La carne argentina es apetecible en el mundo, pero es poca

“En los últimos 10 años, el índice mundial del precio de la carne (vacuna) aumentó 45%, lo que muestra la firmeza que mantiene la demanda de este producto”, señaló Jorge Torelli, vicepresidente del IPCVA, durante el reciente seminario del Instituto en Villaguay, en un salón atiborrado de gente, lo que también deja en claro el interés de los productores locales por incrementar, o volver, a los planteos ganaderos.

Y, la verdad, la “foto” internacional es buena, ya que tanto el comercio de carne vacuna, como los precios, siguen manteniendo la tendencia alcista de la mano de la consolidación de la demanda asiática (China), especialmente, pero también en el caso de Argentina, con la “vuelta” de Chile, y el mantenimiento de Israel y de Alemania. Lo interesante es que las perspectivas de la economía mundial están indicando un retorno al “viento de cola”, por el nuevo crecimiento de las principales regiones que, de confirmarse, van a consolidar adicionalmente la tendencia.

Por el lado local, también los indicadores macro van siendo positivos con una baja paulatina de la inflación que, aunque más lenta que lo esperado, va mejorando el poder adquisitivo. “También las perspectivas de crecimiento económico, en alrededor de 2,7% del PBI/año y, especialmente la relación insumo-producto para el maíz son muy buenos”, destacó por su parte, el especialista Adrián Bifaretti en Villaguay. Tanto es así que señaló que de los 110 kilos de novillo que se requerían para comprar una tonelada de maíz, en la actualidad hacen falta solo 80 kilos.

Esto también se vio reflejado en los mayores niveles de llenado de los encierros a corral (feedlots) que en las próximas semanas van a permitir un incremento en la oferta de carne.

Sin embargo, subsisten aún sobre la actividad pesados nubarrones, algunos de los cuales fueron presentados como “dudas” por el Director del Rosgan, Raúl Milano, quien, entre otras cosas, planteó: “¿Queremos un país que recupere su perfil exportador o preferimos solamente el mercado interno?; Los aceleradores de crecimiento ¿deben ser incorporados a nuestro status sanitario?; La venta de la carne en el mercado interno ¿seguirá igual por otros 100 años?, o los mercados de referencia ¿deben ser repotenciados o solamente buscamos la venta directa?”.

Y, si bien todas estas dudas son muy importantes, la primera y la tercera son verdaderamente trascendentes, al menos si se quiere un planteo ganadero estratégico, como el que llegó a tener la Argentina a principios del siglo pasado.

Y en tal sentido, si bien siempre el consumo interno fue una de las columnas centrales de la actividad, nunca se había llegado a porcentajes de participación tan bajos de las exportaciones como en los últimos años, muy por debajo de las 300.000 t/año e incumpliendo, incluso, Cuotas extraordinarias como la Hilton (ahora nuevamente en u$s14.000/t) a pesar de lo codiciado de este cupo.

La situación, aunque revirtió levemente la tendencia bajista, aún se encuentra por debajo de los parámetros esperables de 500-600.000 toneladas, o más, de exportaciones por año como llegó a tener la Argentina en los ´90.

Una de las causas, obvia, fue la pérdida de una cuarta parte del rodeo vacuno hace 8-10 años atrás, y que solo se recuperó en 35%-40%. Pero también hay un factor que lo plantea tácitamente, el especialista Ignacio Iriarte cuando sostiene en Informe Ganadero que “en EEUU hay 30 millones de vacas de carne y 9 millones de vacas lecheras (…), mientras que en Argentina puede calcularse (ahora) unos 21,6 millones de vacas, y unas 1,7 de lecheras”.

Sin embargo, la productividad y los niveles de extracción en EEUU son muy superiores a los de la Argentina, y eso es lo que permite que mientras ellos se mantienen entre los principales exportadores, la Argentina se haya caído prácticamente del mapa del comercio mundial.

También, aunque es cierto que localmente se faenan, en general, animales muy livianos (que son los que prefiere el consumo interno) desperdiciando, así, la posibilidad de producir más carne, no es menos cierto que hay un volumen de carne proveniente de animales pesados muy superior al que realmente se llega a exportar, lo que también deja en claro que la baja participación de Argentina en el mercado mundial responde a otros factores internos del país como el tipo de cambio, altos costos en dólares, cargas laborales, costo de la energía, etc., que le restan competitividad al producto local. Iriarte, además, sostiene que “se agrega, que el consumo local hoy paga mejores precios.

Así las cosas, y tomando en cuenta que ya se llevan tres ciclos con excesos hídricos e inundaciones en plena zona de cría, lo que viene provocando una sensible baja en la oferta anual de terneros y en los niveles de preñez, entonces queda en claro que el aumento en la oferta de carne para exportación, aún considerando que el consumo interno se mantenga solo en los 60 kilos actuales y el resto crezca de la mano de pollos y cerdo, va a ser muy lento y con señales de escasez en distintos eslabones de la cadena, por lo que el crecimiento deberá venir, especialmente, por los eventuales aumentos en las cotizaciones internacionales, y por la obtención de los mejores mercados para lograr mayores diferencias.

Fuente: Ambito Financiero – Susana Merlo