comisión vaticana encargada para combatir los abusos sexuales en la Iglesia y que Francisco acaba de renovar.