Venezuela y Rusia: evidencias de un mundo en llamas

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El olor a incertidumbre, polarización, angustia y muerte se arrastran por las calles de Caracas. Los venezolanos se ven asfixiados por la escasez de alimentos y medicinas, y una brutal inflación golpea los bolsillos y estruja los estómagos. Los brotes de violencia urbana dejan estupefactos a la comunidad internacional. México recomienda no viajar a Venezuela por la situación compleja que atraviesa el país petrolero. “El nivel de inseguridad es elevado, particularmente en las grandes ciudades”, dijo en un comunicado la Secretaría de Relaciones Exteriores. Y recomendó que los mexicanos no participen de las manifestaciones.

Al caer el día en Venezuela, después de celebrarse la Asamblea Constituyente, el presidente Nicolás Maduro, metido de lleno en el ánimo revolucionario, arremetió públicamente contra la oposición expresando: “algunos terminarán en la cárcel, otros en el psiquiátrico”. El presidente venezolano Nicolás Maduro celebró los resultados de la Asamblea Nacional Constituyente, donde votaron 8 millones de personas, y no ahorró críticas contra la oposición:”Vamos por los ladrones y por la burguesía parasitaria”. “Hay que poner orden”, gritó Maduro ante una multitud que lo ovacionó. El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, desconoció los resultados, expresando “el proceso realizado ayer es absolutamente nulo, dado que la elección de la Asamblea Constituyente se llevó a cabo masacrando los principios básicos de la transparencia, neutralidad y universalidad que deben caracterizar comicios libres y confiables”. En las calles se ven pies descalzos aferrándose a la nada y se percibe la impotencia de los padres, por no poder explicarles a sus hijos qué está pasando con la revolución. Algunos putean en voz baja para que sus hijos no los escuchen, con una sensación de fracaso que provoca un fuerte dolor en su pecho.

La convocatoria de Maduro a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente es una clara estrategia para perpetuarse en el poder. La alternancia, medicina vital para la salud de la democracia, parece que no tendrá una pista apta para hacer escala en Venezuela. El retiro de embajadores es una señal de repudio que algunos Estados decidieron darle a Maduro, que merece atención. La elección dejó un saldo de 16 muertos, y el nivel de violencia es espeluznante. Algunos temen un estallido similar al Bogotazo de 1948. El comicio no tuvo observadores internacionales y los para-policiales motorizados fueron protagonistas. Gases lacrimógenos, manifestantes y choques entre facciones ideológicamente opuestas, también fueron postales de la jornada.

La Venezuela de Chávez inició siendo una “democradura” –por el elevado grado de legitimidad–, luego mutó a una “dictablanda” y hoy Maduro la convirtió en una “dictadura”, porque al suprimirse el poder legislativo se rompió la institucionalidad y el respeto por la división de poderes, que caracterizan a una República. Existen argumentos disímiles para intentar explicar la situación que atraviesa el país caribeño. Los defensores del régimen de Maduro lo atribuyen a una operación de “Soft Power” de los Estados Unidos para eliminar uno de los bastiones más hostiles a su liderazgo en el plano continental. En esta línea, la intromisión en los asuntos internos de Venezuela, con el pretexto de garantizar la democracia –un valor netamente occidental, como lo es también el libre comercio– sería una excusa para enmascarar los intereses geopolíticos y geoeconómicos de la superpotencia liderada por Donald Trump. De acuerdo con datos del Stockholm International Peace Research Institute, Estados Unidos destina anualmente 596 mil millones de dólares al gasto militar (lo siguen China con 215 mil millones dólares; Arabia con 87 mil millones de dólares; Rusia con 66 mil millones de dólares, y el Reino Unido con 55 mil millones). Se estima que el gasto militar total estadounidense, de aproximadamente US$600.000 millones, es mayor que el presupuesto militar combinado de las 8 naciones que le siguen en recursos bélicos.

Venezuela es el único país latinoamericano miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), creada en 1960 en Bagdad, capital de Irak. La importancia geoestratégica de Venezuela radica, como bien lo expuso en un informe la  cadena CNN Español, en que es el quinto exportador de crudo del mundo y es el país con mayores reservas de “oro negro” del planeta (aunque que es de baja calidad). El dato es que esta riqueza potencial, en dos o tres décadas, bajará su valor porque las energías renovables (solar y eólica, por ejemplo) irán reduciendo el protagonismo del petróleo como recurso estrella. Dicho esto, es innegable que en el país caribeño, como en todos los rincones del mundo, hay poderosos que se disfrazan y pasan desapercibidos para maximizar sus beneficios.

Existe otra perspectiva que atribuye la crisis de Venezuela a la dependencia exclusiva de los precios del petróleo, a la falta de diversificación de actividades productivas y a la incapacidad de quienes tuvieron la tarea de dirigir las empresas estatizadas. Pero lo triste, es que en el medio de los argumentos netamente ideológicos, está la gente. Son las personas que ven cómo la brecha entre lo soñado y la realidad, crece día a día. Los venezolanos piensan y viven en verbo presente, porque muchos ya no tienen en claro de dónde vienen y la palabra “futuro” ya no es un término que empleen cotidianamente porque tiene sabor a  congoja. Las nubes de inseguridad que sobrevuela Venezuela, dificulta vislumbrar una pronta salida pacífica.

La Argentina se sumó a un grupo de países –entre los que están Brasil, México, Perú, Colombia, Costa Rica y Panamá– que anunciaron que no reconocerán el resultado de las elecciones desarrolladas de forma unilateral por el oficialismo venezolano para imponer una reforma constitucional. “La elección no respeta la voluntad de más de siete millones de ciudadanos venezolanos que se pronunciaron en contra de su realización. La Argentina no reconocerá los resultados de esa elección ilegal”, dijo en un comunicado la Cancillería de la República Argentina.

Estados Unidos no se mantuvo al margen de la cuestión. En los últimos días, el Gobierno de Donald Trump les ordenó a los familiares de diplomáticos estadounidenses abandonar Venezuela y tras las elecciones, anunció sanciones. La Unión Europea podría proceder del mismo modo. Diversas fuentes advierten que el 70% de lo que consumen los venezolanos proviene del exterior, mientras que las exportaciones de petróleo son responsables del 96% de la generación de divisas del país caribeño. Estados Unidos es el principal comprador de hidrocarburos venezolanos (con importaciones de 800.000 barriles diarios sobre una producción de 1,9 millones). Pero también le vende importantes cargamentos de petróleo refinado que Venezuela necesita para su mercado doméstico. Por lo pronto se prepara una cumbre diplomática en la región para analizar la crisis de Venezuela ya que esta situación pone en riesgo la seguridad de la región. Las fronteras con Colombia evidencian el paso de personas que huyen de Venezuela y buscan refugio en el país gobernado por Juan Manuel Santos. Es dable observar un mar de piernas yendo de la nada hacia lo incierto. Así, los trabajadores sin trabajo y los caminantes en búsqueda de esperanza, emigran a Colombia.

Con otra perspectiva, el presidente de Bolivia, Evo Morales, criticó los anuncios de Colombia, México y Panamá y los acusó de ser sumisos a Estados Unidos. Los efectos de Venezuela ya traspasaron las fronteras nacionales y el equipo de Trump analiza los costos y beneficios de influir en esa crisis. Si Washington actúa contra Caracas produciendo un ahogo comercial, esto agravará la situación humanitaria y le otorgaría a Maduro, una excusa ideal para radicalizarse. La amenaza externa imperialista podría contribuir a la fusión y exaltación de un sector del pueblo venezolano. Esto, lejos de mejorar el clima reinante, lo enardecería.

América Latina no es el único sitio que le presenta adversidades a Trump. En Eurasia, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció que expulsará a 755 funcionarios estadounidenses, equivalentes a dos tercios del cuerpo diplomático de Washington en Moscú. Esto aconteció luego de que el líder norteamericano Donald Trump dijo que “tiene intención” de sancionar a su país. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia informó que Estados Unidos tiene hasta el 1° de septiembre para acatar la orden. Además, agregó que el personal de la embajada y el consulado estadounidenses no puede pasar de 455 empleados. El constante y creciente deterioro de las relaciones de seguridad entre Estados Unidos y Rusia, constituyen una alerta que no debe obviarse. Hace unos meses el  Ministro de Defensa eslavo advirtió el inicio de una nueva Guerra Fría. Esto amerita una aclaración técnica. En la actualidad, las guerras tradicionales han cedido su protagonismo a otras formas de conflicto armado. Es cierto que las disputas geopolíticas por el acceso o el control de recursos naturales estratégicos generan probabilidades de fricciones internacionales, pero es imperioso expresar que las guerras tradicionales y los conflictos armados asimétricos, protagonizados parcial o totalmente por actores no estatales, no se detendrán. Hay muchos intereses en juego y pocos deseos de ceder en beneficio de la paz mundial.

Frente al gesto de Putin de expulsar a los diplomáticos de Trump del suelo ruso, Estados Unidos emitió un comunicado en el que explicó: “Es un acto lamentable e injustificado. Estamos evaluando el impacto de esta limitación y cómo responderemos”. Según indicó el mandatario, Rusia está abierta a cooperar con Estados Unidos en varios temas, entre ellos el terrorismo y los delitos informáticos, pero en vez de eso “sólo escucha acusaciones sin fundamentos sobre intromisiones en asuntos internos estadounidenses”.

Resulta interesante reflexionar sobre Venezuela y Rusia a la luz de conceptos de dos politólogos que dejaron sus marcas en el mundo: Nicolás Maquiavelo y Hans Morgenthau. Ambos comparten el pesimismo antropológico, esto es, su concepción negativa sobre la esencia  del ser humano. A Hans Morgenthau se lo ha denominado como el padre del estudio científico de la política internacional y los principios de su teoría realista bien podrían considerarse como una aplicación contemporánea del “realismo” de Maquiavelo en el plano mundial. Maquiavelo en su obra “El Príncipe”, exhibe una sociedad sin caretas y expone al poder político. Hans Morgenthau, judío alemán exiliado en los Estados Unidos desde tiempos de la Segunda Guerra Mundial, introdujo los conceptos “interés” definido en términos de poder, y  “racionalidad” de la política internacional. En el primer principio del realismo político, de los seis que enumera Morgenthau, se define la posibilidad de formular leyes en el campo de la política internacional en tanto se postula que la política, al igual que toda la sociedad, obedece a leyes objetivas que arraigan en la naturaleza humana. Esto sigue la línea de pensamiento de Maquiavelo para quien “los hombres obran el mal a menos que la necesidad los obligue a obrar el bien”. La escuela idealista de las relaciones internacionales cada día encuentra más dificultades para explicar los fenómenos sociales contemporáneos. Es preciso diferenciar entre el “ser” y el “deber ser” en la política internacional. La conducta de Maduro y los movimientos que efectúan los diversos actores en el tablero global se pueden entender, un poco mejor, con los conceptos esgrimidos por los pensadores mencionados.

En estos días los conflictos de Corea del Norte, Siria, China, Rusia y Venezuela, evidencian que el mundo lejos de caminar hacia una coexistencia pacífica, deambula hacia un destino en llamas. Ojalá, que el odio del mundo no replique el horror que padeció la población civil de Guernica en abril de 1937 –en el país vasco, durante la Guerra Civil Española– y que la violencia sea reemplazada por un estallido, pero de ideas nuevas y superadoras para la humanidad.