¿Qué cultivar de trigo va elegir para ésta campaña?

Una de las medidas de costo = 0 de mayor impacto en el rendimiento y la calidad del cultivo es sin dudas partir de una correcta elección del material a sembrar.

Con la quita de retenciones al tradicional cereal, la apertura de las exportaciones y las  lluvias que recargan el perfil para el invierno, se preve sin dudas una fuerte incremento en la intención de siembra del trigo.

Algunos productores a pesar de que antaño la opción solo era interesante desde el punto de vista agronómico, como un material fundamental en la rotación, pero no desde el punto de vista económico han mantenido un mínimo de producción en el país y están mas avezados para tomar una correcta decisión referido a la elección correcta del cultivar. Sin embargo, muchos otros, constatan que la última vez que implantaron trigo lo hicieron en la década pasada, incluso mucho antes. A éstos últimos les puede ser de gran utilidad tener una visión técnica a modo de mapa de ruta  a la hora de la elección.

La mejor variedad no existe, porque nadie tiene todavía el “diario del lunes”,  es decir la información precisa de la campaña de trigo finalizada, sin embargo, con un buen criterio agronómico y análisis de determinados factores,  podemos seleccionar para cada campo el material que tenga mayores posibilidades de desarrollar el  mejor comportamiento.  Lo importante es poder cambiar azar por conocimiento e información. Y seguramente bajo ésta premisa la probabilidad de cometer errores disminuye drásticamente.
Estructura del cultivo
Parte importante del resultado del trigo depende de decisiones ligadas a la definición de la estructura del cultivo. La estructura queda determinada por la combinación de fecha de siembra, variedad, espaciamiento entre hileras y densidad. Según nuestros análisis, entre el 8 y el 21% de la variabilidad de resultados de campaña es explicada por la estructura (sin considerar la interacción que puede haber entre estructura y otros factores). En la definición de la estructura, la elección de la variedad es crítica dado que condiciona tanto el rinde y la calidad del grano como otras decisiones de manejo del cultivo (ej. densidad, protección contra enfermedades o fecha de siembra).

El mercado ofrece una gran diversidad de variedades. No hay una variedad mejor; la mejor variedad depende de los objetivos productivos. Los objetivos productivos pueden ser varios: (a) obtener el máximo rinde, (b) obtener una excelente calidad, (c) obtener un balance apropiado rinde/calidad o (d) disminuir costos, por ejemplo. Los objetivos productivos dependen de factores tales como el potencial del ambiente, pero también de factores operativos, económicos o de mercado (ej. precios esperados, beneficios por calidad). Estos objetivos productivos configuran el mapa de variedades y su difusión. En nuestra regiones trigueras, pocos objetivos productivos están muy representados en cada región; esto determina en ellas el predominio de un grupo relativamente reducido de variedades (como ejemplo, ver figura 1).

Ensayos comparativos de rto por región

 

Figura 1: Rinde regional promedio aproximado de trigo, variedades utilizadas y porcentaje del área que ocuparon durante la campaña 2013/14 en varias zonas de AACREA. La figura fue elaborada por E. Satorre y F. Bert en base a las presentaciones realizadas en la reunión anual de cosecha fina de AACREA (27 de marzo de 2014).

La variedad debe elegirse después de fijar los objetivos productivos. Para cada objetivo, puede haber más de una variedad apropiada. Por ejemplo, en un lote de alto potencial donde se aspira a maximizar el rinde, el conjunto de variedades a evaluar será uno. Contrariamente, en un ambiente con limitantes productivas, se puede aspirar a un planteo de trigo de calidad u orientado a reducir costos (el rinde está limitado) y entonces el conjunto de variedades candidatas será otro. Por otro lado, disponer de distintas variedades, con características diferentes, para cumplir un mismo objetivo ofrece la oportunidad de diversificar algunos riesgos.

En última instancia hay que elegir una variedad para cada lote o unidad de manejo. Teniendo en claro el objetivo productivo del lote, al momento de la elección deben considerarse tres atributos clave de las variedades. A continuación se detallan estos atributos:

1. Comportamiento frente al rendimiento (potencial y estabilidad) 

Hay diferencias importantes entre las variedades actuales para alcanzar altos rendimientos (potencial de rinde). Distintos ensayos muestran variedades cuyo potencial de rinde (es decir, rinde en muy buenos ambientes) es 5- 10% superior que el promedio de las restantes en la comparación. Estas variedades serían las más apropiadas para ambientes donde se presume que el cultivo puede expresar ese alto rendimiento.

Por otro lado, los ensayos suelen también mostrar que el rinde de las variedades tiende a ser similar en ambientes de potencial intermedio- bajo (ej. 3800-4500 kg/ha); las variedades de mayor difusión se comportan de manera muy semejante y, en estas situaciones, el atributo potencial de rinde no es crítico para la elección.

Suelen verse de nuevo algunas diferencias entre variedades cuando los rindes son muy bajos (menores a 3000 kg/ha), exaltando la estabilidad de algunas variedades en esas condiciones más limitantes para el cultivo. Reconocer el ambiente productivo que experimentará nuestro cultivo aparece como un primer criterio para la elección y el manejo del elenco de variedades disponibles.

En casi toda el área triguera, los mayores rindes se logran con las variedades de mayor longitud de ciclo. Sin embargo, hay variedades de alto potencial con muy distinta longitud de ciclo. Los factores que controlan el ciclo de una variedad pueden determinar comportamientos muy distintos entre regiones y, especialmente, fechas de siembra. A modo de ejemplo, variedades con altos requerimientos de vernalización (altos requerimientos de frío) se comportarán de manera más inestable a medida que se siembren hacia el norte o en fechas más tardías. Este comportamiento particular de las variedades, determinado por su ciclo, o mejor aún, por los factores que regulan su ciclo y su potencial de rinde, tiene una implicancia práctica muy fuerte a la hora de establecer su elección o manejo. De hecho, ajustando la variedad (ciclo) a la fecha de siembra, pueden mantenerse el potencial de rinde y la estabilidad de un planteo dentro de una amplia ventana de siembra (ej. desde fin de mayo a principios de julio) según la región.

En este marco conceptual, el rendimiento de nuestro cultivo no está condicionado por la longitud de ciclo de la variedad, sino que el mismo depende de una combinación entre esa longitud de ciclo y su fecha de siembra. La implicancia de este concepto es que nos obliga a dejar de pensar el plan de siembra por lote, para condicionar cada variedad disponible a la fecha de siembra de cada lote. A la pregunta, ¿qué variedad vas a sembrar en ese lote? deberíamos responder: “la que corresponda (por objetivo y ciclo) a la fecha en que pueda entrar a sembrarlo”.

2. Comportamiento por calidad 

También hay diferencias importantes en la calidad de las variedades actuales. La información provista por el semillero en cuanto al grupo de calidad al que corresponde cada variedad (G1, G2 o G3, para los de mayor o menor calidad, respectivamente) es un elemento importante para elegir variedades cuando se aspira a lograr un trigo de calidad. En general, las variedades de alto potencial de rinde tienden a mostrar bajos valores para algunos parámetros de calidad. Asimismo, tiende a existir una relación negativa entre rinde alcanzado y parámetros de calidad (mediada por la variedad). Esto determina que los objetivos de alto rinde y calidad sean, con pocas excepciones, fuertemente contrapuestos. Aunque la variedad es condicionante de la calidad, la calidad comercial y panadera de un cultivo está fuertemente influenciada por su manejo. El mane-jo del cultivo a través de la fertilización (dosis y momento) o la fecha de siembra pueden de-terminar que los parámetros de calidad de la variedad varíen marcadamente. La fertilización nitrogenada, sin dudas, es la herramienta disponible para sostener los parámetros de calidad cuando elegimos variedades con objetivo de alto rinde.

3. Comportamiento frente a enfermedades (Sanidad) 

Finalmente, también hay diferencias importantes en el perfil sanitario de las variedades disponibles de trigo. Las diferencias más marcadas son principalmente en la susceptibilidad o resistencia frente a roya anaranjada de la hoja. También pueden agruparse variedades según su comportamiento frente a fusarium de la espiga y, con menores diferencias, frente a mancha amarilla. Si bien no siempre es clara la relación entre el potencial de rinde de la variedad y su perfil sanitario, algunas de las variedades actuales de alto potencial son muy susceptibles a enfermedades foliares, por lo que la obtención de ese potencial depende del correcto manejo de las enfermedades. Un análisis cuidadoso permite, sin embargo, discriminar variedades con muy buen comportamiento frente a enfermedades, principalmente roya de la hoja, para ambientes de alto o medio bajo rendimiento. En ambientes restrictivos, las variedades de buen perfil sanitario podrían disminuir costos por evitar o disminuir aplicaciones de fungicida.

“Poner los huevos en canastas distintas”

A excepción de casos particulares, aún en superficies relativamente pequeñas, es difícil (aunque no imposible) que se decida sembrar una sola variedad. Dos o tres variedades pueden confiablemente aportar flexibilidad y seguridad a un objetivo productivo. Ese pequeño grupo dependerá de la variabilidad ambiental, capacidad y seguridad operativa, negocios alternativos en el mercado de trigo, etc. Asimismo, ese grupo cambiará con la aparición de nuevas variedades u objetivos. En cualquier caso, prestar la atención y el tiempo necesarios a decidir qué variedades sembraré, y cómo lo haré, es el primer paso hacia la construcción de un cultivo de trigo rentable y productivo.

Dr. Ing. Agr. Federico Bert y Dr. Ing. Agr. Emilio Satorre