Contrastes Chinos

China es un gigante que logra despertar curiosidad, expectativas, miedos y ansiedad en el mundo entero. Pero ¿por qué Hong Kong presenta un paisaje tan distinto, aun siendo parte del gigante asiático? He aquí una breve explicación para comprender mejor este contraste. El extenso imperio chino ha sido históricamente reacio a la incorporación de valores occidentales, en especial el “libre comercio” y la “democracia”.

Los occidentales, por su parte, ansiaban penetrar en ese gran mercado, del que habían sido excluidos durante tanto tiempo. La situación cambió de forma radical cuando los británicos descubrieron el marcado gusto de los chinos por el opio.

Ante esta situación, el gobierno chino prohibió su importación, pero merced al accionar de contrabandistas y a un alto grado de corrupción, el comercio continuó. Los intentos de China por erradicar la importación de opio exacerbaron a los británicos.

Como consecuencia de ello se desencadenó la Guerra del Opio (1839-1842), a la que puso fin el tratado de Nankín. Este establecía, entre otras cosas, la cesión por parte de China de Hong Kong a Gran Bretaña. Esto produjo gran indignación en el pueblo chino y un enorme deseo de recuperar ese territorio.

Luego de fallidos intentos, en 1978, el líder chino Deng Xiaoping propuso una nueva política para lograr la reunificación. La denominó “Un país, dos sistemas”. Consistía, básicamente, en permitirle a Hong Kong –debido a sus peculiaridades–continuar con la economía de mercado.

No obstante, China continental seguiría con su modelo económico. Xiaoping entendía que el desarrollo de Hong Kong redundaría también en mayores beneficios para la parte continental, debido a que la mayoría de los habitantes de Hong Kong eran procedentes de China, lo cual generaba fuertes lazos familiares y grandes posibilidades de que China continental fuera el destino del dinero de Hong Kong.

Los intentos de reunificación no cesaron, pero recién en 1997 se produjo la retrocesión del territorio. Esta acción de Gran Bretaña no fue consecuencia de una profunda reflexión respecto de sus obligaciones jurídico-internacionales, sino la oportunidad ideal para acceder a ese enorme mercado chino.

En 2001, China dio un paso más que marcó un hito en la historia del gigante asiático: ingresó a la Organización Mundial del Comercio. Esto evidencia la evolución de China y permite concluir que el gigante asiático ha aceptado e incorporado un valor netamente occidental; esto es el libre mercado. Ahora sólo resta saber lo siguiente: ¿aceptará también la democracia? El tiempo responderá la pregunta.

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Iván Ambroggio

Analista internacional, especializado en la Universidad Nacional de Defensa de Washington; Director académico del Diplomado en Gestión de Gobierno de la Universidad de Belgrano, Consultor Político.