Lo que el Ébola nos dejó

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Se dieron a conocer nuevas cifras relacionadas con la epidemia que conmocionó al mundo, esta vez, Unicef hizo público el número de niños africanos que quedaron huérfanos debido a la enfermedad.

Ha transcurrido mucho tiempo ya desde aquel 2 de diciembre de 2013 en el que  un niño de  Guinea se contagió con el virus y desarrolló la enfermedad convirtiéndose, para los especialistas  en salud, en el paciente cero.

Desde ese momento, el virus se propagó y recién en Marzo del año siguiente Guinea realiza las pruebas correspondientes, identifica la situación sanitaria a la que se enfrenta y convoca a la Organización Mundial de Salud y a Médicos sin Fronteras. La respuesta llega cuando el virus ya se había propagado.

Los países más azotados fueron y aún lo siguen siendo Guinea, Liberia y Sierra Leona, cuyo sistema de salud se resquebrajó, lo cual se vio aún más perjudicado por la respuesta del Sistema Internacional, que  no estuvo a la altura de esta crisis.

La OMS no declaró la emergencia sanitaria internacional hasta el 8 de agosto de 2014, recién aquí se pidió colaboración al mundo, cuando el virus ya había tomado mucha ventaja. Según datos de UNICEF, hay 18,7 millones de personas en riesgo, de las que 9,8 millones son niños y jóvenes menores de 20 años. La epidemia se ha cobrado ya 8.921 víctimas mortales y hay 22.334 casos de contagio.

Los principales responsables globales de la lucha contra el ébola, el enviado especial del secretario general de Naciones Unidas, David Nabarro, y el director general adjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Bruce Aylward, anunciaron que la epidemia aún persiste y que los ritos tradicionales que rodean a los entierros son el principal foco de transmisión.

Unicef indicó recientemente que 16.600 niños quedaron huérfanos debido al virus, de los cuales 9.234 niños perdieron a uno de sus padres, 3.584 a padre y madre, y 3.782 a la que se ocupaba de ellos en los tres países más afectados.

Lo que nos deja la epidemia son estos dramáticos números, la necesidad de seguir trabajando coordinadamente  en el presente y en un futuro en las regiones azotadas y la responsabilidad de revisar lo hecho hasta el momento, porque las respuestas de la comunidad internacional llegaron tarde.