Macri cerró la campaña en Córdoba, apuntó a los “indecisos”

El frente “Cambiemos” realizó en el estadio Orfeo, en la ciudad de Córdoba, un acto que sirvió para culminar la agenda proselitista y entusiasmar a la militancia con la posibilidad de una segunda vuelta frente a Daniel Scioli.

Banderas amarillas del PRO, banderas blancas de Cambiemos y banderas blanquirojas del radicalismo. “Para quienes identificaban a Cambiemos con un color, desde esta noche (Gabriela) Michetti, (María Eugenia) Vidal y (Elisa) Carrió ya les cambiaron el color. No se enojen, porque el color de ellas es el color de la sangre, de la pasión, es el color de la sangre que corre por nuestras venas de querer cambiar la Argentina, y la vamos a cambiar entre todos”, bramó un eufórico Ernesto Sanz, el último en hablar antes del candidato presidencial ante unos 8 mil militantes que se congregaron en el estadio cubierto Orfeo de Córdoba, en el cierre de la campaña nacional de Mauricio Macri.

Sanz se refería a las blusas de Michetti y de Vidal y al furioso vestido de Carrió, todas de rojo. Una radiografía de un cierre que estuvo atravesado por una fuerte presencia radical, más allá del protagonismo estelar de Macri, que cerró el acto pasadas las 20:30 debajo de una lluvia de papeles de colores, globos blancos y celestes y música de la extinta Gilda.

Macri volvió a repetir el libreto de las últimas semanas frente al auditorio más multitudinario que le tocó enfrentar: machacar con la necesidad del cambio, apelar al voto de los indecisos y de los electores opositores que no lo acompañaron en las PASO, y promesas de aquellos que, según él, no está “dispuesto a hacer”.

“Más que lo que vamos a hacer, lo que no estoy dispuesto a hacer; y lo primero que no estoy dispuesto a hacer es hablar, hablar y hablar y no escuchar, y menos hacer cadenas nacionales todas las semanas. Basta de cadenas nacionales”, se exaltó el líder del PRO, en un discurso medido y cronometrado. Tomó la palabra 19:20 y se extendió por casi 20 minutos.“Si el corazón me aguanta todo esto es porque estoy para muchos años más”, bromeó, desacostumbrado a eventos masivos.

Luego, Macri habló de un “Cordobazo” cuando llamó a los electores de la provincia que gobierna José Manuel de la Sota a votar por Cambiemos.

Un rato antes, “Lilita” había sido mucho más directa. Como de costumbre. “Cuando se habla de república como la agenda más importante de esta Nación yo siento música en mis oídos. Lo siento cuando María Eugenia va a ser la próxima gobernadora de Buenos Aires y va a derrotar al jefe del narcotráfico en la Argentina. Yo siento música en mis oídos. La decisión estratégica que tomamos fue la correcta, y no fue el voto útil. Voy a pedirles que le digan a aquellos que eligen el voto Poncio Pilatos que se quedarán con sus ideas pero perderán la patria”, dijo extasiada la ex precandidata presidencial, que juró: “No me voy a ir”. Fue, después de Macri, la más ovacionada. Blanqueó, como el jefe de Gobierno, la clave del cierre: taladrar con el pedido de voto a los indecisos. Carrió fue, además, la única que mencionó a Aníbal Fernández, uno de los ejes de la campaña bonaerense del PRO. Cuando lo nombró, el estadio cubierto explotó en aplausos.

Unos minutos antes habían sido los radicales Ramón Mestre, Mario Negri, Julio Cobos y Héctor “Pechi” Quiroga los oradores, que subieron al escenario circular por duetos. Después fue el turno del chacarero Alfredo De Angeli, desaforado, de Gabriela Michetti, muy mesurada, y de Vidal, antes de Sanz, Carrió y del propio Macri.

El líder del PRO llegó a la capital cordobesa en un vuelo privado acompañado solo por su mujer, Juliana Awada, que siguió sus palabras desde la primera fila. Desde Buenos Aires llegaron en diversos vuelos, además, Marcos Peña, José Torello, Esteban Bullrich, Fulvio Pompeo, Emilio Monzó, Alfonso Prat Gay, Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta, Carolina Stanley, Jorge Macri, Diego Santilli, Fernando de Andreis y el publicista Joaquín Molla, entre otros dirigentes del PRO y referentes de la Unión Cívica Radical.

A diferencia de Vidal, de Michetti y de Macri, los referentes radicales fueron los más efusivos. “El radicalismo vino a armar una coalición para cambiar los destinos de la Argentina. Se termina la corrupción, el que las hace, las paga. Si el cambio es (Daniel) Scioli es pan con pan comida de zonzos”, gritó Negri. Y lo siguió Sanz. “Cambiemos nació una noche del 2011, la de la última elección presidencial, cuando a partir del resultado de esa elección la diferencia entre oficialistas y opositores fue tan grande que les permitió a los que ganaron sentirse dueños absolutos del poder y acuñar aquella frase trágica del vamos por todo. Y fueron por todo. Y así nos están dejando la Argentina cuatro años más tarde. Estamos ahí, en la mitad del camino. El domingo hay que ganar en todo el país y en la segunda vuelta ponerle una bisagra a la historia argentina. Ese día otorguémosle el certificado de defunción al populismo autoritario, corrupto, que nos ha hecho retroceder en la Argentina”, vociferó el senador de la UCR. “Populismo autoritario”, el mismo rótulo que minutos atrás también le había pegado al Gobierno el chacarero De Angeli, candidato a gobernador en Entre Ríos.

De Angeli hizo delirar a las tribunas, que recién terminaron de completarse –aunque quedaron algunos lugares vacíos- con los discursos empezados. “Vamos por la república en serio, carajo. No estoy preparado para robar, para el narcotráfico, para la corrupción, para eso no estoy preparado. No va a haber lugar para los corruptos en este espacio”, disparó el chacarero, campechano y visiblemente excitado.

Macri dio su último discurso de campaña en Córdoba y esperará la votación hasta el domingo rodeado de sus asesores más íntimos y su familia. Hoy, el líder del PRO tiene previsto participar de un asado en la sede porteña del macrismo en la calle Balcarce, en el barrio porteño de San Telmo. El domingo, el jefe de Gobierno recién se acercará al bunker de Costa Salguero, el habitual, a esperar los resultados a última hora de la tarde. La principal incógnita por estas horas en el PRO –convencidos, según los colaboradores de campaña, que una eventual segunda vuelta está demasiado cerca- es develar el momento adecuado para salir al escenario en la noche del domingo. Dependerá del resultado provisorio: si es ajustado o auspicioso o si es una derrota evidente, este último escenario es el único que no prevén. Estarán pendientes del humor del comando de campaña del Frente Para la Victoria.

Como ellos, los referentes del PRO están cansados de la campaña. Es casi en lo único que coincidieron, entre risas, macristas y sciolistas en la reunión de esta mañana frente a los integrantes de la Cámara Nacional Electoral.