Temperaturas altas ¿Cómo cuidar la piel de los rayos solares?

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Una reposera cómoda, auriculares, una buena lectura y el placer de entregarse al sol… Junto con la arena y el rumor del mar es la postal de vacaciones más soñada. Porque a pesar de los riesgos de los que se habla cada año, pocas mujeres podemos escapar a la tentación del bronceado.

¿Por qué somos adictos al sol? “La luz ultravioleta libera endorfinas en el organismo, que generan una sensación de bienestar y hacen que nos guste estar bajo el sol”, admite Fernando Stengel, médico dermatólogo y presidente de la Fundación del Cáncer de Piel.

El fanatismo de las mujeres por el sol tiene que ver con un ideal de belleza que no cambia aunque los peligros aumenten, asegura Matías Chacón, oncólogo del Instituto Alexander Fleming. “En los 60 no teníamos la incidencia que tenemos hoy de enfermedades de piel -explica-. El aumento tiene que ver con que ahora el sol daña más, pero el paradigma de belleza dice que estar bronceado está de moda”.

El sol directo hace mal, pero nos gusta tomarlo. ¿Qué hacemos? “Cuidarnos. No queda otra”, dice Stengel. Lo primero a tener en cuenta es en qué horarios se puede tomar sol y en cuáles no. “Entre las 10 y las 16 no hay que exponerse porque los rayos ultravioletas son más dañinos. Si estamos al aire libre, hay que buscar siempre una sombra”, explica Andrés Politi, co-coordinador de la Campaña Nacional de Prevención del Cáncer de Piel que organiza la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) para concientizar a la gente sobre el cuidado de la piel.
La otra clave para cuidarse es la protección. Aunque -suponiendo que pudiéramos- no asomemos la nariz a la calle en las horas prohibidas, hay que cuidarse durante todo el día. “Nos preocupamos mucho en verano y cuando estamos en malla, pero hay que empezar a protegerse en la primavera y aún vestidos”, agrega Stengel. No hay que confiarse cuando el sol no está. “Las radiaciones ultravioletas pasan a través de las nubes, por eso los días nublados son los más traicioneros. Estar en el mar o la pileta tampoco protege, sólo refresca: el agua y la arena reflejan los rayos y aumentan su acción”, explica Ana de Pablo, dermatóloga de la SAD.

Además de los protectores, hay una serie de objetos aliados que colaboran en la batalla anti ultravioleta. Los sombreros de ala ancha, las remeras amplias y los lentes con filtro UV ayudan a tapar lo que siempre queda al descubierto, como la cara, los hombros y el escote. Tendemos a cuidarnos los lugares donde más se notan los efectos del sol o donde nos arde, pero con eso no alcanza. “En las mujeres, la mayor incidencia de lesiones que pueden derivar en melanoma no está en el rostro ni en el torso, sino en las piernas. El lugar donde saltearse el protector se siente menos”, asegura Gabriela Cinat, oncóloga del Instituto Roffo.

Todas tenemos que cuidarnos, pero algunas más. Hay fototipos más sensibles que requieren un plus de atención. Las personas de piel y ojos claros, las rubias y las pelirrojas. “Las que siempre enrojecen y nunca se broncean deben estar más alertas. Y las que tengan muchos lunares”, aconseja Gladys Merola, dermatóloga de la SAD.
Los lunares son un llamado de atención. “Son el signo de que la piel reacciona ante un agente externo, como el sol”, explica Cinat. Los especialistas recomiendan revisarlos, como mínimo una vez al año. “El dermatólogo debe examinar todos, no sólo los que están en las áreas que están expuestos al sol”, insiste Stengel.

Algunos tips para tener en cuenta: los lunares más peligrosos son los que sobresalen entre el resto. Hay que estar atentos a los que tienen formas irregulares y a los que cambian de color, de tamaño o de textura con el tiempo. En caso de advertir alguna modificación hay que consultar.

Cuidados especiales

Las embarazadas corren más riesgos. Las idas y vueltas hormonales las someten a cambios de pigmentación que empeoran con el sol. Los chicos también la pueden pasar mal. Se calcula que a los 18 años una persona ya recibió el 80% de las radiaciones de toda su vida, por eso hay que cuidar a los chicos desde que nacen. Hasta el primer año, los bebés no deben estar expuestos a sol directo. Cuando son más grandes hay que asegurarse de que cumplan con los horarios de sombra y la obligación de colocarse protector + 30 cada dos o tres horas, aún cuando estén en la colonia o con amigos.

El precio de las quemaduras es caro. El ardor, el enrojecimiento y las ampollas son los signos de que nos descuidamos con el sol. “Una vez que se van salen pecas y lunares. Parecen simpáticas pero son una muestra de que esas células fueron agredidas”, asegura la dermatóloga Silvia Costantini. La especialista asegura que la piel “no se curte con la edad” y que el tono excesivamente oscuro también es signo de piel lastimada. Una quemadura de sol condiciona todo el que tomemos después. Y no sólo puede producir lesiones, también causa envejecimiento y arrugas prematuras. Un costo que se paga toda la vida.

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Las nuevas disposiciones del ANMAT

Ante la inminente llegada del verano, el ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica) dispuso una reglamentación sobre los protectores solares, que establece los criterios para la clasificación del grado de protección solar y los requisitos en la rotulación de los envases. Las marcas tienen dos años para ajustarse a la nueva disposición. De esta manera, el ANMAT obliga a los laboratorios a que unifiquen ciertas características en las etiquetas. Entre los requerimientos, debe indicarse en forma destacada el número de la protección solar acompañado con la sigla SPF o FPS. En la cara posterior del envase se debe aclarar para qué tipo de piel ofrece protección. Ejemplo: Ofrece alta protección contra las quemaduras solares”.

Además, debe incluir la leyenda: “Es necesario reiterar la aplicación para mantener la efectividad del producto” y “ayuda a prevenir las quemaduras solares”. Debe indicar la composición cualitativa de los filtros solares que contienen; la marca; el contenido neto; el domicilio del titular, elaborador o importador. El lote y la fecha de vencimiento. Y las marcas importadas están obligadas a destacar los datos del responsable en Argentina, con la leyenda en español.

Antes de elegir un protector es esencial prestar atención a la fecha de vencimiento, que debe figurar en el envase en forma visible. “Es importante no comprar productos cuya fecha de vencimiento sea menor a un mes, porque el protector puede producir manchas en la piel -explica la doctora Lilian Demarchi, miembro de la Sociedad Argentina de Dermatología-. Muchas personas lo compran igual pensando que lo van a utilizar durante las vacaciones. Pero lo que desconocen es cómo estuvo conservado el producto: por ejemplo, bajo el calor o la luz.

También hay que verificar que los protectores no estén exhibidos en góndolas que estén expuestas al sol, ya que las altas temperaturas pueden dañar los ingredientes”. A la hora de elegir el protector, se debe tener en cuenta que existen productos solares químicos y físicos. “La diferencia radica en que los químicos contienen ingredientes especiales que actúan como filtros y reducen el nivel de penetración de la radiación UV en la piel -dice la doctora Graciela Cuomo, dermatóloga del Hospital Italiano-. Son pantallas incoloras y suelen contener filtros que absorben los rayos UVA y UVB”. Los protectores físicos, en cambio, tienen compuestos inorgánicos, como dióxido de titanio y óxido de zinc, que reflejan y dispersan las radiaciones UV, proporcionando una barrera opaca de partículas metálicas inertes, dice Cuomo. Y proveen una amplia y alta protección contra los rayos UVA y UVB, siempre mayor a FPS 30. Se recomienda en niños y pieles muy sensibles. Vienen en crema, gel, con o sin color, y en spray, ideal para las mamás con niños pequeños. (Texto: Mónica Soraci)

Del 19 al 23 se realiza la 19° Campaña Nacional de Prevención contra el Cáncer de Piel, organizada por la Sociedad Argentina de Dermatología. 

Fuente: www.entremujeres.com