La escuadra nacional comienza a transitar en Madrid y desde las 17 (hora argentina) el camino hacia nuevos horizontes. Con toda la frescura de la renovación, Scaloni, Menotti y con el plus por la vuelta de Lionel Messi. 

El viernes para los argentinos es muy especial debido a que se genera un «corte mental saludable» de la semana. Nos disponemos de otra manera, sin importar lo que nos toque afrontar en la jornada y si a eso le sumamos un evento deportivo como el fútbol más la selección con el regreso del 10, termina por generar ciertas expectativas perdidas en el tiempo.

El equipo dirigido por Lionel Scaloni intentará persuadir con su destreza ante Venezuela a todos aquellos espectadores que en los últimos años fueron perdiendo interés por ver jugar al combinado nacional. Desilusionados por los resultados, las desprolijidades dirigenciales, la falta de un proyecto serio a futuro, como para citar algunos motivos, hicieron que muchos hinchas se alejaran y perdieran interés.

Con sangre nueva muchos de ellos jugando en nuestro país y otros en el exterior, más el regreso del 10, buscará el ensamble que le permita potenciarse y a un mediano plazo pegar el salto de calidad que está necesitando para pensar en objetivos mayores. La velocidad, la habilidad, el buen pie de la mayoría de éstos intérpretes, nos pone en atención a todos aquellos amantes del buen fútbol.

Anhelando que puedan aparecer y generarse las famosas «sociedades en el juego, las paredes, la entrega limpia a un compañero, los cambios de ritmo cuando el desarrollo del juego lo amerita, las pausas oportuna, etc, rasgos o características que nos permitan soñar con la «identidad» que alguna vez tuvimos y que nos llevó a la élite del fútbol mundial.

Desafío en marcha para volver a ser, creer, sentir, emocionarse, identificarse, ilusionarse y nuevamente generar el sentido de pertenencia en cada una de las personas que conforman la institución. Desde los jugadores hasta el último eslabón. Juega la selección y el país lo sabe.