Informe especial: “Pobres de capital, ricos de dignidad”

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Agricultura familiar-granja-

Los agricultores familiares, son los “héroes silenciosos”, y caen en el olvido de la mayor parte de  los principales medios de comunicación masivos. Sin embargo  el INTA los revaloriza y les otorga soluciones prácticas para su desarrollo.

En materia  agropecuaria, hablar del sector rural como si fuera una masa compacta y homogénea es imposible. Hay realidades muy diversas y sobre todo contrastantes, referidas a los protagonistas cotidianos de la agenda rural.

En pos de hacer un esfuerzo por abreviar, se podría decir que el campo está compuesto por dos Argentinas bien distintas y antípodas.

Una está formada por los productores agropecuarios con  mayor “prensa”:

Son los dueños del 80 % de la tierra agropecuaria  y  forman parte de un basto sector que se dedica a los cultivos extensivos y explotaciones pecuarias mayores a las 400 hectáreas , llegando a los terratenientes. Si bien dentro de éste grupo no todos cuentan con las mismas posibilidades,  su situación es muy superior en cuanto a recursos, comparada con los que integran el siguiente grupo:

Otra Argentina está formada por los que se  dedican a la agricultura familiar y de subsistencia.

Tristemente, éste último grupo no forma parte de las noticias cotidianas,  y son sistemáticamente soslayados por  los medios hegemónicos que se comportan como grandes  generadores de  opinión pública.  La agricultura familiar prácticamente no forma parte de la agenda mediática cotidiana, y es muy fácil poder comprobarlo chequeando a diario el temario informativo de los grandes medios referidos específicamente al sector agropecuario, como también a los  que son de temática más generalista.

¿Cuáles son las escalas rurales  contrastantes?

Sería muy extenso responder esta pregunta, si se considera cada aspecto delicadamente y con minucias. Sin embargo no hace falta mucho detalle para advertir, que el sector agropecuario extensivo, (típico de la llanura pampeana) se vale de herramientas, e insumos cuyo costos por unidad productiva, exceden por lejos, a lo que una familia del NOA podría utilizar en 30 años de agricultura de subsistencia.

No es propósito de ésta nota generar antinomias ni estigmatizaciones, sin embargo no se puede ignorar  que hay desigualdades muy fuertes en el sector rural. Quienes se quejan airadamente y tienen mayores medios periodísticos para hacerlo, son los que están comparativamente mejor dotados.

Los minifundistas que en muchos casos ni siquiera trabajan en tierras propias no corren con ventajas, sino todo lo contrario, y sin embargo en silencio salen a dar pelea de sol a sol, con un gran espíritu de positiva  dignidad.

Un modelo institucional que aporta esperanzas y ayuda concreta

Una excepción a la regla del “ninguneo” lo conforma el INTA, que  revaloriza y da aportes significativos para el desarrollo de los pequeños productores familiares.

Al menos hay una pequeña brisa esperanzadora para ellos, y para su progreso. Ya que ésta prestigiosa institución tiene puesta su mirada en las principales limitantes cotidianas que aquejan al sector y acciona mecanismos prácticos para luchar en contra de las mismas.

Aunque no salgan en los principales medios masivos de comunicación, hacen un “gran ruido silencioso”.

infografía-AGRICULTURA FAMILIAR

Representan al 65% de los productores argentinos, generan empleo genuino y son actores estratégicos en la producción de alimentos para el mercado interno. En el Año Internacional de la Agricultura Familiar, declarado por la ONU, es uno de los sectores priorizados en la política institucional del INTA.

Con una mirada territorial y participativa, el instituto impulsa el desarrollo de tecnologías apropiadas para este segmento, caracterizado por un escenario complejo donde conviven realidades tan diversas como sus intereses.

Las demandas asociadas con la tierra, el agua y la comercialización ocupan un lugar destacado en la agenda, pero no se agotan ahí.

Soluciones prácticas a los problemas del agua
Soluciones prácticas a los problemas del agua

Acceso al agua y a la tierra

El principal desafío para mejorar sus condiciones de vida es el agua. Más del 80% de las demandas de las comunidades rurales se refiere a su disponibilidad. Según Lucas Bilbao, del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF) NOA, los agricultores familiares “son mayoritarios en lugares marginales en cuanto a calidad de tierra, a infraestructura, a servicios y fundamentalmente a lo que es el acceso al agua”.

Agua en cantidad y calidad suficiente para  el uso  doméstico es lo que demanda  imperiosamente el sector rural más relegado de la Argentina. Por eso, el INTA genera y valida sistemas para el manejo integral de los recursos hídricos en cuanto a cantidad, calidad, acceso, distribución y sistemas adecuados para la AF (Agricultura familiar). Uno de los ejemplos mas contundentes lo constituyen, la obras como las que exhibe  el parque hídrico de Hornillos, en la provincia de  Jujuy.

IPAF NOA
IPAF NOA

En cuanto a la tierra, Gastón Godoy Garraza, del IPAF NOA, explicó que en las últimas décadas del siglo XX “se cimentaron las tendencias que elevaron las barreras económicas y sociales en el acceso de la AF a la tierra, incrementaron la competencia por su uso y sumaron dificultades para la permanencia y arraigo en sus lugares”.

Con el conocimiento de la situación actual y el agravante que representan las urbanizaciones y las fronteras agrícolas, el INTA contribuye con el diseño de políticas públicas para un desarrollo territorial sustentable. Por esta razón el 40% de los investigadores de los IPAF proviene de las ciencias sociales, incluido el derecho, entre otras ramas. –

Huerta ecológica
Huerta ecológica

Enfoque agroecológico

Mediante el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (Cipaf), el INTA ofrece soluciones amigables que se adaptan a cada lugar. La agroecología acerca al sector herramientas tecnológicas a su medida para manejar el sistema productivo con insumos propios.

De acuerdo con Gustavo Tito, director del INTA Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), se trata de “técnicas amigables con el ambiente que minimizan el uso de agroquímicos y en algunos casos ni los utilizan”. El técnico explicó que “la agroecología reconoce la experiencia del productor en el manejo del ambiente y de la producción misma y propone que el conocimiento popular se hibride con el conocimiento científico”.

El NEA y el AMBA son regiones pioneras en la materia y en todo el país hay un marcado incremento de estas experiencias.

Ferias comerciales formada por  grupos de pequeños productores
Ferias comerciales formada por grupos de pequeños productores

Ferias: del productor al consumidor

Aunque su impacto en la alimentación de los argentinos es evidente, “la AF tiene graves problemas de comercialización”, advirtió Sergio Dumrauf, del IPAF Región Pampeana.

En general, los mercados convencionales están concentrados en pocas manos. Dispersos y sin capacidad de negociación, los agricultores familiares enfrentan condiciones desventajosas en concepto de precios, tiempos y financiación, que pueden solventarse con empoderamiento y formalización de sus incipientes organizaciones.

Cuando se creó la Federación de Organizaciones Nucleadas de la Agricultura Familiar (Fonaf), una de las principales necesidades era mejorar las condiciones de venta. En una época de crisis económica, alrededor de 1995, surgieron las ferias francas y se mantuvieron como una característica propia del sector. Allí, productores y consumidores se encuentran en forma directa y evitan la mayor parte de las etapas de intermediación, donde es retenida una parte importante de la renta.

Con el apoyo de organismos del Estado, hoy hay más de 300 ferias permanentes en todo el país.

Innovación que incluye a todos

En las últimas décadas, gran parte de los desarrollos públicos y privados apuntaron a la agricultura empresarial y poco se conocía del sector de la AF. Sin embargo, un desarrollo económico sustentable requiere democratizar el acceso a los avances científicos y tecnológicos, en especial cuando resuelve problemas prioritarios para uno de los segmentos que genera más empleos genuinos.

Actualmente se trata de adecuar herramientas y diseñar innovaciones o tecnologías apropiadas, en respuesta a problemas productivos y sociales característicos de una región. Junto a organismos públicos y privados, centros de investigación, asociaciones e instituciones, el INTA acerca soluciones que dignifican la vida y el trabajo de los agricultores familiares y mejoran sus niveles de productividad.

En el último encuentro de máquinas y herramientas para la AF, a fines del 2012 con apoyo de los ministerios de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y de Desarrollo Social, se exhibieron en Buenos Aires más de 70 pymes metalmecánicas de todo el país.  La muestra contó  con tecnologías apropiadas y 40 prototipos diseñados a partir de vinculaciones institucionales con universidades.

Además hace dos años, una veintena de pymes metalmecánicas conformaron la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinarias para la Agricultura Familiar (Camaf), que hoy reúne el doble de pequeñas y medianas empresas que desarrollan tecnologías para este sector.

Energía alternativa solar fotovoltaica
Energía alternativa solar fotovoltaica

Energías alternativas y sustentables

Según Sergio Justianovich, del IPAF Región Pampeana, “más allá del sector de la AF, hay un contexto mundial de escasez de recursos”. Para el técnico, “la matriz sobre la cual está montado todo el sistema social y productivo depende de los recursos fósiles”. En particular, los agricultores familiares viven y trabajan en lugares sin acceso a los tendidos eléctricos o de gas, con alta dependencia de los combustibles.

“En ese contexto, desde el INTA se piensa y se trabaja sobre el tema de las energías renovables ya que, además de reemplazar la matriz energética y ser más sustentables, se convierten en una oportunidad para proveer de energía a las familias que están en estos contextos más aislados”, dijo Justianovich.

En la Argentina hay reconocidas experiencias vinculadas al desarrollo de tecnologías para generar energía eólica, hidráulica, solar fotovoltaica, solar térmica y eléctrica, cuya aplicabilidad para la AF es promovida por el INTA.