El Papa apartó a un obispo involucrado en un escándalo con la secretaria privada

Se trata del responsable de la diócesis de Mallorca, Javier Salinas. El marido de la mujer denunció el caso y presentó pruebas tomadas por un detective privado que había contratado.

El papa Francisco se vio obligado a intervenir en el escándalo surgido alrededor del obispo de la diócesis Mallorca, Javier Salinas, a quien terminó destituyendo de su cargo al trascender que presuntamente mantenía una relación sentimental con su secretaria, una mujer casada.

Salinas, quien presentó previamente su renuncia formal, fue rebajado de categoría y trasladado como obispo auxiliar a la ciudad de Valencia, de acuerdo a lo informado por la oficina de prensa de la Nunciatura Apostólica en España.

En un comunicado de la institución se señala que el pontífice “ha aceptado la renuncia presentada” por Salinas, pero se evita hacer referencia al motivo. En su carta de despedida Salinas afirma que ha tomado la decisión de dejar el cargo “mirando lo mejor para la diócesis”. Pero al mismo tiempo pide “disculpas si con algún defecto mío he ofendido a alguien o le he dado motivos de preocupación”.

Salinas siempre negó la relación sentimental con Sonia Valenzuela, su secretaria particular, y atribuyó las noticias divulgadas “a la reacción de un hombre” que le culpó de la ruptura de su matrimonio. Se refería a Mariano de España, esposo de Valenzuela, quien viene denunciando desde diciembre pasado ella mantenía relaciones con el obispo.

De España, según la prensa de Mallorca, comenzó a sospechar de la relación estrecha que ambos mantenían debido al gran número de horas que ella pasaba en el Palacio Episcopal, y a la cantidad de actos protocolares del obispo a los que acudía.

El hombre, indignado por la situación, llegó a contratar un detective privado para seguir al obispo y a su mujer. Gracias a ello pudo armar una causa con fotos que demostraban que Valenzuela, una mujer de la alta burguesía española, visitaba al obispo en su casa casi a diario y de noche.

El detective también le mostró facturas en las que constaban llamadas de la secretaria al obispo, muchas veces de madrugada: en cuatro meses hablaron 145 horas.

De España, una vez que tuvo los documentos, presentó una denuncia ante la Nunciatura Apostólica en Madrid, el Vaticano y el Obispado de Mallorca, en la que acusaba a Salinas de haber roto su matrimonio.

Tras la denuncia pública Valenzuela renunció a su puesto de secretaria y Salinas fue llamado al Vaticano para dar explicaciones. Lo único que Salinas reconoció fue que ambos se habían intercambiado anillos con sus respectivos nombres grabados. El obispo llevaba la alianza junto a su sello episcopal. Pero argumentó que no lo hicieron por un vínculo amoroso, sino como un gesto en el marco de un grupo de oración formado por ambos.

Cuando el tema estalló en los medios, el obispo se quitó la alianza y se dejó de ver con Valenzuela. En una entrevista concedida poco después de conocerse la denuncia, Salinas afirmó: “No tengo nada que ocultar, ya que en ningún momento he tenido la conciencia de haber actuado contra la doctrina de la iglesia”- Sobre las fotografías que mostraba a la mujer llegando a su casa a altas horas de la noche, respondió que “no dicen nada”. Y de las llamadas dijo que “respondían a temas de trabajo”. “Además, yo siempre las recibí, nunca la llamé yo”, apuntó.

Lo cierto es que el tema generó tal escándalo en España que Francisco tuvo que intervenir en el tema. Destituyó a Salinas y lo envió a Valencia.