Tarjetas de crédito: “arma de doble filo”

Los argentinos terminaron su “luna de miel” con las tarjetas de crédito. Hay una relación amor odio. Te necesito, pero no te quiero

La gente tiene bien en claro que usar las tarjetas y endeudarse a través de ellas es necesario pero no deseable. Hoy la gente sabe que la situación está mal, pero a diferencia de otras crisis, piensa que puede estar mejor, es optimista. La realidad me aprieta pero soy optimista, me aprietan pero soy optimista.

A la hora de buscar fondeo los argentinos usan Internet para buscar y comparar productos, pero sobre el final sienten todavía la necesidad de ser atendido en una sucursal para cerrar una decisión.

Hay limitantes racionales a la hora de endeudarse, hay miedo a que la inflación y la inestabilidad laboral impidan pagar la cuota, pero también hay un impulsor emocional que es la necesidad de sentir que se puede seguir creciendo.

La mayor parte de la clase media está endeudada. En un relevamiento hecho por una importante consultora -D’Alessio Irol- , el 68% dijo estar endeudado y un 32% no.

A partir de los primeros días de junio, aumentaron las tasas de las tarjetas de crédito por el hecho de que la política monetaria del Banco Central de la República Argentina (BCRA) en el mes de mayo subió su tasa de referencia al 40% anual, con lo cual encareció todas las tasas del mercado.

Por el lado de las tarjetas de crédito, el promedio de tasas nominales anuales (entre las tarjetas nacionales y provinciales) es de aproximadamente un 70% anual y con el aumento del mes de junio podrían subir en promedio a un valor de 85% anual.

Esto hace “muy caro” financiarse con este medio, ya que si sumamos los costos financieros totales (tasas de interés, seguro de vida, costos operativos, gastos administrativos, envío de resumen, etcétera) podrían trepar al 150% anual, y entonces la situación es mucho más delicada de lo que parece. Teniendo en cuenta que en promedio por familia se calcula que poseen tres tarjetas de crédito de distintas entidades bancarias o financieras, lo “caro” puede transformarse en “peligroso” para el presupuesto familiar.

Por eso es recomendable, dentro de lo posible, utilizar una sola tarjeta, tratar de disminuir los consumos con las mismas y por sobre todas las cosas, evitar el pago mínimo.

En principio cada entidad tiene su propia forma de cálculo, pero el pago mínimo representa aproximadamente el 5% del saldo de deuda y la totalidad de todos los gastos no financiables, como los costos administrativos o cuotas anuales, intereses, cargos por mora, comisiones, impuestos, adelantos en efectivo y las cuotas de las compras. Por lo que abonando el pago mínimo cada 30 días, la deuda original no se reducirá. Al contrario seguirá aumentando.

Es por ello que dado el contexto de la economía argentina actual, hay que limitar al máximo el uso de la tarjeta de crédito y en lo posible evitar el pago mínimo.

Además, se debe controlar muy bien lo que se está abonando cuando llega el resumen de las tarjetas de crédito al domicilio, ver qué gastos estoy pagando, qué me están cobrando. Si bien todo esto debería ser conocido por el tenedor de tarjetas, muchas veces se desconocen estos datos.