Desastrosa incursión de Chevron en Amazonía ecuatoriana

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La explotación del norte amazónico ecuatoriano por la petrolera Texaco-Chevron (1964-1995) fue desastrosa y tuvo efectos letales sobre dos millones de hectáreas de vegetación y la salud de miles de personas, explicó hoy el periodista Esteban Michelena.

En declaraciones a Prensa Latina, el escritor quiteño ganador en tres ocasiones del Premio de Periodismo Jorge Mantilla Ortega, especificó que esa fue la razón de ser de su libro Crónica de una Barbarie Impune: los Últimos Inocentes del Planeta.

La historia de la maldad ambiental y humana comenzó el 21 de febrero de 1964, en el Palacio de Gobierno Carondelet, cuando la Junta Militar a cargo del país autorizó una concesión hidrocarburífera a favor de la Texas Petroleum Company, devenida Chevron, afirmó Michelena.

Indicó que el volumen, de 132 páginas, repasa momentos del inconcluso pasaje, que se consolidó durante 25 años a partir de los hallazgos de crudo en 1967 y en los primeros ingresos nacionales del rubro, que datan de 1972 durante la dictadura militar de Guillermo Rodríguez.

Michelena reiteró a Prensa Latina que Texaco pudo evitar el daño a centenares de familias, las que por su pobreza no pudieron ser parte del éxodo penoso que entre esos ecuatorianos provocó la desaforada actuación de la multinacional.

“Texaco sabía, tenía cómo y con qué evitar el mal, pero no lo hizo y causó una debacle ambiental que superó a otros casos también tristemente míticos como el derrame del buque Exxon Valdez”, recordó el intelectual.

A pesar de la comprobada contaminación de más de dos millones de hectáreas de suelo amazónico y de fuentes de agua, insistió, la petrolera ha movido cielo y tierra para negar sus responsabilidades y evitar la sanción. Pasaron 22 años desde al demanda de la indígena Aguinda (1993) hasta la fecha, y pese a la sentencia, el caso no se cierra, apuntó.

Comentó que a través de movimientos y denuncias ante cortes internacionales -el Tribunal de Arbitraje de La Haya- el consorcio se niega a aceptar su sentencia y pagar nueve millones 500 mil dólares que impone la recuperación de pasivos ambientales y sociales.

Crónica de una Barbarie Impune: los Últimos Inocentes del Planeta, que se presenta oficialmente en esta capital, es reflejo de la capacidad de bloqueo y dilación ejercida por la firma petrolera en el caso y el largo tránsito del tema por la justicia internacional, insistió.

Chevron pretendía que Ecuador asumiera ante las comunidades los perjuicios ambientales provocados en la Amazonía por la compañía amparada en un acuerdo firmado entre Estados en 1998, dijo.

El consorcio estadounidense, amplió, abandonó Ecuador en 1992, en tanto un Tratado de Inversión Recíproca rubricado entre Estados Unidos y Ecuador, y aplicado con carácter retroactivo, protegía a la transnacional.

Ese nexo se aplicaba a conflictos entre Estados, aunque la demanda contra Chevron fue planteada por comunidades amazónicas, razón por la cual el laudo emitido reconoció los derechos individuales de los ecuatorianos en la Haya, puntualizó. Mis personajes, todos reales -subrayó el periodista ecuatoriano- narran la forma en la cual hallaron este otrora paraíso terrenal.

Según los relatos de la mayoría de los lugareños “cuando llegamos a la zona norte de la Amazonía ecuatoriana eran el cielo, la selva y el río”, expresó.

Y ahora, aseveró el escritor, los lojanos, manabitas, azuayos y orenses cuentan historias de amor, pertenencia, patriotismo y orgullo, pero también de cómo se ocultaron o perdieron especies de animales, pueblos originarios, y el río se volvió negro.